La importancia del sacramento de la Reconciliación

Para qué sirve?

Este sacramento obtiene de la misericordia de Dios, el perdón de los pecados cometidos contra El y, al mismo tiempo, nos reconcilia con la Iglesia, a la que hemos ofendido con los pecados cometidos (Catecismo 1422).

¿Por qué tiene tantos nombres?

A este sacramento se le ha llamado de diversas maneras: sacramento de la conversión, de la penitencia, de la confesión, del perdón y de reconciliación. Cada uno de estos nombres nos enseña una realidad del sacramento:

· sin conversión no tiene sentido su práctica;

· la penitencia evoca un proceso de cambio personal;

· la confesión de los pecados a un sacerdote como ministro de Dios, hace relación a las dos fuerzas que se viven en el sacramento: la contrición del penitente por el arrepentimiento, el propósito de no pecar y la satisfacción; y por otro lado, la absolución del sacerdote que actuando «in persona Christi» completa el sacramento total de reconciliación;

· el perdón es lo que se recibe con la absolución sacramental;

· la reconciliación es el fruto final de todo este proceso, pues a través de este sacramento nos podemos considerar unidos nuevamente a Cristo Jesús.

¿Por qué ir con un Sacerdote? (Catecismo 1440 – 1445)

El pecado es, ante todo, ofensa a Dios, ruptura de la comunión con él. Al mismo tiempo, atenta contra la comunión con la Iglesia. Por eso la conversión implica a la vez el perdón de Dios y la reconciliación con la Iglesia, que es lo que expresa y realiza litúrgicamente el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación (LG 11).

Sólo Dios perdona el pecado

Sólo Dios perdona los pecados (cf Mc 2,7). Porque Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo: «El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra» (Mc 2,10) y ejerce ese poder divino: «Tus pecados están perdonados» (Mc 2,5; Lc 7,48). Más aún, en virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres para que lo ejerzan en su nombre. “Reciban al Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengan, Dios se los retendrá.” (Jn 20,21-23)

Cristo comparte este don a través del ministerio de la Iglesia

Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico, que está encargado del «ministerio de la reconciliación» (2 Cor 5,18). El apóstol es enviado «en nombre de Cristo», y «es Dios mismo» quien, a través de él, exhorta y suplica: «Dejaos reconciliar con Dios» (2 Co 5,20).

Así, en este sacramentos el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador.

¿Cada cuando me tengo que confesar?

«Todo fiel que haya llegado al uso de razón, está obligado a confesar fielmente sus pecados graves al menos una vez al año.» (CIC 989) Pero es de alabarse que cuando exista pecado grave, se acuda lo más pronto posible al sacramento de la reconciliación para restablecer la unión con Dios.

¿Puedo comulgar antes de confesarme?

Si no se tiene pecados mortales o graves, se puede y se debe comulgar. Si existiera un pecado mortal, nunca se puede comulgar antes confesarse. Por eso cuando alguien está en pecado mortal, debe buscar pronto la confesión, pues no tiene sentido asistir a misa sin participar en la comunión.

¿Es lo mismo la Dirección Espiritual y la Confesión?

No es lo mismo.

La Confesión es el sacramento en el que se recibe el perdón de los pecados,
y para ello quien se va a confesar debe de realizar un examen de conciencia
sincero para poder enunciar cada uno de sus pecados con claridad y arrepentimiento.
Así lo expresa el Derecho Canónico: «El fiel está obligado a confesar según su especie
y número todos los pecados graves cometidos después del bautismo y aún no perdonados,
de los cuales tenga conciencia después de un examen diligente.» para que sean
perdonados con la oración de absolución.
La Dirección Espiritual, es la guía de las almas en su camino de identificación con Cristo. Esta guía, debe distinguirse de la confesión y de ejercerse en momentos distintos. Por eso cuando un fiel tenga dudas acerca de alguna situación particular, es mejor que busque acercarse al sacerdote fuera del momento de la confesión, para no importunar a los demás fieles que buscan la confesión.

¿ Cuáles son los Pasos para una buena confesión?

1-. Examen de conciencia: Esfuerzo sincero de recordar todos y cada uno de los pecados.

2-. Dolor de los pecados: Reconocer que se ha ofendido a Dios que nos ama tanto.

3-. Propósito de no volver a pecar: La simple y sincera determinación de no volver a pecar por amor a Dios.

4.- Decir los pecados al Sacerdote: De una manera concisa, concreta, clara, completa y número de veces.

5.- Cumplir la penitencia: Con humildad y dolor en desagravio, reparación y satisfacción de la culpa contraída.

¿Cómo puedo hacer un buen examen de conciencia?

El pecado busca esconderse, aún ante la mirada de nuestra misma conciencia. Con el examen de conciencia nos abrimos a la luz de la Verdad: vemos nuestra condición de pecadores y comprobamos la maldad y malicia y el número de nuestros pecados. Nos juzgamos para manifestarnos al Señor. Es oportuno comenzar con el examen de conciencia con una breve oración para implorar el auxilio del Espíritu Santo.

(Al final se incluye un examen de conciencia)

¿Qué es el Pecado? (Catecismo 1849 – 1851)

· El pecado es una falta contra la razón, contra la verdad, y contra la conciencia recta; es un faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes.

· En primero lugar, el pecado hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana.

· En segundo lugar, el pecado es una ofensa a Dios: El pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de él nuestros corazones.

¿Qué pecados tengo que confesar? (Catecismo 1455 – 1458)

· Según el mandamiento de la Iglesia «todo fiel llegado a la edad del uso de razón debe confesar al menos una vez la año, los pecados graves de que tiene conciencia» (CIC 989).

· Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia (CIC 988,2). En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu.

¿Qué pecados son graves y cuáles veniales? (Catecismo 1854 – 1864)

Conviene valorar los pecados según su gravedad. La distinción entre pecado mortal y venial, perceptible ya en la Escritura (cf. 1 Jn 5,16-17; “Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y le dará vida – a los que cometan pecados que no son de muerte pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida.”) se ha impuesto en la tradición de la Iglesia.

Pecado mortal

El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción grave de la ley de Dios; aparta al hombre de Dios. El pecado mortal es una posibilidad radical de la libertad humana contra el amor. Entraña la pérdida de la caridad y la privación del estado de gracia.

Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones: «Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, además, es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento».

La materia grave es precisada por los Diez mandamientos según la respuesta de Jesús al joven rico: «No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre» (Mc 10,19).

El pecado mortal requiere plena conciencia y entero consentimiento. Presupone el conocimiento del carácter pecaminoso del acto, de su oposición a la Ley de Dios. Implica también un consentimiento suficientemente deliberado para ser una elección personal.

La ignorancia involuntaria puede disminuir, si no excusar, la imputabilidad de una falta grave, pero se supone que nadie ignora los principios de la ley moral que están inscritos en la conciencia de todo hombre. Los impulsos de la sensibilidad, las pasiones pueden igualmente reducir el carácter voluntario y libre de la falta, lo mismo que las presiones exteriores o los trastornos patológicos.

El Pecado Venial

El pecado venial deja subsistir la caridad, aunque la ofende y la hiere.

Se comete un pecado venial cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece a la ley moral en materia grave pero sin pleno conocimiento y sin entero consentimiento.

El pecado venial deliberado, que permanece sin arrepentimiento, nos dispone poco a poco a cometer el pecado mortal. No obstante, el pecado venial no rompe la Alianza con Dios. Es humanamente reparable con la gracia de Dios.

¿Qué pecado jamás se perdona?

«Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada» (Mc 3,29; Lc 12,10). No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo (DV 46).

Tomado de http://www.reflexiones.org

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