†  TODO SOBRE PARROQUIA DE SAN ANTONIO DE PADUA †

 

 

¡Hola a todos/as!

El blog parroquial de San Antonio de Padua, en el Puerto de La Cruz, se une al de la parroquia de Ntra. Sra. de Guadalupe, en Los Realejos, y quiere ofrecerte la posibilidad de encontrar en esta herramienta la oportunidad de disfrutar de una comunidad parroquial que es fiel relflejo de la llamada del Señor de buscar nuevos aerópagos en los que anunciar el Evangelio.

Disfruta de la difusión del trabajo que a diario se publique en este emblemático espacio, desde el equipo de administración del blog parroquial.

¡Esperamos que se acerquen a disfrutar de la comunidad parroquial de San Antonio!

Equipo del blog San Antonio de Padua

 

Horarios

   Misas

  • Lunes y Miércoles a las 6:30 de la tarde.
  • Sabados a las 5:30 de la tarde.
  • Domigos a las 6:30 de la tarde.

   Confesiones

Todos los Miércoles, de 7 a 8 de la tarde.

   Visita a los enfermos

Los Últimos Lunes del mes, de 4 a 6 de la tarde.

   Despacho parroquial

  • Lunes: de 5 a 6 de la tarde. Para localizar al párroco pueden llamar al 690 806 613
  • Martes: de 8 a 10 de la noche en Ntra. Sra. de Guadalupe (Toscal-Longera)

   Consejo parroquial

Los Últimos Lunes del mes, al acabar la Misa.

   Catequesis

Formación Interparroquial de Catequistas: Conforme al plannig entregado al principio de curso.

   Lecturas

Las harán personas variadas (los sábados y domingos, los niños de catequesis).

   Colectas

Los Segundos Sábados y Domingos del mes. El cincuenta por ciento de lo recaudado al mes en las colectas, se destinará al pago de las obras y mejoras a realizar en el consejo parroquial.

   Limpieza y ornato

Según la lista colocada en el tablón de anuncios de la Sacristía.

   Obras y reparaciones

Mejorar el muro del salón de los tronos, salón de catequesis en la 1ª planta y pequeñas reparaciones en el exterior e interior del edificio.

   Rezo del santo rosario

30 minutos antes del comienzo de la Misa.

 

Grupos parroquiales

   Ministerio de música

Juanmi al órgano: ensayos los Miércoles y Domingos después de Misa.

   Renovación carismática

Reuniones: los Lunes, al terminar la Misa.

   Hermandad del Santísimo

Reunión formativa interparroquial conforme al plannig que se entrega.

   Exposición del Santísimo

Los Miércoles, de 5 a 6 de la tarde.

   Legión de María

Reuniones: los Martes, de 5 a 6 de la tarde.

Logo parroquial

En este es logo que representa a la parroquia de San Antonio de Padua en el Puerto de la Cruz, se pueden apreciar distintos símbolos:

La “S” es de SANTO o de SAN

La “A” es de Antonio

La “SANTÍSIMA CRUZ” representa de la pasión de Cristo, que pagó con su Sangre Preciosa (Sin Mancha Ni Arruga) por los pecados de toda la humanidad en una Cruz, aquella que que sirvió a Dios de instrumento para abrir las puertas del Reino de los Cielos a todos aquellos que quieren ser ser liberados de la esclavitud en el pecado y se someten a la Voluntad del Padre Celestial. La misma Cruz SANTA, SANTA, SANTA por la que el Señor lloró al ver cuántos son aquellos que la detestan.

Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden;
mas PARA LOS QUE SE SALVAN, NOSOTROS,
ES FUERZA DE DIOS. (1ª Co. 1, 18)

El que no toma su cruz y Me sigue,
no es digno de Mí. (Mt 10, 38)

En el logo se pueden apreciar dos imágenes, un adulto con un Niño:

La imagen de la persona adulta es San Antonio de Padua, un gran santo.

La imagen del Niño, es el Niño Jesús, el Unigénito Hijo de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Santo de los Santos, el Alfa y la Omega, Señor de Señores y Rey de Reyes, el Primero y el Último, el Redentor, el Salvador, el Mesías, la Sabiduría, la Luz de los hombres, La Gracia Divina, el Creador, el Lucero de la Mañana, el Verbo de Dios, la imagen del Dios Invisible, el Dios Verdadero, el Príncipe de la Paz, la Vida Eterna, la Divina Misericordia y en resumen nuestra Única Esperanza, nuestro Todo.

Jesús, como es Todopoderoso y es completamente Dios y completamente Hombre a la vez, con cuerpo de Niño permitía que San Antonio de Padua le tomara en sus brazos, ya que San Antonio amaba con toda su alma al Niño Jesús y lo amará para siempre.

 

Contacto

   e-mail

parroquiasanantoniodepadua.wp@gmail.com

   Archivo y despacho parroquial

Lunes de5 -6 y de 7- 8 de la noche o llamando al 690 80 66 13

   Móvil del párroco 

690 80 66 13 (puede dejar mensaje)

   Teléfono de la Parroquia

922 374 822

   Dirección

Plaza del Tajinaste nº 1, Barrio San Antonio

CP 38400, Puerto de la Cruz.

Historia parroquial

La Parroquia de San Antonio de Padua, sita en el barrio  de San Antonio, término municipal de Puerto de la Cruz, fue creada el 14 de Mayo de 1963, según  se desprende de los Boletines Oficiales del Obispado, siendo Obispo de la Diócesis Monseñor Dr. Don Luis Franco Cascon; lleva el número 183 de  Parroquia y pertenece  al Arciprestazgo de la Orotava,Diócesis de San Cristobal  de la Laguna, Tenerife.

Con anterioridad a la fecha de la nueva creación de la Parroquia, los oficios religiosos se celebraban en la Capilla de San Antonio, ubicada en la finca “Tolosa” que fué propiedad de la Familia Tolosa- Seris Granier, que estuvo adscrita a la Parroquia de Ntra.  Sra. de Candelaria en el barrio de la Vera de  esta Ciudad y estuvo abierta al culto hasta el año 1992. La citada Ermita de San Antonio, forma hoy parte del Patrimonio Histórico Artístico de la ciudad de Puerto de la Cruz.

Actualmente se realizan obras de reparación en su  interior por cuenta de la Cosejalía encargada del Patrimonio de la ciudad.

En el año 1982, el Ayuntamiento de la ciudad, siendo Alcalde-Presidente de la Corporación, Don Fëlix Real González, y Cura- encargado, Don Pedro González Mesa, cede gratuitamente ala Diócesis de Tenerife, una parcela enclavada en el barrio de San Antonio a los fines de edificar en ella un Templo parroquial para cubrir las necesidades de los fieles del barrio y aledaños.

A principios del año1989, dan comienzo las obras del Templo y sus departamentos anejos, conforme el proyecto redactado por los Arquitectos de esta ciudad, Don Antonio Martín Rivero. el edificio y sus instalaciones fue construido con la ayuda de todos los vecinos del barrio de San Antonio, quienes recababan fondos necesarios para sufragar los importes de los materiales, haciendo sorteos de automóviles, ó de enseres domésticos, cuyos boletos para participar eran distribuidos y vendidos por los diferentes pueblos del valle. Se organizaron ventorrillos en las fiestas, y también fuera de ellas; todo con el fin de obtener fondos necesarios para  la realización del proyecto. Hay que destacar que de una manera especial que la malloria de los trabajos de albañilería e instalaciones fueron realizados. de forma gratuita, por vecinos del barrio.También colaboró aportando materiales, transporte y mano de obra, el Ayuntamiento de la ciudad.

(Nota: creo que hubo aportaciones del Obispado)

Ya en el año 1992, se acaban las obras y se inaugura el Templo, siendo Párrocos Don Andres Gónzalez Plata y Don Antonio Murillo Benítez

El día 5 de Febrero de 1993 se celebra en el nuevo Templo de San Antonio  de Padua, el primer enlace  matrimonial entre. Don Antonio Gonzalez y Morales  y Doña María Consuelo Páez y González. Oficia  el Pärroco  Don Antonio Murillo Benítez.

Ha contado con cuatro Párrocos hasta la actualidad:

  • Don Pedro González  Mesa, hasta el 08 de Septiembre de 1985; tambien el mismo Don Pedro Gonzzález Mesa, como Cura -Párroco, del 17 de Noviembre hasta el 26 de Abril de 1992.
  • Don Andrés González Plata y Don Antonio Murillo Benítez, del 25 de Octubre de 1992 hasta el 07 de Diciembre de 1997.
  • Don Miguel Dévora hernández, desde el 18 de enero  de 1988 hasta el 16 de Agosto de 2009.
  • Don Gabiel Benítez Pérez, incorporado a la Parróquia el día 30 de Agosto de 2009.

Dispone de las siguientes imágenes:

  • San Antonio de Padua, (Belloso) Patrono del barrio de San Antonio; fue adquirida conlos fondos de la Parróquia.
  • Virgen de la Salud, (de Candelero) Co-Patrona del barrio de San Antonio.(Grupo Jorge?? )
  • Cristo de la Buena Muerte, adquirido con fondos de la Parroquia.
  • Virgen de los Dolores, (de candelero). (Crupo Jorge y Lolo ?? )
  • Virgen del Carmen, (yeso) donada por Doña Guillermina, vecina de la Comunidad.
  • Inmaculada Concepción, (yeso) donada por Doña Mª Concepción garcía Pérez, vecina de la Comunidad.
  • Santa Rita, (yeso) donada por Doña Guillermina García Pérez, vecina de la Comunidad.
  • Sagrado Corazón de Jesús, (pasta de madera) donado por  Doña Ana y Don Luis, vecinos de la comunidad.

Capilla San Antonio de Padua


Templo de San Antonio de Padua Y
Ntra. Sra. de la Salud


Nuestra Parroquia tiene varios grupos

  • Venerable Hermandad del Santísimo –actualmente 52 miembros–
  • Catequistas: Inicial, Pre-Cominión, Primera comunión, Post-Cominón y Confirmación
  • Padres y mayores
  • Liturgia
  • Renovación Carismática
  • Sgdo. Corazón de Jesús
  • Legión de María
  • Visitadoras de enfermos
  • Coordinación de Áreas Parroquiales
  • Coro
  • Economía
  • Sacristanía
  • Limpieza

ANTONIO DE PADUA
Fiesta: 13 de junio
Fraile franciscano, Doctor de la Iglesia
(1195-1231)

Su Vida


Los años en PortugalLa catedral de Lisboa, donde nació San Antonio

San Antonio nació en Lisboa, en Portugal, en el año 1195. Una tradición barroca indica la fecha del 15 de agosto como probable. Era hijo de los nobles Martín de Bulhoes y María Taveira; su casa estaba a pocos metros de la catedral. En la pila bautismal de dicha catedral le fue puesto el nombre de Fernando.

Pero fueron sobre todo la mediocridad moral, la superficialidad y la corrupción de la sociedad, las cosas que lo empujaron a entrar en el monasterio de São Vicente, fuera de las murallas de Lisboa, para vivir el ideal evangélico sin compromisos.Los primeros años de formación los pasó bajo la culta guía de los canónigos de la Catedral. Entre sus compañeros de estudios había ya algunos chicos orientados hacia la elección del sacerdocio. Seguramente nació aquí la aspiración del joven Fernando de escoger el servicio sacerdotal.

Fue acogido por una comunidad de canónigos regulares de San Agustín.

Entre los agustinos

En São Vicente se quedó durante unos dos años. Después, molesto por las continuas visitas de los amigos, con los que ya no tenía nada en común,pidió que lo trasladaran a otro lugar, siempre dentro de la Orden agustiniana. Antonio afrontaba de esta forma su primer gran viaje, unos 230 kilómetros, los que separan Lisboa deCoimbra, en aquel entonces capital de Portugal.

Ya por carácter se nos presenta como un hombre apartado, celoso de su secreto, cerrado en sus cosas de trabajo que le dejaban poco tiempo libre. Se convirtió, por libre elección, en un hombre sin ambiciones sociales; reacio a cualquier tipo de ostentación y exhibición de sí mismo y de sus dotes,desconfiado de las polémicas, indiferente a las exterioridades de cualquier tipo, a excepción de cuando lo tenía que hacer por deber del testimonio evangélico.Fernando tenía 17 años. Llegaba a un ambiente donde tenía que convivir con una comunidad numerosa de unos 70 miembros durante 8 años, de 1212 a 1220.
Fueron años importantísimos para la formación humana e intelectual del Santo, que podía confiar en sus buenos maestros y en una rica y actualizada biblioteca.

Trevisan, San Antonio agustinoFernando si dedicó completamente al estudio de las ciencias humanas y teológicas, también para alejarse de las tensiones que atravesaba la comunidad religiosa. Los años transcurridos en Santa Cruz de Coimbra dejaron una huella profunda en la fisonomía psicológica y en el perfil existencial del futuro apóstol.

De Coimbra salió hecho un hombre maduro. Su cultura teológica, nutrida por la Biblia y la tradición patrística, había llegado a un punto definitivo.Fernando sacerdote

En Santa Cruz Fernando fue ordenado sacerdote; la ordenación le fue conferida en la canónica de Santa Cruz de Coimbra, probablemente en 1220. Para el joven Fernando se desatendió la norma eclesiástica que fijaba en un mínimo de 30 años la edad para tener acceso al sacerdocio.

 

La elección franciscana

Signo de sangre

Hacia finales del verano de 1220 Fernando pidió y obtuvo poder dejar los Canónigos regulares de San Agustín para poder abrazar el ideal franciscano. No es seguro que conociera personalmente a los primeros franciscanos que llegaron a tierras lusas. Pero es seguro que oyó hablar de ellos, y quedo en seguida fascinado.

Sobre todo cuando llegaron los restos mortales de sus mártires, recogidos por los cristianos en dos cofres de plata y llevados por el Infante Pedro y su séquito hasta Ceuta, y de allí transportados a Algeciras, después a Sevilla y finalmente trasladados a Coimbra, donde fueron colocados en la iglesia de los agustinos de Santa Cruz (en la que todavía hoy se encuentran custodiados y son venerados). Se explicaban también los milagros que hicieron, fue creciendo la devoción, y se escribieron las proezas de los mártires. Todo contribuyó a poner al movimiento franciscano en el centro de atención de todos los fieles portugueses.

La solicitud por parte de Fernando de entrar a formar parte de los seguidores de Francisco de Asís madura a causa de una fuerte vocación por la misión y, especialmente, por el martirio de sangre.Antonio misionero.

Trevisan, San Antonio reflexiona sobre el martirio de los misioneros franciscanosEn septiembre de 1220, Fernando dejó los blancos hábitos de los agustinos para vestirse con la tosca túnica de buriel atada con una cuerda en la cadera.

Para la ocasión, abandona también el viejo nombre de bautismo para asumir el de Antonio, el ermitaño egipcio del Eremitorio de São Antonio dos Olivãis, donde vivían los franciscanos. Después de un breve periodo de estudio de la regla franciscana, Antonio se fue a Marruecos.El itinerario que siguió, por tierra y por mar, no lo sabemos. Muy probablemente, según las costumbres franciscanas, a Antonio lo acompañó un hermano franciscano, del que no sabemos el nombre.

Al llegar al territorio de Miramolino, en Marrakesh o en otra localidad, fue acogido en casa de algún cristiano, residente allí por motivos comerciales o alguna otra cosa. Para dirigirse a los musulmanes, el Santo tenía que conocer bastante bien el idioma árabe, cosa no muy difícil para un lisboeta de la época, proveniente de una zona bilingüe.

De no ser así, tenía que poder fiarse de su compañero: si no ambos, al menos uno tenía que ser experto en aquel idioma.

De no ser así, tenía que poder fiarse de su compañero: si no ambos, al menos uno tenía que ser experto en aquel idioma.
Antonio no pudo seguir con su proyecto de predicación porque contrajo una enfermedad tropical. Para conseguir recuperar, aunque fuera en parte la salud, decidió volver a su patria, pero sin abandonar su ideal de martirio. Fue por lo tanto obligado a irse de Marruecos, volviendo a hacerse a la mar.

Pero, a causa de una inesperada ráfaga de vientos contrarios, la nave fue transportada hasta la lejana Sicilia (Italia). Antonio, que la tradición nos dice que desembarcó en Milazzo (Mesina), era un desconocido fraile extranjero, joven y sin cargos de gobierno, que había sufrido físicamente. Su convalecencia en Sicilia duró casi dos meses.
Informado por sus hermanos sicilianos, Antonio dejó Sicilia, subió por la península italiana para participar en el capítulo general -llamado de las Esteras- que se celebraba en Asís del 30 de mayo al 8 de junio de 1221. Antonio desde Lisboa, desconocido por todos porque había entrado hacía sólo unos meses en la Orden, pasó los nueve días de la reunión apartado y solitario, inmerso en la observación y en la reflexión.
Era uno entre tantos, no tenía nada que lo hiciera distinto a los demás. Al momento de la despedida ninguno de los ‘ministros’ se lo llevó consigo.
Cuando se habían ido casi todos los conventuales, Antonio fue notado por el padre Graciano, ministro provincial de la región de Romaña. Cuando supo que el joven fraile era también sacerdote, le pidió que lo siguiera.

Ermitaño en Monte Paolo

En compañía de Graciano de Bagnacavallo y de otros hermanos franciscanos de Romaña, Antonio llegó a Monte Paolo, cerca de Forlí, enjunio de 1221.

Durante este periodo el Santo pudo madurar su vocación franciscana, profundizar la experiencia misionera interrumpida de forma brusca, dar vigor al compromiso ascético y perfeccionarse en la contemplación.Sus días transcurrían orando, meditando y ayudando a sus hermanos.

C. Patro, San Antonio en Monte PaoloLas tesis más acreditadas nos dicen que San Antonio se quedó en Monte Paolo hasta la celebración de Pentecostés (22 de mayo) o como mucho hasta septiembre del mismo año.En un primer momento, dada la visión principalmente sagrada del ambiente en que se encontraba, los otros franciscanos trataron a Antonio con veneración.

Al ver que uno de sus compañeros había transformado una gruta en una celda solitaria, le pidió con insistencia que se la cediera a él. El buen hermano accedió al apasionado deseo del joven portugués.

Así todas las mañanas, una vez cumplidas las oraciones comunitarias, Antonio se dirigía con prisa a su gruta (todavía hoy conservada con devoción) para vivir solo con Dios, solo en penitencia e íntima oración, con prolongadas lecturas de la Biblia y reflexiones. Para las horas canónicas y para las comidas se reunía con sus hermanos.En su fuerte dedicación a la penitencia extenuó tanto su frágil salud con los ayunos, las vigilias, las flagelaciones, que más de una vez con el sonido de la campana que lo llamaba a las reuniones, se tambaleaba y estaba a punto de caer, por suerte sus hermanos lo sostenían.

Antonio se dio cuenta de que sus hermanos de ideal conjugaban oración y servicio recíproco. Él, ¿qué contribución podía aportar? Habló con el guardián. Decidieron que debía limpiar la humilde vajilla de la cocina y barrer la casa.

Predicador y maestro

La hora de la llamada

En septiembre de 1222 tenían lugar en Forlí las ordenaciones sacerdotales de religiosos dominicos y franciscanos. Antes de que el grupo de los que tenían que ser ordenados se dirigiese a la catedral de la ciudad para recibir las órdenes sagradas por parte del obispo Alberto, se solía dirigir un sermón a los candidatos. En aquella ocasión nadie había recibido la orden antes y por lo tanto ninguno de los sacerdotes dominicos o menores presentes se había preparado. Cuando llegó el momento de hablar delante del público, todos rehusaron improvisar. Sólo el superior de Monte Paolo conocía bien las dotes de Antonio..

A. Trebbi, San Antonio predica en Forlí, 1999El interpelado intentó esquivarlo. Pero ante la insistencia de su superior aceptó y tomó serenamente la palabra. A medida que el discurso se envolvía en sonante latín, las expresiones se hacían más calurosas y persuasivas, originales y emocionantes.


Él revelaba, aunque fuera contra su voluntad, la profunda cultura bíblica y la comprometente espiritualidad.
Conmoción, regocijo, y sobre todo admiración de los que lo escuchaban. Después tuvieron lugar las sagradas ordenaciones y se desarrollaron según el programa los trabajos de la audiencia capitular. Pero a esas alturas todos prestaban atención al fraile portugués, olvidado ermitaño, que de forma impensable se había convertido en el centro de atención de su hermandad. Sólo subió a Monte Paolo para decir adiós a la gruta, para volver a abrazar a sus hermanos, encomendándose a su oración.

Antonio predicador

San Antonio inició de esta forma su misión de predicador en Romaña. Hablaba con la gente, compartía la existencia humilde y atormentada, alternando el trabajo de la catequesis con la obra pacificadora; enseñaba ciencia sagrada a sus hermanos franciscanos, hacía confesiones, se batía personalmente o en público con los que sostenían herejías.

P. Annigoni, San Antonio predica a los peces, detalle, 1981Precisamente en Rimini tuvo lugar en 1223 el episodio que nos ha hecho llegar la tradición, según el cual San Antonio ganó la terquedad de un hereje que no quería creer en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.Romaña, en la época del Santo y durante siglos después, era un paraje atormentado por unaguerrilla civil endémica. Las facciones, mayores y menores, envenenaban las ciudades y los clanes familiares, disgregaban las estructuras comunales y sembraban por todas partes donde se sospechaba, conjuros, golpes de mano, venganzas. Como si no fuese suficiente esta maldición, también en el plano religioso se padecía la calamidad de las sectas, la primera de todas, en sus ramificaciones, la cátara.La vieja Iglesia reaccionaba escasamente y tarde, a causa de su mediocridad espiritual. Tenían por lo tanto un buen juego los herejes que difundían teorías falsas y dudas peligrosas.

Teólogo en Boloña

Después de la revelación de Forlí, después de que por invitación de sus superiores fuese enviado a predicar por las ciudades y los pueblos de Romaña, hacia finales de 1223 a Antonio se le pidió también que enseñara teología en Boloña. Durante dos años, a la edad de 28-30 años, enseñó como teólogo las verdades de la fe al clero y a los laicos, a través de un método simple y eficaz.Partía de la lectura del texto sagrado para llegar a una interpretación que interpelara y hablara a la fe y a la verdad de los que lo escuchaban.

San Antonio es por lo tanto el primer enseñante de teología de la recién nacida orden franciscana, el primer anillo de una cadena de teólogos, predicadores y escritores, que a través de los siglos dieron y dan honor a la Iglesia.

“Antonio, mi obispo”

Francisco de Asís no quería que sus frailes se dedicaran al estudio de la Teología. Esta indicación fue referida también en la regla de vida. Pero para San Antonio, vistas su sólida fe y su integridad moral, hizo una excepción concediéndole enseñar a sus frailes.

Hoy en día está completamente probada la sustancial autenticidad de la breve carta que el ‘Pobrecillo’ le hizo llegar.He aquí el texto.

“A Fray Antonio, mi Obispo, Fray Francisco le desea salud. Me gusta que enseñes teología a nuestros frailes, con la única condición que el estudio no apague el espíritu de santa oración y devoción, según está escrito en la Regla. Cuídate”.

U. Oppi, San Francisco da a San Antonio el encargo de enseñar teología a los frailes, 1939El gran franciscanista Raoul Manselli, ve en esta carta que autorizaba a Antonio a enseñar sagrada teología a los frailes, un “texto de importancia” que “tiene un valor y un significado esencial para toda la historia de la Orden, y hay que entenderlo y explicarlo, por lo tanto, con toda su importancia”.

Antonio en su apostolado itinerante, tanto en Italia como en Francia, unió a la intensa predicación la formación catequista de las nuevas quintas del movimiento de los menores: “tenía por lo tanto que haber recibido ya la autorización que la breve carta de Francisco concedió en términos tan sintéticos, rigurosos y muy formales”.

Una de las preocupaciones que llevaban a San Francisco a mirar con escepticismo el estudio, estaba representada por la divergencia que él notaba, entre lo que la cultura teológica enseñaba y cómo se vivía de forma distinta.

Fueron sus hermanos los que le pidieron a San Antonio que pusiese en marcha el estudio de la teología y que enseñara.Teólogo por encargo de sus compañeros

Estos hermanos, viviendo en contacto con las almas, estaban alarmados y disgustados por la situación de inferioridad de la joven Orden franciscana, llamada por un creciente grupo de fieles a cubrir, junto con los dominicos, los grandes vacíos dejados por el clero diocesano en la guía pastoral y en la catequesis.

La iniciativa imitaba a la misma institución, aprobada por la Orden gemela de los Predicadores, los cuales habían abierto en Boloña un estudio teológico desde 1219, cuando todavía vivía Santo Domingo.

Una lección de San Antonio

¿Cómo eran las lecciones del teólogo Antonio?

El estilo se basaba enSegún el método de la época, usado también por el Santo, en sus explicaciones prevalecía elsentido alegórico. También es constante la referencia a la Biblia.

Anónimo, San Antonio escribe los Sermones- la claridad de los conceptos,
- la esencialidad de expresión que huía de inútiles redundancias,
- la preocupación de ser persuasivo y práctico, el cuidado de implicar por completo a la persona (además de la razón, también el sentimiento y la imaginación)
- la traducción de los dictámenes en lo vivido cada día.Doctor de la Iglesia

Entre sus contemporáneos y en las generaciones inmediatamente sucesivas, el Santo fue considerado un maestro de sabiduría cristiana, biblista incomparable, autor de obras ilustres.

Un historiador dice que San Antonio poseía un talento tan eminente que podía usar la memoria en lugar de los libros, y que sabía expresarse con una gran abundancia de lenguaje místico [...]. La profundidad insospechada de su hablar hacía que creciera el asombro de la gente que lo escuchaba (Assidua). Toda la curia romana tuvo la oportunidad de escucharlo y el mismísimo Gregorio IX lo llamó Arca del Testamento.

El Greco, San Antonio, siglo XVIFue en ocasión del VII centenario de la muerte del Santo, 1931, cuando se inició en la Congregación de los Ritos, en Roma, la investigación y discusión sobre el doctorado de San Antonio, en los siguientes términos:

“Se trata de confirmar el culto de Doctor tributado durante siglos a San Antonio de Padua y se trata de extenderlo a la Iglesia universal…”.

Tocó al papa Pío XII el honor de concluir afirmativamente el proceso histórico-jurídico, cosa que cumplió el 16 de enero de 1946 con el Breve Apostólico Exsulta, Lusitania felix: San Antonio es Doctor de la Iglesia con el título de “doctor evangelicus“.No debe parecernos raro el retraso, algo más de siete siglos, sufrido por San Antonio antes de acceder al culto de Doctor. De hecho, el reconocimiento apostólico no era otra cosa que la confirmación de una praxis consolidada en la Iglesia desde los años inmediatos a la muerte del Santo.

La misión en Francia

Francia sedienta de paz

Quien de verdad hizo que las personas abrazaran otra vez la vieja fe, fue el testimonio multiforme y la palabra persuasiva de los cistercienses, dominicos, franciscanos, que dieron lo mejor de sí en esta obra de reconciliación con la verdad en la caridad. Entre ellos, eminente, la figura de nuestro Santo.Una tierra que quema, un pueblo en la tormenta. Así se encontraba la zona meridional de Francia en los tiempos de San Antonio. La causa de tanta inquietud se debe atribuir a las luchas políticas y sociales entre católicos ortodoxos y a la secta de los albigenses arraigada en esta región desde hacía años. El Papado, aliado con el poder temporal en el que había visto la ventaja económica, combatió la herejía. Pero de nada valieron las persecuciones, la guerra duró 20 años.

L. Galdiolo, icono de San Antonio, 1995 Donde llevar a cabo la batallaNo se tienen ni muchas ni ciertas noticias del periodo francés de Antonio. Hay, sin embargo, un término fijo, el año 1226.
Antonio fundó el convento franciscano de Limoges. Los antonianos anticipan al final de 1224 su paso de Italia al sur de Francia.

Proveniente de Boloña, Antonio pasó por Provenza, por Languedoc, por Limoges, por Berry.

Antonio encontró una región atormentada por la herejía albigense, martirizada por la cruzada, que se convirtió pronto en un juego de poder. 

Hasta enero de 1217, el papa Honorio III había exhortado a los profesores de teología de París a dirigirse en medio de los albigenses.Antonio fue enviado, probablemente con un grupo de menores, como refuerzo cualificado, y esto por sugerencia de la dirección central de la Orden, sensibilizada por el problema de los frailes residentes ya en aquella zona, como por las presiones de la curia papal.

TEncontramos a Antonio que enseña teología y predica en Montpellier, importante centro universitario y punto fuerte de la ortodoxia católica, donde dominicos y franciscanos recibían adecuada formación pastoral-intelectual con la finalidad de predicar contra los herejes esparcidos en los territorios cercanosi.Arles: San Francisco aparece mientras Antonio predica

El hecho es cierto, pero la fecha no está clara. El historiador Tomás de Celano, recuerda a Juan de Florencia, elegido por Francisco ministro de los menores de Provenza, que celebró una asamblea capitular, o en la segunda mitad de 1224, o en la primera mitad del año siguiente, durante la cual Antonio hizo un intenso sermón sobre la Pasión de Cristo. Mientras él hablaba, fray Monaldo, vio en la puerta de la sala donde estaban todos reunidos “al beato Francisco suspendido en el aire con las manos abiertas en forma de cruz, en acción de bendecir a sus frailes”. San Antonio hizo su sermón sobre el misterio de la Crucifixión de Cristo, especialmente sobre la inscripción Jesús de Nazaret Rey de los Judíos (Jn 19.19).

Es muy probable que el Santo, siempre atento al esquema litúrgico, se haya inspirado, para elegir el argumento de su sermón, en el momento litúrgico. Por lo tanto, es obvio hipotizar que el capítulo de Arles se haya reunido en un día señalado por el misterio de la cruz: el viernes santo, 28 de marzo de 1225, el descubrimiento de la cruz (Inventio crucis), el 2 de mayo del mismo año; pero también se puede pensar (y sería sugestivo y más que gratuito) a laExaltación de la Cruz del 24 y por lo tanto cuando los estigmas ya habían sido grabados en las carnes de San Francisco.

Antonio en Toulouse y en Limoges

G. Campagna, San Antonio resucita a un joven, 1577Toulouse, está en el actual departamento de la Haute-Garonne. Sus orígenes son muy antiguos. El Apostolado itinerante de Antonio no podía no hacerse eco de un mercado de ideologías como Toulouse. Es más que probable que en esta roca fuerte del neomaniqueismo, el Taumaturgo haya enseñado teología a los frailes. Antonio hacia 1226 se trasladó más al norte, cerca de Limoges.

En la iglesia de St. Pierre-du-Queyroix Antonio hizo un sermón, que se hizo importante por una bilocación que nos testimonió fray Juan Rigaldi. A la diócesis de Limoges pertenece la Abadía de Solignac, en Briance. En este monasterio también se alojó el Taumaturgo, haciendo un prodigio en favor del monje que le hizo de enfermero.
Limoges queda en la historia del Santo como uno de los centros más significativos. Le dio el encargo de guardián (=superior) de los franciscanos de la ciudad y de los alrededores. Estamos seguros de que el Santo fue guardián de la ciudad de Limoges y de su territorio, ya que el testimonio escrito dista sólo unos setenta años de los acontecimientos.

Y siempre en Limoges es donde tuvo lugar otro hecho especial. En la iglesia de St. Pierre-du-Queyroix, hacia la medianoche del jueves santo, después de los oficios de la mañana, tuvo lugar el sermón durante el cual el Santo fue entre sus frailes para cantar la lectio litúrgica que le tocaba a él.Una crónica del monasterio de San Marcial de Limoges nos dice que Antonio pronunció su primer discurso en el cementerio de San Pablo, iniciando por el salmo 29,6. Hizo un segundo sermón en el monasterio de San Martín, hablando del salmo 54,7: ¿Quién me dará alas como a las palomas, para volar y encontrar reposo?



En Bourges, Le Puy y en otras partes

 

J.G. Holmes, muerte de San Francisco 1474-1477En el año 1226 Antonio se detuvo también en Brive, y en su tarea de guardián de los hermanos menores, fundó un convento. Aquí el Santo encontró la paz del ascetismo y la meditación, para confortarse de las duras predicaciones retirándose muy a gusto en algunas grutas en las afueras de la ciudad. Aquí se dedicó a la penitencia y a la contemplación.

No podemos determinar la fecha del regreso de San Antonio a Italia: por qué motivo hizo el viaje a la fuerza, quién lo llamó, dónde residió o, si no tenía residencia alguna, por qué siguió haciendo de misionero en peregrinación. Los hagiógrafos antonianos fijan su regreso durante el capítulo general que tuvo lugar en Asís en Pentecostés del año 1227, el 30 de mayo.San Francisco había muerto la noche del 3 de octubre de 1226: la asamblea tenía por lo tanto que dar a la Orden un nuevo ministro general.Después de su muerte, su recuerdo quedó siempre vivo entre los habitantes de Brive. Las grutas en las que estuvo se convirtieron en lugares de peregrinación.DDespués de muchos sucesos, en 1874 el santuario fue recuperado por los franciscanos y en 1895 fue consagrado de nuevo. Brive es desde entonces el centro nacional de la devoción antoniana en el territorio francés.La magnífica catedral de Bourges, una verdadera joya del arte gótico, despidió al misionero Antonio. Pero fue también a Le Puy-en-Velay, en el actual departamento de la Haute-Loire, a los pies del monte Anisan. No se sabe con seguridad si en este lugar realizó el encargo de guardián de la hermandad.

Como guardián de Limoges, Antonio tenía, por dictado explícito de la Regla, que tomar parte en el capítulo, en el que se tenía que elegir al sucesor de San Francisco. Pero no tenemos pruebas de que asumiera este encargo. No sabremos nunca si fue Fray Elías, el que quizá había promovido su misión en Francia, quien lo llamó a Italia para asignarle tareas todavía más complejas y difíciles. No sabremos tampoco si fue fray Juan Parenti. Sabemos sólo que, dirigiéndose hacia Italia, atravesó a pie Provenza (así lo dice la Rigaldina 6,34).

En el norte de Italia

Ministro provincial

L. Canozzi, Taracea con San Antonio, 1974-77San Antonio era muy estimado por sus hermanos franciscanos: así a los ya numerosos deberes se le añadió el encargo de ministro provincial del norte de Italia, incluida Romaña. ¿Quién le dio dicho encargo? La historia en este caso nos da pocos testimonios. En cuanto a la duración, la mayor parte de los estudiosos antonianos sostienen la hipótesis de que duró unos tres años, de 1227 a 1230.También en esta nueva tarea, Antonio destacó por su espíritu y su servicio de fraternidad, sosteniendo, estimulando y guiando a sus hermanos, con el ejemplo y con las admoniciones.

En su actividad de ministro provincial de Italia septentrional se supo mantener fiel al carisma de San Francisco poniéndolo en la compleja y cambiante realidad de los tiempos y lugares. Con las estructuras jerárquicas cultivó relaciones de verdadero católico, evitando conflictos y alimentando un clima de armonía. Es prueba de ello la participación personal del obispo de Padua en la cuaresma antoniana de 1231, como tampoco fue un hecho al azar que la canonización rápida del Santo no estuviera dificultada por propuestas o limitaciones.Una fuente cierta nos dice que fue superior provincial hasta mayo de 1230.

La amistad con Tomás de San Víctor

Un segundo objetivo de la acción pastoral volvía a proponer armonizar la actividad de la recién nacida orden franciscana con la de las viejas órdenes religiosas. Siguiendo su estancia en Francia, lo habíamos dejado en Solignac, donde fue acogido como en su propia casa por los monjes.

Mantuvo también una buena relación con los antiguos hermanos agustinos. Haciéndose franciscano, Antonio no quería cortar con el pasado; al contrario, mantuvo todo lo válido que había recibido y amado en aquellos años en San Vicente y en Santa Cruz. No en vano su relación de amistad más intensa, durante sus años en Italia, fue con el parisino Tomás de San Víctor, abad de San Andrés en Vercelli.

Antonio, ya elegido superior, visitando las comunidades menores, tuvo la posibilidad de ir a Vercelli, donde se quedó algunas semanas para predicar y encontrarse con Tomás de San Víctor. Éste había llegado a Vercelli en 1220, había sido nombrado prior de San Andrés en 1224, y obtuvo el título de abad en 1226.

No se puede dudar de la fiel amistad que unió, en la vida y en la muerte, a Antonio y al abad Tomás. Las fuentes presentan a los dos santos en una recíproca relación de maestro-discípulo, de igual a igual, de maestro a maestro, a través de intercambios de experiencias intelectuales.

Apóstol de paz

En Padua, durante el corregimiento del veneciano Giovanni Dandolo (29 de junio de 1229 – 28 de junio de 1230) la calma y la paz tan deseadas florecieron en la región. Pero, oigamos que nos dice un contemporáneo, el notario paduano Rolandino:

“Durante un año más o menos las ciudades de la Marca Trevisana gozaron de tal paz, que casi todos estaban convencidos de que a partir de aquel momento no habría más estados funestos y guerras en la región. Unos religiosos animaban espiritualmente a casi toda la población, elevándola a las realidades celestes a través de la predicación. Y fue en aquel momento, entre otros religiosos y justos, que llegó el beato Antonio, y en diferentes localidades de la Marca anunció la palabra de Dios con voz cautivadora”.

La redacción de los Sermones

Página de un manuscrito de GrottaferataLa Assidua, la primera biografía de San Antonio, afirma que Antonio escribió sus Sermones para los domingos durante una estancia en Padua, donde también nació un profundo afecto entre sus habitantes y él, pero en vano buscaremos una expresión cronológica precisa, ya que el “cuando” no lo sabemos con precisión. En cuanto al lugar de residencia, es Santa María Mater Domini. Ninguna base documental apoya la candidatura de la Arcella, ubicación que defienden varios estudiosos de la vida de Antonio, pero que no aportan ninguna prueba. La Assidua (11,7), hablando del incansable celo por las almas que pedía Antonio para darse por completo al apostolado, añade que él seguía con el trabajo pastoral hasta que caía el sol, muy a menudo quedándose en ayunas. Predicaba, enseñaba, escuchaba las confesiones. En su apostolado, San Antonio estaba acompañado por algunos compañeros, y en el último periodo por el beato Lucas Belludi.

Fue en ocasión del capítulo general de 1230, que tuvo lugar durante la traslación de los restos de San Francisco a la nueva Basílica levantada en su honor, que fray Antonio de Lisboa fue liberado de sus ocupaciones por el gobierno de la orden.Predicador apostólico

Por la grande estima de la que gozaba por parte de los responsables de la Orden menor, se le concedió la nueva tarea de “predicador general”, con la facultad de dirigirse libremente a cualquier parte creyese oportuno, y fue elegido previamente, con otros seis hermanos franciscanos, para representar a la Orden delante de Gregorio IX.

En la evolución del franciscanismo

¿Tuvo Antonio contactos personales con Gregorio IX? ¿Cuándo y por qué motivo tuvo que ir a la curia papal? ¿Qué posición tomó en las cuestiones que concernían a la evolución de la Orden? ¿Qué tipo de relaciones tuvo con el líder franciscano, fray Elías? Las fuentes nos indican una única cuestión urgente de familia en la cual estuvo implicado el Santo: la que constituyó el problema-crisis del capítulo general de Asís de mayo de 1230. O sea, qué valor jurídicohabía que atribuir al Testamento dictado por el fundador, San Francisco, poco antes de su muerte. Y cómo se podían solucionar las dudas provocadas por algunos puntos de la Regla franciscana, que en la rápida y vertiginosa evolución de la Orden suscitaba perplejidad y tensiones. Antonio formó parte de la delegación designada por el Capítulo general para debatir dichas cuestiones y pedir consejo al Pontífice..

Durante esa estancia, parte en Roma, parte en Anagni, Antonio se dio a conocer en altísimo lugar por la eminente santidad y la extraordinaria ciencia bíblica, y esto en los coloquios privados con los diversos dignatarios, y no fue menos en las reuniones, en las conferencias espirituales y en la homilías. Por orden de Gregorio IX, Antonio dirigió un discurso a una multitud de peregrinos, llegados a la ciudad eterna desde diferentes puntos del mundo cristiano. Sucedió que, en virtud de un prodigio parecido al ocurrido a los Apóstoles el día de Pentecostés, todas las personas que lo oyeron, lo oyeron hablar en sus propias lenguas.

Una falsa tradición franciscana del siglo XIV dice que Gregorio IX invitó a Antonio a quedarse a su lado. “Él, humildemente renunciando a tal honor, para dedicarse al bien de las almas, después de haber obtenido la bendición apostólica, eligió aislarse en la Verna. Allí se quedó durante algún tiempo, consagrándose a la predicación y a la penitencia. De allí, se dirigió a Padua”.

Antonio franciscano

Trevisan, San Antonio delante del Papa¿Qué relación había entre Antonio y los responsables de la Orden franciscana? Los hagiógrafos se preocuparon de presentar a Antonio interesado en sí mismo, como apartado del movimiento franciscano. Podemos pensar que, reinando entre los frailes, durante la fase inicial, una evidente no homogeneidad, el sentido de pertenencia era decididamente débil. En el fondo, el documento oficial, absoluto, de identidad, la Regla, era de finales de noviembre de 1223. Antonio y Elías, por índole, temperamento moral y madurez evangélica, se nos presentan como muy distantes.

Vivieron en órbitas muy lejanas la una de la otra. No sabemos qué lugar ocupaba en la piedad y en las muchas actividades de Antonio el Pobrecillo de Asís. En sus Sermones no usa nunca su nombre, lo que nos hace ver un poco de misterio, especialmente cuando se trata de una obra tan extendida y publicada después de la canonización del Seráfico. Antonio fue un moderado, que se esforzaba en conjugar la fidelidad al carisma franciscano con las solicitudes de los distintos ambientes donde llevaba su tarea pastoral.

En Padua

El gran momento paduano

P. Annigoni, San Antonio predica desde el nogal, detalle, 1985En Padua, Antonio estuvo durante dos periodos cercanos: el primero, entre 1229 y 1230; el segundo, entre 1230 y 1231, durante la cual murió prematuramente. Sumando los dos periodos, se llega a unos 12 meses o un poco más. Esto significa que el misionero no transcurrió en su patria de elección más de un año, en dos etapas.

¿Qué Padua lo atraía, lo esperaba y lo acogió? Toda entera.
La encontramos unánime, algunos meses después, a los pies de su púlpito y de su confesionario; y después comprometida de forma apasionada en su glorificación cultural. Padua le sirvió de nuevo como scriptorium de sus comentarios bíblico-litúrgicos.Podemos hipotizar que encontró además una gran ayuda en las bibliotecas, con los colaboradores a nivel de escribanos y quizás de ayudantes.

Los Sermones antonianos se consideran la obra literaria de carácter religioso más importante escrita en Padua durante la época medieval. 
Y más todavía, la ciudad eugánea interesaba a Antonio por su universidad. Antonio tenía una debilidad por los grandes centros de estudio (Bolonia, Montpellier, Toulouse, Vercelli…). Él mismo era, aunque fuera de las estructuras burocráticas, un emérito catedrático. Pero decir universidad era sobretodo sinónimo de concentración de gente joven. Antonio era un experto “pescador de jóvenes”.

Presintiendo o no que su peregrinación en la tierra estaba llegando a su fin, aspiraba a reclutar nuevas quintas para la difícil y apasionada tarea de ser transmisores del Evangelio. Además, la tierra véneta vivía una paz inestable. Antonio sentía muy fuerte la invitación de intervenir para solucionar los conflictos. También en aquellos momentos había en Padua adeptos a la herejía.

Los días de la salvación

El 5 de febrero, el Santo interrumpió el esfuerzo de papel, pluma y tintero. La ciudad vivía una mágica tregua de paz tanto dentro como fuera de sus fronteras. Se difundió la voz de que San Antonio tenía la intención de predicar cada día, aprovechando la ocasión de los textos ofrecidos por la liturgia. Muy pronto, no sólo la pequeña iglesia de Santa María, sino las más grandes iglesias de la ciudad resultaron incapaces de contener a esa multitud que crecía continuamente. La gente llegaba en grandes multitudes, ¿dónde se podía acoger? La voz no era un problema, ya que Antonio estaba dotado de un volumen vocal excepcional. Se reunían en las plazas. Pero éstas pronto se quedaron pequeñas. También en Padua, como había ocurrido en Francia, el apóstol se vio obligado a hablar fuera de la ciudad, en medio de los campos. Nobles y gente de pueblo, mujeres y hombres, jóvenes y ancianos, fervorosos practicantes y personas indiferentes o “lejanas”, caballeros y rateros, eclesiásticos y laicos, esperaban con paciencia la llegada del hombre de Dios. El obispo Jacobo junto con un grupo del clero tomaba parte personalmente del camino cuaresmal, por él mismo autorizado y seguido con la joya del pastor que ve reunido a su rebaño en pastos fértiles.

La Assidua, 13,11-13, testimonia: “Llevaba a la concordia fraterna a los enemistados; devolvía la libertad a los encarcelados; hacía devolver lo robado con usura o violencia”.De sermón en sermón se hacía cada vez más grande la fama de lo que estaba ocurriendo en Padua, lo que provocaba un continuo crecimiento de los que lo oían. Una multitud incesante se reunía alrededor de su confesionario. Era imposible ocuparse de todos a pesar de que algunos hermanos sacerdotes y un grupo de presbíteros de la ciudad intentaban reducirle el esfuerzo. No le quedaba otra cosa que esperar el flujo de penitentes y la llegada de la noche. La Assidua informa que estaba en ayunas hasta el crepúsculo. Algunos se precipitaban al sacramento de la penitencia declarando que una aparición los había empujado a la confesión y a cambiar de vida.

Y esto de tal modo, que, a las casas y fincas hipotecadas se imponía precio ante él, y, por su consejo, se devolvía a los expoliados lo que se les había sacado por las buenas o por las malas. Rescataba a las meretrices de su infamante trato; y mantenía alejados de poner la mano sobre lo ajeno a ladrones famosos por sus delitos. Y así, transcurridos felizmente los cuarenta días, fue grande la cosecha de mies, agradable a los ojos de Dios, que con su celo recolectó.

Creo que no se puede pasar por alto cómo inducía a confesar los pecados a una multitud tan grande de hombres y mujeres, que no daban abasto a confesarlos ni los frailes ni los otros sacerdotes que lo acompañaban”.

Antonio intervino también para modificar la legislación comunal de Padua. Se trata de un estatuto relativo a los deudores insolventes, fechado el 17 de marzo de 1231, el lunes santo.

He aquí traducido del original en latín.

“Por petición del venerable hermano Antonio, de la Orden de los hermanos Menores, fue establecido y ordenado que nadie fuera detenido en la cárcel, por tener simplemente algunas deudas de dinero, del pasado, del presente o del futuro, si quiere ceder sus bienes. Y esto vale tanto para los deudores como para los que avalan. Pero si una renuncia o cesión o un alienación está hecha con engaño, tanto por parte de los deudores como por parte de los avaladores, ésta no tiene ningún valor y no proporciona daño a los creditores. Cuando el fraude no pueda ser demostrado claramente, del asunto que sea juez el corregidor. A este estatuto no se le pueden hacer modificaciones de forma, que quede así para siempre”.

El último periodo

En el eremitorio de Camposampiero

B. De' Pitati, San Antonio predica desde el nogal, Camposampiero, siglo XVIPodemos hablar de varios motivos por los que Antonio se retiró al eremitorio de Camposampiero.

El primero ha sido siempre callado, pero se sabe. Después del intenso trabajo de la cuaresma y de la Pascua, las fuerzas del Santo estaban exhaustas.

La segunda motivación, que expresa la Assidua (15,2) y es repetida por los hagiógrafos sucesivos, dice que había que suspender la predicación y la disponibilidad para quien venía a confesarse, con la finalidad de dejar libre a la gente para que se ocupara de sus obligaciones rurales, ya que era inminente el tiempo de la cosecha.El tercer motivo: aislarse en una localidad tranquila y de difícil acceso, para seguir, y quizás, ultimar la redacción de los Sermones festivos.

El cuarto motivo: alejarse de los ojos afectuosamente observadores de sus hermanos paduanos, que podían alarmarse notando sus condiciones de salud que empeoraban y podían sufrir por ello.

La quinta finalidad, la más alta y deseada: alejarse de la vida activa, que lo trastornaba cuando iba por encima de ciertos niveles, para concentrarse en la oración, en el recogimiento del espíritu, esperando la gran cita.

Podemos hipotizar que el Santo dejó Padua el lunes 19 de mayo, y por lo tanto su estancia en Camposampiero duró, con el hipotético paréntesis de la ida-estancia-vuelta de Verona, unos 25 días.

La muerte

NAl final de la primavera de 1231, Antonio tuvo un ataque repentino. Fue puesto en un carro tirado por bueyes y llevado a Padua, donde quería ser llevado para morir. Pero cuando llegó a la Arcella, un barrio en las afueras de la ciudad, murió. Expiró diciendo: “veo a mi Señor”. Era el 13 de junio. Tenía 36 años.

G. TESSARI, Muerte de San Antonio, 1513La Iglesia hizo justicia a su doctrina, proclamándolo en 1946 “doctor de la Iglesia universal”, con el título de Doctor evangelicus.El Santo fue enterrado en Padua, en la pequeña iglesia de Santa María Mater Domini, su refugio espiritual en los periodos de intensa actividad apostólica.
Cuando finalizaron los funerales, el cuerpo del Santo fue enterrado en la pequeña iglesia del convento franciscano de la ciudad.
Seguramente no fue enterrado, sino, al contrario, un poco elevado, de manera que los devotos, cada vez más frecuentes y numerosos, pudieran ver y tocar el arca-tumba.Un año después de su muerte la fama de tantos milagros cumplidos convenció a Gregorio IX a quemar las etapas del proceso canónico y a proclamarlo Santo el 30 de mayo de 1232, a tan sólo 11 meses de su muerte. 

Los reconocimientos

Reconocimiento de 1263Trevisan, San Buenaventura encuentra la lengua incorrupta de San AntonioEl Santo fue enterrado en Padua, en la pequeña iglesia de Santa María Mater Domini, su refugio espiritual en los periodos de intensa actividad apostólica, el martes 17 de junio de 1231. Al final de los sentidos funerales, el cuerpo del Santo fue depositado en la pequeña iglesia del convento franciscano de la ciudad; probablemente no fue enterrado, al contrario, pusieron sus restos un poco elevados, para que los devotos, cada vez más numerosos, pudieran ver y tocar el arca-tumba.


La traslación más importante tuvo lugar el 8 de abril de 1263, cuando, acabada una fase decisiva de la construcción de la nueva iglesia, se trasladó el venerado cuerpo. 

San Buenaventura de Bagnoregio, entonces superior general de los franciscanos, presidió la ceremonia.
Al examinar los restos sagrados, antes de ponerlos en una nueva caja de madera, se dio cuenta de que la lengua del Santo estaba incorrupta.

Al hacer este descubrimiento San Buenaventura exclamó:
“Oh lengua bendita, que siempre bendijiste al Señor, e indujiste a los demás a bendecirlo; ahora vemos con claridad cuántos méritos adquiriste ante Dios”.

En aquella ocasión el arca con los restos mortales del Santo fue colocada seguramente en el centro del crucero, debajo de la actual cúpula cónica (del Ángel), delante del presbiterio.

Traslación de 1310

B. Montagna, "Ricognizione" del 1350, 1512, part.Otra traslación, que se sabe con seguridad, tuvo lugar el 14 de junio de 1310, cuando ya acabada la nueva capilla dedicada al Santo, en el extremo izquierdo del crucero, se transportaron solemnemente los restos sagrados.

El 14 de febrero de 1350 el cardenal Guido de Boulogne
 fue a Padua para cumplir un voto que había hecho al Santo (se había curado de la peste negra), y regaló un precioso relicario donde se puso el mentón (mejor, la mandíbula) del Santo. Desde aquel día no se tocó para nada el Arca, hasta 1981.

Reconocimiento de 1981

Foto dei primi momenti della ricognizione del corpo di sant'Antonio del 6 gennaio 1981Una importante investigación sobre los restos mortales del Santo tuvo lugar el 6 de enero de 1981, en ocasión del 750º aniversario de la muerte de San Antonio. Una comisión religiosa y una comisión técnico-científica, ambas designadas por la Santa Sede, se cuidaron de la apertura de la tumba y examinaron lo que encontraron.

Moviendo la actual gran losa de mármol verde, se encontró una gran caja de madera de abeto, envuelta por unas telas.

Ésta a su vez contenía otra caja más pequeña, también de abeto, dentro de la cual, en distintos envoltorios, puestos en tres compartimientos, envueltos en telas preciosas y con escritos indicativos, se encontraba:
el esqueleto, excepto el mentón, el antebrazo izquierdo y otras partes menores (desde hace muchos siglos conservados en relicarios especiales),
- la túnica,
- la “massa corporis“, o sea las cenizas

Exposición de 1981

Los restos de San Antonio fueron expuestos, de la tarde del 31 de enero a la tarde del domingo 1 de marzo de 1981 (un total de 29 días) para que fueran venerados por los devotos, que llegaron en multitudes impresionantes, más de 650.000 personas. El esqueleto se recompuso y se colocó en una urna de cristal.

Urna di vetro dove è conservato il corpo di sant'AntonioÉsta fue posteriormente cerrada en un caja de roble que finalmente fue puesta de nuevo en la tumba-altar de la capilla dedicada a San Antonio.

Algunas cosas, especialmente la túnica y las reliquias del aparato vocal de San Antonio,están todavía expuestas en la Capilla de las Reliquias o del Tesoro.






Su retrato

 

 


El rostro

Comparando el más antiguo “retrato”, a la izquierda, pintado al fresco en el presbiterio de la Basílica, y la reconstrucción científica de su rostro, a la derecha, se nota inmediatamente una marcada diferencia. ¿Cómo se explica?

Anonimo, La cosiddetta "Vera effige (o ritratto)" di sant'Antonio, sec. XIV C. Cremesini, Busto che ricostruisce il volto di sant'Antonio sulla base della ricognizione del 1981

El arte ha impuesto, a lo largo de los siglos, imágenes muy diferentes. A los artistas no tenemos que pedirles prestaciones de objetividad histórica. Sus interpretaciones están condicionadas por la sensibilidad de su época, por la orientación hagiográfica prevalente y por la solicitud del público devoto.

Los artistas son llevados, por antigua tradición, más que a representar a un santo en su corporeidad terrestre, en su espesor histórico, a representarlo en su actualidad de habitador del cielo, de uno que ha llegado a su meta eterna, de un intercesor inmerso en la gloria de Dios. Y por esto encontramos, por ejemplo, el acento de la eterna juventud, una cierta inmaterialidad, un intento transfigurativo.

¿Cómo era el hombre “frater Antonius”?

El biógrafo franciscano de la Vita prima nos dice que San Antonio poseía una cierta corpulencia natural y que su cuerpo estaba debilitado por la continua enfermedad. La leyenda llamada Raymundina interpreta esta última como “hidropesía“. Sabemos que este término ha tenido distintos significados a lo largo de los siglos, por lo que hoy no sabemos qué valor atribuir a dicha palabra.

Después del último reconocimiento de sus restos mortales (enero de 1981), el equipo de especialistas que hicieron un minucioso análisis, nos ofrece valiosas informaciones.

  1. Medía 1,71 metros, o sea era bastante más alto que la media de aquel tiempo, que era de 1,62-1,65.
  1. La cabeza era de forma dolicocéfala, es decir, alargada, con unacapacidad cránica considerable (cmc 1.650).
  1. No tenía una cara redonda, sino estrecha y larga,
  1. La barbilla era pronunciada, alta, fuerte, un poco cuadrada.
  1. Los ojos eran grandes y profundos,
  1. La nariz aguileña,
  1. El cabello negro,
  1. La dentadura sana y regular. Tenía todos los dientes conservados, ni siquiera una caries: lo que es un punto a favor de la dieta vegetariana que seguía.
  1. La estructura física no era excesivamente robusta en las extremidades superiores, pero estaba bien proporcionado, con manos largas y dedos finos, delicados; más desarrollada y fuerte en las extremidades inferiores, a causa de su incesante caminar.
  1. Las rodillas evidencian señales de todo el tiempo que pasó rezando. Era por lo tanto un hombre bastante guapo, normal, de pura raza atlántica-mediterránea, de un aspecto noble y fino.
  1. El Santo de los milagros sin embargo no fue un milagro de salud. Se preocupaba por la salud de los demás, y pasaba por alto la propia. Debía poseer una gran resistencia. Dice padre Doimi: “El rígido tenor de vida, la rudeza de la penitencia, el extenuante ministerio de las confesiones y de una predicación sin respiro, autorizan a pensar queel Santo tenía por naturaleza una robusta constitución física, aunque murió joven. Las terribles fiebres de África le dejaron secuelas, y quizás hay que buscar en éstas la razón última de su habitual enfermedad y de su muerte.

La personalidad

¿Qué hombre era San Antonio?

San Antonio presenta una personalidad muy compleja. En ella conviven también elementos en recíproco conflicto. Todo hombre es un enigma, cuando no un enigma de enigmas, irreductible a un engranaje bien claro y distinto.

Incluso un santo es impenetrable. Sin embargo, si aceptamos movernos en el mundo de la imperfección y de la aproximación, juzgamos fructuoso y bonito explorar alguno de los aspectos de este hombre extraordinario.

Sus cualidades morales transpiraban ya por la voz. Su voz es engrandecida por lo antiguos hagiógrafos con alabanzas especiales. Era definida comomaravillosa, rica de todas las modulaciones: tranquila y fuerte, melodiosa y sonora, clara y agradable. Hablaba unas veces con dulzura y suavidad, y otras con tono grave y severo. Su oratoria muy eficaz tocaba todas las teclas de la persuasión, no era engañosa ni abstracta, no era vacía ni rumorosa. Eraprofunda, pero adecuada a todos los públicos, capaz de interesar a todo el mundo. Obtenía el consenso de los oyentes con la demostración convincente. Lo que más impresionaba era la participación viva con la que hablaba y lacoherencia admirable de la vida con la palabra.

El comportamiento del Santo, sabio como pocos de su tiempo, estaba despojado de dureza o altitud. Era humilde y dulce. Vestía de manera pobre y estaba cerca también del más desprovisto e ignorante. Asombraba sugentileza y cortesía con todo el mundo, su paciencia y humanidad. Sin embargo, excesivamente espléndido en difundir la sagrada doctrina, devolvía a cada uno lo suyo con una balanza tan justa que, hablase a los grandes o a los pequeños, hería de forma ecuánime a cada uno con el dardo de la verdad. Sin duda, poseía un carácter de acero, pero templado por una profunda humanidad. Antonio había tenido una vida afectiva depurada de cualquier voluntad de disfruteegoístico. Para él era más satisfactorio dar, que recibir. Amaba, y fue correspondido.

Recogiendo los testimonios de aquellas personas que vivieron junto a él, un escritor describe así su perfil moral:

ferviente por caridad, clarísismo por sabiduría, muy elocuente, amable cuando hablaba y afable en la conversación, paciente en la enfermedad, benigno en el exhortar, severo en la corrección, dulce en el acoger a los penitentes, humilde en el ejercicio de la autoridad, agradecido por los beneficios recibidos, devoto en la oración, silencioso en el convento, parco en el comer, prudente en los coloquios, amable y delicado con los iguales, respetuoso hacia los superiores, cortés y apacible con los inferiores. ¡Un gran santo y un hombre fascinante!

Lástima que ya no es posible acercársele de persona. Pero tampoco hoy en nuestra vida faltan los santos, la iglesia de Dios es siempre fecunda.

El perfil espiritual

Más en profundidad, ¿quién era San Antonio?


Él, después, fue una boca cosida
. Fue un hombre lleno de sorpresas. En las ordenaciones de Forlí, el solitario de la cueva de los Apeninos demuestra lo que es: un prodigio de ciencia sagrada, un incomparable comunicador. Sus hermanos, asombrados y confundidos, a partir de aquel momento se sentirán autorizados a pedir a Antonio cualquier prestación. En el perfil espiritual resalta en seguida su apasionada constancia, desde la adolescencia, al silencio, al recogimiento, a la vida interior, a la oración. Sobre esto, los antiguos biógrafos concuerdan. Su vida es la historia de un gran orador. Lo testimonia su compañero, el beato Lucas: “Verdaderamente este santofue hombre de gran oración“. De la casa paterna a la canónica de São Vicente, desde aquí a Santa Cruz de Coimbra, desde aquí a la ermita de Olivãis, y después, a continuación de la experiencia misionera, en el eremitorio de Montepaolo. Su vida de apóstol está constelada por paréntesis de retiro y de eremitorio: la cueva de Brive, la Verna, el nogal de Camposampiero. Fue un hombre de vastas y constantes soledadesi.

El hecho de que consiguiera hacer todo lo que se proponía de forma excelente, era considerado una cosa natural. No podía no ser políglota, un revolucionario en la pastoral (cuaresma diaria predicada, confesiones personales frecuentes y extendidas a todo el mundo), profesor de teología bíblica, escritor, superior, revisor de estatutos comunales, fundador de conventos, líder religioso aureolado por fenómenos sobrenaturales… Seguramente provocó confusión y sujeción; en él los extremos se juntan a la perfección, de la penumbra a la deslumbrante luz, del olvido a la más alta notoriedad. Siempre solo. ¿Cuánta gente, incluso entre sus colaboradores más íntimos, habrá intuido su profundidad interior?

Penetrando cada vez más en la órbita divina, San Antonio se abandona a la madurez de la fe. Se convierte en niño en los brazos del Padre que ve y provee.Renuncia a proyectar una vida suya, una santidad suya. Es el famoso principio de pasividad, de esconderse, que madura en él después del fracaso sufrido en Marrakesh.

En Asís calla, se queda escondido, no se ocupa para nada de sí mismo. Es pura, adorante, alegre dependencia de la voluntad del Altísimo. Es fray Graciano que interviene y se lo lleva a Romaña. En Forlí es el superior local quien lo recluta para improvisar la conferencia espiritual a los sacerdotes recién ordenados, es el ministro provincial el que le da el encargo de la predicación. Será el ministro general quien lo enviará a las zonas deterioradas por la herejía, el capítulo general el que le confiere el encargo de dirigirse al papa Gregorio IX para resolver cuestiones candentes, y será de nuevo el ministro general quien lo elegirá provincial. Quiso casi borrarse de lo visible para respirar sólo lo invisible.

San Antonio fue hombre de arriba en cualquier parte donde se encontrase, en el lugar predilecto de Santa María o en los parajes de la Marca Trevisana, él aparecía como un hombre celeste.
Según la ardua formula él estaba en este mundopero no era de este mundo. Se sumergía en la realidad histórica, sin dejarse encarcelar. Sabía hacerse todo a todos, y sin embargo espiritualmente estaba ya inserido en modo consciente en la órbita divina, viviendo una relación real y absorbente con Dios. No que, afectado por una atrofia de la sensibilidad humana, él rechace el riesgo, el empeño, pagando de persona, todo lo demás. No se deja sin embargo encarcelar por la ambigüedad, la solidaridad, porque su espíritu vive de fe en “otro lugar” sobrehumano. Así, desencarnado, irreal, se les aparece a los contemporáneos, de una interioridad tan exigente y dulce, como uno que es un común habitante de otro mundo.

Los símbolos antonianos

La iconografía de San Antonio comprende un conjunto de símbolos: la juventud, el sayo, el libro, el Niño Jesús, el lirio, la llama, el corazón , el pan. Éstos expresan tanto una característica de su personalidad (función de memoria), como los dones y las cualidades que le ha atribuido la devoción popular (función simbólica).

La imagen más difundida representa a Antonio como un joven religioso, con el Niño Jesús entre los brazos y un lirio en la mano..

La juventud se conecta con el personaje ideal, puro, bueno, que acoge a todo el mundo.

El sayo franciscano (marrón o negro) recuerda su pertenencia a la orden franciscana, pero con características especiales. Algunos piensan -erróneamente- que fundó una orden suya y lo conectan con dificultad con San Francisco.
A. Van Dyck, María con el Niño se le aparece a San Antonio, s. XVII
El Niño Jesús recuerda la visión que Antonio tuvo en Camposampiero.

Expresa, además, su apego a la humanidad de Cristo y su intimidad con Dios.
V. Carpaccio, San Antonio con el libro y el lirio, detalle del retablo con la Virgen y el Niño entre Santos, 1518
El lirio representa su pureza y la lucha contra el demonio, desde la infancia.
Giovanni da Spoleto, llamado 'lo Spagna', San Antonio con el libro y la llama, s. XVI
La llama indica su amor por Dios y por el prójimo.

Numerosos ex-votos tiene forma de corazón e, incluso en épocas recientes, el relicario para el aparato vocal (faringe) encontrado intacto entre las reliquias de Antonio fue hecho en forma de llama.

El pan recuerda su caridad hacia los pobres. La imagen se conecta con la obra “Pan de los pobres de San Antonio”, siempre viva y actual.

Como también se conecta a la Caritas antoniana, que lleva la solidaridad de San Antonio por todo el mundo.
Anónimo, la llamada

Y finalmente, la imagen más antigua y más cercana a la realidad, está representada en el libro, símbolo de su ciencia, de su doctrina, de su predicación y de su enseñanza siempre inspirada al Libro por excelencia: la Biblia.


El santo de los milagros

San Antonio es conocido como el Taumaturgo, el que hace prodigios. Y mejor conocido todavía como el Santo de los milagros.

Milagro deriva del latín mirari, maravillarse. Indica un evento que sorprende a quienes son testimonios directos e indirectos. En el ámbito de la teología católica el milagro se define como un hecho sensible (o sea que es oído, visto, tocado, experimentado por las personas), obra de Dios casi siempre a través de un santo. Es un hecho que va contra, que se sitúa por encima, más allá de las comunes “leyes” de la naturaleza, tal y como se perciben en un determinado ambiente de época.

¿Cuáles y cuántos son los milagros atribuidos a San Antonio?

Innumerables. A continuación hacemos un breve resumen, seguido por algunas reflexiones, siguiendo lo que dicen las primeras biografías.

La acémila (la mula)

 

G. Tessari, Il miracolo della mula, 1515En la región de Toulouse el beato Antonio, en una disputa pública contra un hereje prepotente que negaba la presencia real de Cristo en la Eucaristía, cuando casi lo había convencido y acercado a la fe católica, el hereje, no convencido dijo:

 

“Dejémonos de charlas y pasemos a los hechos. Si tú, Antonio, consigues probar con un milagro que en la Comunión de los creyentes, está el verdadero cuerpo de Cristo, yo abjuraré de toda herejía, y me someteré a la fe católica “.

El siervo del Señor con gran fe le respondió: “Confío en mi salvador Jesucristo que, para tu conversión y la de los demás, me concederá su misericordia por lo que pides”. Se levantó entonces el hereje e, invitando con la mano a que todos callasen, habló: “tendré encerrada a mi acémila durante tres días y le haré padecer hambre. Pasados los tres días, la sacaré en medio de la gente, y le mostraré el forraje. Tú mientras tanto te pondrás delante con lo que afirmas que es el cuerpo de Cristo. Si el animal hambriento, no va hacia el forraje, y corre para adorar a su Dios, creeré sinceramente en la fe de la Iglesia”. En seguida el padre santo dio su aprobación. Entonces el hereje exclamó: “¡Oíd bien, todos!”.

 

 

¿Para qué confundir a las gente con demasiadas palabras? Llegado el día establecido para el desafío, la gente acudió desde todas partes y llenó la plaza. Estaba presente el siervo de Cristo, Antonio, rodeado por una gran multitud de fieles. Estaba también el hereje, con todos sus cómplices. Antonio se detuvo en una capilla que había allí cerca para con gran devoción celebrar el ritual de la Misa. Una vez acabado salió hacia el pueblo que estaba esperando, llevando con gran reverencia el cuerpo del Señor. La mula hambrienta fue llevada fuera del establo y se le mostraron alimentos apetitosos.

 

 

Finalmente, imponiendo el silencio, el hombre de Dios con mucha fe ordenó al animal: “En virtud y en nombre del Creador, que yo, por indigno que sea, tengo de verdad entre mis manos, te digo oh animal, y te ordeno que te acerques rápidamente con humildad y le presentes la debida veneración, para que los malvados herejes comprendan de este gesto claramente que todas las criaturas están sujetas a su Creador, tenido entre las manos por la dignidad sacerdotal en el altar”. El siervo de Dios ni siquiera había acabado estas palabras, cuando el animal, dejando a un lado el forraje, inclinándose y bajando la cabeza, se acercó arrodillándose delante del sacramento del cuerpo de Cristo.

Una gran alegría contagió a los fieles y católicos, tristeza y humillación a los herejes y a los no creyentes. Dios fue loado y bendecido, la fe católica exaltada y enaltecida; la herejía perversa es desvergonzada y condenada con vituperio eternamente. El mencionado hereje, abjuró de su doctrina en presencia de toda la gente, y a partir de aquel momento prestó leal obediencia a los preceptos de la santa Iglesia (Benignitas 16,6-17).

El sermón a los peces

P. Annigoni, Sant'Antonio predica ai pesci, 1981Si los hombres, a pesar de ser inteligentes, despreciaban su predicación, Dios intervenía para mostrarla digna de veneración, cumpliendo señales y prodigios por medio de animales sin de razón. Una vez en que algunos herejes, cerca de Padua, despreciaban y se burlaban de sus sermones, el Santo se dirigió a la orilla de un río, que corría por allí cerca, y dijo a los herejes para que toda la multitud lo oyera:

A partir del momento en que vosotros demostráis ser indignos de la palabra de Dios, aquí estoy, dirigiéndome a los peces, para confundir más abiertamente vuestra incredulidad“.

Y con fervor de espíritu empezó a predicar a los peces, enumerándoles todos los dones concedidos por Dios: cómo los había creado, cómo les había asignado la pureza de las aguas y cuánta libertad les había concedido, y cómo los alimentaba sin que tuvieran que trabajar.

Mientras hablaba los peces empezaron a unirse y a acercarse a él, elevando sobre la superficie del agua la parte superior de su cuerpo y mirándolo atentamente, con la boca abierta. Mientras el Santo les habló, lo estuvieron escuchando muy atentos, como si fueran seres dotados de razón. No se alejaron del lugar hasta que recibieron su bendición.

Aquel que había hecho que los pájaros escucharan la predicación del santísimo padre Francisco, reunió a los peces y les hizo prestar atención a la predicación de su hijo, Antonio(Rigaldina 9,24-28).

El pie reinjertado

Tiziano, Il miracolo del piede riattaccato, 1511Un maravilloso milagro fue causado por una confesión. Un hombre de Padua, llamado Leonardo, refirió una vez al hombre de Dios, entre otros pecados de los cuales se había acusado, que había dado una patada a su madre, con tal violencia que la había hecho caer por el suelo de forma terrible.
El beato padre Antonio, que detestaba ferozmente todas las maldades, en fervor de espíritu y con aire de deploración, comentó: “El pie que golpea a la madre o al padre, merecería ser cortado al instante”.

Aquel hombre, no habiendo entendido el sentido de la frase, lleno de remordimiento por la falta cometida y por las duras palabras del Santo, al volver a casa no dudó en cortarse el pie. La noticia de un castigo tan cruel se difundió en un abrir y cerrar de ojos por toda la ciudad, y llegó hasta oídos del siervo de Dios. Antonio se dirigió a toda prisa a casa de éste y, después de una angustiada devota oración, unió a la pierna el pie cortado, haciendo la señal de la Cruz.

¡Qué admirable! En cuanto el Santo acercó el pie a la pierna haciendo la señal de la Cruz, pasando por encima de la pierna dulcemente sus sagradas manos, el pie de aquel hombre quedó unido a la pierna tan rápidamente que éste se levantó alegre y sano, y se puso a caminar y a saltar, loando al Señor y dando gracias infinitas al beato Antonio, que de forma admirable lo había curado (Benignitas17,36-40).

La conversión de Ezzelino

Trevisan, Sant'Antonio incontra Ezzelino da RomanoEl déspota, arrogante, pérfido y cruel tirano Ezzelino da Romano, al principio de su tiranía, había llevado a cabo un enorme secuestro de hombres en Verona.

El padre intrépido, en cuanto se enteró de lo sucedido, se arriesgó y fue a hablar con éste de persona, a la ciudad de Verona, donde residía el tirano.

Y lo enfrentó con las siguientes palabras:

“Oh enemigo de Dios, tirano despiadado, perro rabioso, ¿hasta cuándo seguirás derramando sangre inocente de cristianos? ¡Tienes sobre ti la sentencia del Señor, terrible y durísima!”.
Y muchas otras expresiones vehementes y desagradables le dijo a la cara. Sus soldados, estaban a punto de atacar, esperando que Ezzelino, como siempre, diera la orden de despedazarlo. Pero sucedió todo lo contrario, por disposición del Señor.

De hecho, el tirano, impresionado por aquellas palabras del hombre de Dios, abandonó su crueldad, y se convirtió en un manso cordero. Después, colgándose su cinturón al cuello, se inclinó ante el hombre de Dios y confesó humildemente los propios crímenes, asegurando que, según su beneplácito, repararía el mal cumplido.

Y añadió: “Compañeros de penas y fatigas, no os sorprendáis por esto. Os digo de verdad, que he visto irradiar del rostro de este padre una especie de luz divina, que me ha atemorizado hasta el punto que, delante de una visión tan abrumadora, he tenido la sensación de precipitarme rápidamente en el infierno”.

A partir de aquel día, Ezzelino tuvo siempre una gran devoción al Santo y, mientras vivió, evitó hacer muchas atrocidades que habría querido cometer, según lo que el propio tirano confiaba (Benignitas 17,42-47).

La visión

M. Franceschini, Sant'Antonio con giglio e Gesù Bambino, sec. XVIIUna vez en que el beato Antonio se encontraba en una ciudad para predicar, fue hospedado por una persona del lugar. Éste le asignó una habitación separada, para que pudiera entregarse tranquilo al estudio y a la contemplación. Mientras rezaba, solo, en la habitación, el propietario multiplicaba sus idas y venidas por su casa.

 

 

Mientras observaba con atención y devoción la habitación donde rezaba San Antonio solo, ojeando a escondidas a través de una ventana, vio entre los brazos del beato Antonio a un niño hermoso y alegre. El Santo lo abrazaba y lo besaba, contemplando su rostro incesantemente. Aquel hombre, asombrado y extasiado por la belleza del niño, pensaba por sus adentros de dónde habría venido un niño tan gracioso.

Aquel niño era el Señor Jesús. Y fue el mismo Niño Jesús quien reveló al beato Antonio que el huésped los estaba observando. Después de una larga oración, acabada la visión, el Santo llamó al propietario y le prohibió que revelara a nadie, mientras él viviera, lo que había visto(Liber miraculorum 22,1-8).

El corazón del ávaro

Tiziano, Il miracolo dell'avaro, 1511En Toscana, gran región de Italia, se estaban celebrando solemnemente, como sucede en estos casos, las exequias de un hombre muy rico. Al funeral estaba presente nuestro San Antonio, que, movido por una inspiración impetuosa, se puso a gritar que el muerto no tenía que ser enterrado en un sitio consagrado, sino a lo largo de las murallas de la ciudad, como un perro.

Y esto porque su alma estaba condenada al infierno, y aquel cadáver no tenía corazón, como había dicho el Señor según el santo evangelista Lucas: Donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.

Ante esta exhortación, como es natural, todos se quedaron estupefactos, y tuvo lugar un encendido cambio de opiniones. Al final se abrió el pecho del difuntoY no se encontró su corazón que, según las predicciones del Santo, fue encontrado en la caja fuerte donde conservaba su dinero.

Por dicho motivo, la ciudadanía alabó con entusiasmo a Dios y a su Santo. Y aquel muerto no fue enterrado en el mausoleo que se le había preparado, sino llevado como un asno a la muralla y allí enterrado . (SICCO POLENTONE, Vita di sant’ Antonio, n. 35).

El recién nacido que habla

Tiziano, Il miracolo del neonato che parla, 1511Una mujer en Ferrara fue salvada de una terrible sospecha. El Santo reconcilió a la consorte con el marido, un personaje ilustre, una persona importante de la ciudad. Hizo un verdadero milagro, al hacer hablar a un recién nacido, que tenía pocos días de vida, y que contestó a la pregunta que le había hecho el hombre de Dios.

Aquel hombre estaba tan furioso a causa de los infundados celos hacia su mujer, que ni siquiera quiso tocar al niño que acababa de nacer algunos días antes, convencido de que era fruto de un adulterio de la mujer. San Antonio cogió el recién nacido en brazos y le habló: “Te suplico en nombre de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nacido de María Virgen, que me digas en voz clara, para que todos puedan oírlo, quién es tu padre”.

Y el niño, sin balbucear como hacen los niños pequeños, sino con una voz clara y comprensible como si fuera un chiquillo de diez años, fijando los ojos en su padre, ya que no podía mover las manos, ligadas al cuerpo con las fajas, dijo: “¡Éste es mi padre!”. Se giró hacia el hombre, y el Santo añadió: “Toma a tu hijo y ama a tu mujer, que está atemorizada y se merece toda tu admiración”(SICCO POLENTONE, Vita di s. Antonio, n. 37).

El joven resucitado

G. Campagna, sant'Antonio resuscita un giovane, 1577En la ciudad de Lisboa, de donde era oriundo San Antonio -mientras todavía estaban vivos los parientes del Santo, la madre, el padre y los hermanos-, había dos ciudadanos, que eran enemigos y se odiaban mucho. Sucedió que el hijo de unos de éstos, un chiquillo, se encontró con el enemigo de la familia, que vivía cerca de los padres del beato Antonio.

Éste, despiadado, cogió al chico, lo llevó a su casa y lo mató. Después, por la noche, entró en el jardín de la familia de Santo, excavó una fosa, enterró allí el cadáver, y después huyó.

Al ser el joven hijo de una persona noble, se empezó a investigar sobre su desaparición, y se supo que había estado por el barrio donde vivía el enemigo. Se registraron su casa y su huerto, pero no se descubrió ningún indicio. Haciendo una inspección en el jardín de la familia del beato Antonio, se encontró al chico, enterrado en el huerto. Entonces la justicia del rey hizo arrestar, como asesinos del joven, al padre de San Antonio con todos los de casa.

El beato Antonio, a pesar de estar en Padua, se enteró de lo ocurrido, por intervención divina. Por la noche, pedido el permiso al guardián del convento, pudo salir. Y mientras caminaba en medio de la noche, fue con divino prodigio transportado hasta la ciudad de Lisboa. Entrando en la ciudad por la mañana, se dirigió al juez, y empezó a rogarle que absolviera a aquellos inocentes de la acusa y los dejara libres. Pero el juez no quiso hacerle caso bajo ningún motivo, y entonces el beato Antonio ordenó que lo condujeran delante del chico asesinado.

Delante del cuerpo, le ordenó que se levantara y dijera si lo habían asesinado sus familiares. El chico se despertó de la muerte y afirmó que los familiares del beato Antonio no tenían nada que ver con el delito. Consecuentemente, fueron absueltos y liberados de la cárcel. El beato Antonio se quedó haciéndoles compañía todo el día. Después, por la noche, salió de Lisboa y a la mañana siguiente estaba en Padua de nuevo(Bartolomeo da Pisa 4,19-32).

El santo amado por el mundo

 

Peregrinos rezando ante la tumba de San AntonioSan Antonio es el santo más conocido y amado en el mundo. Millones de peregrinos y devotos, de todo el mundo, visitan cada año su Basílica en Padua. No hay ninguna iglesia en el mundo que no tenga un altar, una pintura, una estatua o un fresco dedicados a San Antonio. Por no hablar de las pequeñas estatuas y de las estampillas presentes en la casas particulares.

¿Por qué este afecto, este amor tan fuerte, difundido y espontáneo?¿Cuál es el secreto de esta afectuosa e incondicional confianza con el Santo? ¿Qué características presenta esta relación especial?Numerosas asociaciones en el mundo han nacido y desarrollan sus obras bajo el nombre de San Antonio, llevando su presencia sobre todo caritativa. Desde hace siglos, en todo el mundo, millones de personas se demuestran ligadas a San Antonio con una devoción y un amor que no conocen ofuscación o recesiones.

Los devotos conocen a San Antonio por lo que él hace por ellos. Desde siempre. Antes que nada la escucha confidente. Él es el interlocutor de los pobres, que dialoga con cualquiera que tenga un sufrimiento que compartir en el cuerpo o en el espíritu. Muchos ni siquiera saben dónde nació, su historia, su doctrina, pero lo experimentan como protector y benefactor de sus vidas.

San Antonio se convierte en compañero de viaje en la cotidianidad de la vida. No es sólo un distribuidor de gracias y de favores a quien recurrir cuando es necesario. Es el hermano mayor, el amigo confidente, siempre presente y disponible para las personas con todos sus problemas, grandes y pequeños.

Los devotos que piden luz para la propia existencia. Le piden que ayude a quien está perdido, que consuele a quien sufre, que ayude a los pobres y a los olvidados.

Éstos lo reconocen y lo aman con el lirio (la pureza y la transparencia de vida), con el Niño Jesús (signo de una amor tierno y disponible), el libro (la Palabra de Dios)..

Los devotos sienten a San Antonio como el intercesor y benefactor en nombre de Dios. San Antonio es el rostro de la bondad auxiliadora de Dios, que en él se desvela y se hace realidad concreta y tangible. San Antonio es sentido también como la misericordiosa y delicada llamada a la conversión y a la penitencia.

El amor expresado en la devoción

Además de en la oración personal, la devoción a San Antonio se manifiesta a lo largo de los siglos con algunas expresiones especialesque duran todavía hoy y que a continuación repasamos de forma breve.

Es el gesto más característico que los peregrinos cumplen en la basílica antoniana. La mano en la Tumba

Trevisan, San Antonio moribundoAdemás de expresar la necesidad de un contacto concreto con el Santo, es un gesto de fe y de confianza, acompañado por la oración silenciosa del corazón.

A centrar la atención sobre el Santo no es una estatua o una imagen, que no faltan, sino su Tumba.
La Trecena

Con este término se entienden los trece días de preparación a la fiesta de San Antonio que tiene lugar el 13 de junio. La Trecena se repite todavía en nuestros días en la Basílica y en otros santuarios antonianos o iglesias franciscanas, como también de forma privada en muchas familias.

Pero con este mismo término se entiende también una oración articulada en trece puntos, que recorre los aspectos más significativos de la vida y de la santidad de Antonio, intercalándolos con las oraciones más comunes de la piedad cristiana.

El Tránsito

Celebrado hace años con muchas y distintas oraciones y cantos, el tránsito sigue siendo una ceremonia sugestiva. Recuerda los últimos momentos de la vida terrena de San Antonio: viendo la muerte cercana, se hizo llevar por un carro tirado por bueyes de Camposampiero a Padua, donde deseaba morir. Llegado a la Arcella tuvo que detenerse y allí expiró serenamente, confortado por la visión de Jesús.

La muerte ocurrió el viernes, 13 de junio de 1231, cuando oscurecía. Por esto sus hermanos de la Basílica cada viernes cuando oscurece, con una simple pero impresionante celebración, recuerdan el momento del tránsito.

El “Si quaeris”

Son las primeras palabras latinas (en español: Si buscas) con las que inicia la oración quizás más conocida en honor a San Antonio, y por lo tanto muy buscada por los muchísimos devotos que llegan al Santo y que se encuentra en varios opúsculos o libretos de oración, incluido éste.

La música al Si quaeris la hicieron los celebres compositores de la Capilla Musical del Santo, el texto se remonta a fray Giuliano da Spira que lo compuso en 1235, como responsorio del Oficio rítmico (hoy llamado Liturgia de las horas) para la fiesta de San Antonio. Se llama “responsorio” (del latínrespondère, o sea responder porque hay un solista, que proclama o canta un texto, y le responde el coro con expresiones iguales o de análogo contenido.

Protección para los niños

Peregrinos en la Basílica durante la fiesta de San AntonioSan Antonio tuvo una predilección especial por los niños. Entre los milagros que realizó, cuando estaba vivo, más de uno hace referencia a los niños.

Por esto ha arraigado la tradición de poner a los niños, desde su nacimiento, bajo la protección del Santo.

A esta costumbre le sigue la de poner a los niños un pequeño sayo franciscano para agradecer al Santo la protección recibida y hacerla conocer a los demás.Bendición de los objetos

Más allá de las inevitables exageraciones, no se puede ignorar la necesidad de concreción propia de la religiosidad popular y las dolorosas experiencias que llevan a tantos fieles a pedir estas bendiciones. A menudo se trata de objetos religiosos que se quieren llevar a casa como recuerdo duradero y visible del encuentro de gracia ocurrido en la Basílica; o regalar a las personas queridas para extender también a ellos la protección del Santo. Otras veces se trata de fotos de familiares que sufren enfermedades o padecen desórdenes en la vida; o algún indumento, comida o bebida que llevar a quien lucha entre la vida y la muerte.En la Capilla de las bendiciones, a los fieles les gusta hacer bendecir también los objetos personales.

Los motivos que acompañan a estos humildes gestos de invocación no se revelan completamente ni siquiera al sacerdote. Es cierto que el valor de la fe está muy vivo y empuja a inducir a olvidarse de las numerosas formas de ligereza y reiteración.

El pan de San Antonio

En algunas iglesias franciscanas o, unidas de forma especial a San Antonio, el día de su fiesta (13 de junio) existe la costumbre de bendecir pequeños panecillos, que después se distribuyen a los fieles y se consumen por devoción. En algunos países son los mismos fieles o algunos de ellos a tomar la iniciativa.

Dicha devoción deriva sin duda de la iniciativa del “pan de los pobres” que en el pasado era muy viva en las iglesias. Todavía hoy, en la Basílica, realizan su labor la Caritas antoniana y el Pan de San Antonio, dos organismos humanitarios que expresan en modelos actuales la ayuda material hacia los necesitados.

El acentuado y complejo fenómeno de la caridad, que va a parar al santuario, depende sin duda de la generosidad que los peregrinos ponen a disposición de los pobres. Pero lo que éstos cumplen es la continuación del agradecimiento hacia el Santo tan pródigo de consejos, ayudas y gracias. Basta recordar el conmovente episodio de una joven madre que, después de haber visto a su hijo curarse por intercesión del Santo, decidió ofrecer al convento durante un cierto periodo de tiempo tanto pan como pesaba su hijo, para que pudiera ser donado a las madres pobres.

Los mensajes-súplica a San Antonio

Muchísimos devotos escriben a San Antonio. “Cuando vas a la Tumba de San Antonio tendrías muchas cosas que decir. No consigues decirlas porque ni siquiera allí tienes tiempo. Hay mucha gente que como tú tiene muchísimas cosas que confiarle. Querrías dejar allí algo tuyo. Que estuviera allí, en tu sitio, para ser recordado. Para prolongar un diálogo que el tiempo, la prisa interrumpen demasiado deprisa”.

Es una de las confidencias de los devotos que dejan una carta, una oración, una súplica, un mensaje, dirigidos a San Antonio. Son mensajes que evocan una confianza enorme, espontánea, que no conoce fronteras de idioma o nación.

Al fondo de la Basílica los devotos encuentran una postal especial, que pueden escribir para poner bajo la protección de San Antonio a sus seres queridos. Una vez escrita, se deja bajo la Tumba de San Antonio. Es una señal muy personal, que está allí, junto a San Antonio, como para custodiar y prolongar el pensamiento de los devotos, que ellos llevan a casa, después de haberlos compartido y puesto bajo su proteccióni.


Los sermones

 


¿Qué son?

Miniatura con san Lucas, de un manuscrito de Grottaferrata, s. XIIISan Antonio es también un escritor.

Es, en verdad, el “santo de los milagros”, el santo popular que nos hace volver a encontrar las cosas perdidas, pero sobre todo es el gran maestro espiritual como lo indica el título de “doctor evangélico” que le ha concedido la iglesia.

¿Qué son los Sermones?

Su identidad espiritual e intelectual en los siglos pasados ha permanecido escondida por su fortísima personalidad carismática, en la cual se arraiga el impresionante fenómeno de devoción popular a nivel mundial, llamado”fenómeno antoniano”. Su enseñanza sigue siendo válida y eficaz aún para nuestros tiempos.

Se trata de 53 sermones dominicales, escritos en Padua durante el trienio de su encargo como Ministro Provincial del norte de Italia (1227-1230). A éstos se deben agregar otros 4 para las fiestas marianas incluidos después del sermón para el XII domingo después de Pentecostés. En cambio, se ocupó de los sermones festivos en las postrimerías de su vida (a fines de 1230 y enero de 1231) por orden de Rainaldo de Jenne, cardenal de Ostia (más tarde papa Alejandro IV), pero alcanzando sólo la fiesta de San Pablo (entonces el 30 de junio) para un total de 20 sermones.

Contrariamente a lo que el título nos pueda hacer creer, la enseñanza de Antonio nada tiene en común con el género de sermones predicados al pueblo, según un estilo vivo y pastoral que espontáneamente imaginamos en los orígenes del franciscanismo. El ciclo de los Sermones prolonga los cursos que el Santo imparte a los frailes menores, jóvenes y menos jóvenes para formarlos en un modo de predicación substancioso.

El sermón de San Antonio es un sermón docto, escrito en latín medieval, colmado de gran erudición. Se pone de manifiesto claramente a partir de la amplia exposición de la Sagrada Escritura, de la increíble abundancia de citas escriturales directas (¡Son más de 6200!), del frecuente retorno a la doctrina de los Padres y de los teólogos, de los filósofos y de los poetas paganos, de las abundantes citas de expertos en ciencias naturales, en particular modo de Aristóteles y de Solino.

Al acercarnos a los escritos del Santo debemos tener presentes algunos datos. Antonio desarrolló su actividad apostólica en el tercer decenio del siglo XIII.

Es un hijo de su tiempo, ya sea por la formación religiosa como cultural. Él está muy ligado a la corriente patrística, renovada por los doctores de su tiempo.

Miniatura con san Marco, de un manuscrito de Grottaferrata, s. XIIIEn el medioevo la predicación se basaba casi únicamente en la Sagrada Escritura. La predicación partía de una cita bíblica porque la Sagrada Escritura era considerada la fuente propia de toda doctrina sagrada o teológica.

La cita era llamada “autoridad” ya que como Palabra de Dios tenía en sí misma la virtud de probar la enseñanza que se impartía.

También San Antonio ha seguido este método. Su obra, los Sermones, habla de la Sagrada Escritura. Es más, con sus Sermones, el Santo pretende exponer toda la Escritura para sacar de ella toda la sagrada enseñanza.

Además, se debe destacar la excelente articulación del sermón, compuesto por un prólogo que lo introduce de manera solemne, la múltiple división del tema en sus diferentes aspectos y el desarrollo de estos de acuerdo con los diversos modos de interpretar las citas de la Sagrada Escritura.

Es todavía un sermón escolástico: está orientado hacia la utilidad ya sea de quienes enseñan como del auditorio. El prólogo de los Sermones no tiende a captar la benevolencia del auditorio, antes bien tiene por objetivo, enseñar el método de la predicación. Las argumentaciones en la exposición del tema no están hechas mediante silogismos, sino con citas tomadas de varias fuentes: la Escritura, los Padres, las ciencias naturales. La variedad de los temas y las concordancias que los unen dan al sermón una gran amplitud y variedad, como si fuera un comentario.

En fin, se trata de sermón escrito, no simplemente hablado. Da la impresión de ser una nueva versión de cuanto ha dicho el Santo ya sea en su predicación como en la escuela, y siempre para la utilidad tanto pública como privada; por lo tanto no es una simple prédica, sino un tratado de materias sagradas, expuestas en forma de homilía.

Considerado bajo este aspecto, el sermón es un ”género literario” usado en los tiempos del Santo.

El mismo San Antonio demuestra conocer muy bien el aspecto literario del Sermón, cuando desaprueba la conducta de los melindrosos, quienes aun leyendo mucho, jamás llegan a la verdadera ciencia. Dice el Santo: “Oh curioso, que te afanas y extiendes tu actividad en tantas direcciones, vete, no digo donde la hormiga, sino la abeja, y aprende su sabiduría. La abeja no se posa en tantas especies de flores … De su ejemplo aprende a no dar oídos a las diferentes flores de palabras, a los diferentes librejos; y a no abandonar una flor para saltar a otra, como hacen los melindrosos que hojean siempre libros criticando las prédicas, midiendo las palabras, pero sin llegar jamás a la verdadera ciencia; tú, en cambio, recoge de un libro lo que te hace falta y colócalo en la colmena de tu memoria” (Sermón del XI domingo después de Pentecostés, n. 13).Se incluye en este género literario por ejemplo la castigatio clericorum, es decir, las severas reprobaciones dirigidas al clero, muy frecuentes en losSermones del Santo. En el sermón escrito esta castigatio no estaba en contraposición con la indulgencia y con la caridad; aunque ésta tenía como fin pastoral tanto la formación del clero, para que escapara de los vicios, como la reprensión de los clérigos en edad madura, ya que los Sermones, al ser material de estudio, podían pasar por manos de cualquier categoría de clérigos, desde aquellos de humildes encomiendas hasta los de vasta responsabilidad, o sea a los prelados.

En el aspecto literario es un deber señalar también otras características de los Sermones, como las exposiciones doctrinales, el modo de expresarse del Santo, los comentarios escriturales, las anécdotas, las oraciones conclusivas, el discurso directo con el lector, las fórmulas introductorias, la lengua latina.

En las exposiciones doctrinales el Santo no siempre es sistemático, pero aprovecha las diferentes ocasiones que el tema le sugiere. Baste el ejemplo del domingo de Septuagésima. El tema es la obra de la creación en seis días, a los que se añade el séptimo día, el del reposo. El Santo expone anteriormente los artículos de la fe, es decir, las virtudes del alma, y en tercer lugar las recompensas de la patria celestial.

El “sermón” de Antonio aún dista mucho del estilo escolástico de la quaestio ya en voga en la universidad de París.

El estilo, el modo de expresarse de Antonio, es práctico, no especulativo. Está compuesto por imágenes, por figuras, como proponen la Sagrada Escritura y la experiencia.

Los comentarios escriturales: como hemos visto, la estructura del sermón consiste en un tema tomado de la Sagrada Escritura y en su exposición, en la definición del eventual nombre que se encuentra en la cita, en la distinción de los diferentes argumentos, en la enucleación del sentido espiritual, en la cita de varios pasajes escriturales que concuerdan con el principal. En todo esto se desarrolla el comentario de la propia Sagrada Escritura.

Los Sermones son reavivados por frecuentes ejemplos, anécdotas y narraciones de diferentes géneros. Sirven para recordar los diferentes usos y costumbres, o para relatar hechos acaecidos en la antigüedad.

Las oraciones se encuentran al final de los Sermones o de las diferentes partes en que éstos se dividen. Expresan peticiones al Señor, o sondoxologías, es decir oraciones conclusivas de alabanza a Dios, a Cristo o a la Santísima Trinidad.

Con bastante frecuencia el Santo se dirige directamente a los lectores o mejor dicho a los oyentes, tratándose de textos ofrecidos a los predicadores. Un ejemplo muy significativo lo encontramos en el primer Sermón del segundo domingo de Cuaresma , en la segunda parte del n. 5: “Aquí la escalera está puesta. Entonces, ¿por qué no suben”? ¿Por qué continúan? …

Los Sermones tuvieron muy poca suerte. Esto no se debió a la forma y al contenido de los Sermones, sino más bien al cambio de cultura.

Poco después de la muerte del Santo, se instaura en Europa la llamada “Escolástica”, que constituye una mutación-evolución radical del pensamiento filosófico-teológico cristiano en Europa.

Junto al desarrollo doctrinal patrocinado por una cohorte de genios (Alberto Magno, Tomás de Aquino, Buenaventura, Juan Duns Scoto, por citar algunos), tenemos una nueva elaboración igualmente profunda a nivel pastoral-litúrgico.

Miniatura con la Natividad, de un código de un Libro de horas, Grottaferrata, s. XIVSe comienza a impartir teología en modos totalmente diversos de los adoptados por Antonio y su mundo cultural. En semejante clima los Sermones se consideran como un crespón de rosas de otoño: bellísimas y fragantes pero florecidas en el umbral del invierno. Rosas en fase terminal, se diría. Antonio es hijo del siglo XII, un preescolástico, unido aún sólidamente a la corriente patrística. Su obra pronto se sintió como superada. No se leía más la Biblia así, ya no se predicaba así. Los sacerdotes tenían a su disposición prontuarios predicables más manuables y prácticos, en donde se encontraba ya listo el sermón, bastaba darle una hojeada. Resultaba que Antonio empeñaba demasiado. Su lenguaje, su planteamiento mental, requerían una colaboración diferente, una perspectiva cultural distinta.

La finalidad

¿Por qué San Antonio escribió los Sermones?

Como por obediencia había comenzado en Romaña el ministerio de la predicación, así empezó a compilar los Sermones, por obediencia al obispo de Ostia, Rainaldo de Jenne, futuro papa Alejandro IV. San Antonio también se sintió motivado por un vivo sentimiento de caridad hacia las perseverancias formativas de sus hermanos. En efecto, con el advenimiento de la pequeña escuela teológica entre los minoritas de Bolonia, a fines de 1223 o al inicio del 24,Antonio se convertía en el protagonista de la evolución intelectual de la Orden con el permiso escrito de San Francisco.

Gracias a la difusión de los estudios sagrados, se operaba una profunda transformación en la “gente pobre”, con consecuencias imprevisibles y también revolucionarias (se entiende que no todas en sentido positivo) para la entera fraternidad y para el ideal originario del movimiento seráfico. De una corriente espontánea caracterizada por una absoluta sencillez y pobreza, de una resuelta decisión de los “últimos”, la de los Menores, se convertía con un rápido paso de los años y tratando de no renegar de la huella primitiva impresa por el Poverello, en una corporación de doctos, una expresión entre las más importantes de la “inteligencia” del medioevo occidental. Antonio fue el pionero de esta gran transformación, aportándole toda la riqueza de la propia formación monástica agustiniana.

Pagina di un codice di Grottaferrata, sec. XIIIEs el tipo de formación que él recibió en el monasterio de Santa Cruz en Coimbra. En el interior de esta corriente teológica, llegada a los monasterios en el período de máximo esplendor justamente en el siglo XII, se observa un cierto pluralismo en los diferentes monasterios.

Pero en estas teologías hay un denominador común:promueven toda la experiencia de Dios en el amor y la pietas - simplicitas - humilitas de los monjes y de los canónigos regulares. Estamos ante una concepción de la teología del todo similar a la de San Agustín, que responde plenamente al espíritu franciscano.

Los Sermones que nosotros poseemos no son los que San Antonio pronunció a viva voz ante el pueblo. Son más bien el fruto de una doble fatiga: la enseñanza impartida a los frailes y la predicación a los fieles.

Por lo tanto presentan un doble aspectoescolástico y pastoral.

Escolástico, porque reflejan el método usado en la enseñanza y en la formación de los frailes. La enseñanza se refería al ministerio de los sacramentos y de la predicación que después sus alumnos u oyentes habrían ejercitado entre los fieles.

Pastoral, porque reclaman la predicación hecha a los fieles.

Si el fin general de los Sermones, como se deduce del prólogo, es el honor de Dios y el bien de las almas, el fin específico es la instrucción de los hermanos y el deseo de ofrecerles una ayuda para su vida religiosa, además de la necesaria instrucción para una justa administración de los sacramentos y el válido mensaje de la Palabra de Dios.

Por tanto los Sermones están destinados directamente a sus hermanos, para poner en sus manos un medio que los ayude a ejercer el apostolado dentro del pueblo.

Los diferentes autores y escritores que en el pasado o recientemente han querido profundizar en la naturaleza de los Sermones de San Antonio, han expresadoopiniones substancialmente concordantes, de las cuales referimos algunas.

“Sus prédicas aparecen como un verdadero mosaico de textos bíblicos colocados uno cerca del otro, combinados, concordados, encadenados,entrelazados. Además, el estilo mismo del Santo está completamente impregnado de sabor bíblico, con transparentes y continuas alusiones a conocidos pasajes de la Sagrada Escritura” (L. Gonzaga de Fonseca).

¿Qué son los Sermones de San Antonio? No son un manual o una suma teológica… No se pueden definir tampoco como una colección de comentarios de la Sagrada Escritura… Tampoco son un manual de exégesis bíblica, ni la exposición mística de innumerables textos de la Sagrada Escritura… Son más bien un manual o un prontuario de predicación que el Santo ofrece a sus hermanos para sugerirles temas, argumentos, pensamientos para desarrollar, según las ocasiones más variadas, en el ejercicio del ministerio apostólico. (D. Scaramuzzi)

“En modo más conciso y preciso, podemos definir los Sermones como la obra principal del Santo: Sermonario litúrgico bíblico teológico de preparación próxima y especialmente remota, en particular de los frailes menores, para la predicación” (S. Doimi).

La estructura

¿Qué estructura presenta el sermón antoniano?

San Antonio sigue este orden:

1. expone el texto sagrado según el sentido literal y las diferentesaplicaciones espirituales: alegórica, moral y mística;

2. articula el Sermón propiamente dicho, el cual se compone delprólogo, de la exposición del tema y del epílogo, todo concebido como instrumento para exponer la doctrina y exhortar a los oyentes a aplicarla en la vida;

3. sigue de cerca el uso que se hace de la Sagrada Escritura en la liturgia; esto ofrece la oportunidad de comentar en cada sermón nada menos que cuatro argumentos, tomados de la Biblia: una narración del Antiguo Testamento propuesta por el oficio divino, elintroito, la epístola y el evangelio tomados de la misa dominical. De esta manera en el transcurso de un año se trata toda la Sagrada Escritura;

4. comenta la Escritura con las concordancias que de nuevo reúnen entre sí los cuatro temas del sermón y explican cada uno de los temas introduciendo otras citas de la Sagrada EscrituraLaconcordancia consiste en explicar la Sagrada Escritura por medio de la Escritura misma. Una sentencia del evangelio es explicada con una sentencia del Antiguo o del Nuevo Testamento, y así se procede con todos los demás argumentos.

De esta forma -informa el Santo- hemos construido una cuadriga que, como aquella de Elías, alzará el alma de las cosas terrenas llevándola a una celestial familiaridad con aquellas del cielo (ver Prólogo, n. 5).

Miniatura con san Marco, da un manoscritto di Grottaferrata, sec. XIIIPor lo tanto la obra de San Antonio, ya sea por el objetivo que se ha fijado como por el método seguido, puede ser definida como un tratado de doctrina sagrada tomada de la Escritura y no una simple serie de Sermones concebidos como prédicas. Tiene sólo la estructura exterior del sermón. Ésta es sólo un género literario, o sea un método para impartir la enseñanza. Es la Sagrada Escritura la que presta toda la estructura interior y esencial.

San Antonio no llama jamás a su trabajo“Sermones”, sino sólo opus, obra. Además, que es un tratado de toda la Escritura se deduce del hecho de que él no parte del primer domingo de Adviento como hace el año litúrgico, sino del domingo de Septuagésima (tres domingos antes de Cuaresma) en el cual en el oficio divino se comenzaba a leer la Sagrada Escritura, partiendo del libro de Génesis: “Al principio Dios creó el cielo y la tierra” (Gén 1,1). El Santo mismo lo confirma en el prólogo antepuesto al primer domingo después de Pentecostés.

LLa lengua de los Sermones es el latín medieval, es decir, de la baja latinidad. Presenta una cierta elegancia. No es un latín burdo.

El Santo comienza sus Sermones con la fórmula litúrgica: ”En aquel tiempo: Dijo Jesús…”; o también: “En aquel tiempo: Mientras una gran muchedumbre…”

El prólogo de los Sermones tiene varios inicios: “Se lee en el primer Libro de los Reyes…”; “Encontramos en el tercer Libro de los Reyes…”; “Salomón, en el Eclesiastés, se dirige a los predicadores diciendo…”; “Dice Juan en el Apocalipsis…”; “Dice el Señor por boca de Isaías…”

La división del tema es enunciada con las palabras: “Observa que en este evangelio se ponen en evidencia dos argumentos…”

Después entra en argumento con las palabras “Dicamus ergo…”. Y después de haber hecho algunas citas concordantes, regresa al tema principal, es decir, a las palabras del evangelio, del cual hace un breve resumen. He aquí un ejemplo:”Tal es la justicia que hace justos a los penitentes de la cual el Señor dice:”Si vuestra justicia no es mayor que la de los fariseos, etc. Y observa que la justicia es aquella por medio de la cual, con juicio imparcial, se da a cada cual lo suyo” (Sermón del VI domingo después de Pentecostés).

La exposición del tema, tanto principal como secundario, comienza con las palabras: “Observa que”, y similares; en cambio, cada una de las partes del tema comienza con la palabra “ítem”: igualmente, así también, etc.

La explicación del nombre ocupaba el primer lugar en la ilustración del tema, pero también la cosa indicada por el nombre exigía ulteriores explicaciones. También San Antonio seguía este método, y en efecto en el prólogo general advierte que ha explicado las etimologías y la naturaleza de algunos elementos como ornamentación de sus Sermones para facilitar la mejor comprensión del argumento tratado: “…al inicio de cada evangelio hemos antepuesto un prólogo apropiado y hemos introducido aquí y allá descripciones de elementos naturales y de animales y etimologías de nombres, interpretados en sentido moral” (Prólogo, n. 5).

Antonio tomó la interpretación de los nombres de la Glosa y de otras fuentes; las etimologías de Isidoro; las descripciones de la naturaleza de las cosas todavía de Isidoro y de otros autores. Las descripciones de la naturaleza de los animales, de sus cualidades, introducidas con las palabras “dice la Historia Natural” son tomadas de la obra Los animales de Aristóteles, o de la obraPolistoria de Solino.

En los Sermones del medioevo los ejemplos se referían para confirmar la exposición del tema y se narraban principalmente al final del sermón. En el sentido exacto, los ejemplos consistían en hechos de la Sagrada Escritura y de la vida de los santos, pero en el amplio sentido eran ejemplos también los usos y las costumbres de la gente, eventos que suceden día a día, dichos de los paganos, fábulas, descripciones de cosas y de animales. Los dichos de los paganos son presentados con las palabras: “dice el Filósofo”, las historias y las fábulas con las palabras “se dice”, “dicen”, “se cuenta”, etc.

El epílogo, es decir, la conclusión del sermón, consiste en una oración para pedirle a Dios aquellos bienes de los que se ha hablado en el sermón.


Los contenidos

¿De qué hablan los Sermones?

 

Miniatura con san Luca, da un manoscritto di Grottaferrata, sec. XIIILos Sermones, en general, hablan de la fe y de las buenas costumbres.

El Santo enseña la pastoral a los predicadores: cómo deben enseñar a los fieles la doctrina del evangelio, cómo deben administrar los sacramentos, sobre todo la penitencia y la eucaristía.

 

Al hacer esto, recurre a la orden, a la persuasión, a la enseñanza y también a la amarga reprimenda. Con frecuencia une la enseñanza a la reprimenda. Primero enseña cuales deben ser las costumbres de los sacerdotes y de los prelados, por lo tanto expone cuales son éstas en realidad.

Con frecuencia San Antonio trata también problemas relacionados con la sociedad civil y la eclesiástica. En la sociedad civil distingue las diferentes clases de personas: están el emperador, el rey, los militares, los burgueses o ciudadanos; están los mayores y los menores, los ricos poderosos y los pobres, los “campesinos”, o sea los habitantes del campo; están los mercaderes, los legistas o decretistas, o sea los abogados.

En la Iglesia aparecen los prelados y sus súbditos, o sea los obispos y sus fieles; los justos, o sea los fieles practicantes, los herejes y los cismáticos; los falsos cristianos y los simoníacos. Junto a los fieles se encuentran después los sarracenos y los judíos. Los fieles son, según su forma de vida: ermitaños, monásticos, penitentes; o: clérigos, religiosos y seculares. Los fieles, en cuanto penitentes y en razón de la vida que practican son: contemplativos, predicadores o de vida activa…

San Antonio formula juicios sobre estas dos sociedades, la civil y la eclesiástica, pero siempre en relación con las costumbres, y su juicio sobre la situación del tiempo es de severa condena: “¡Las costumbres son depravadas!”, tanto en los mayores como en los menores, en la sociedad civil, tanto en los clérigos como en los laicos, en la Iglesia; en los prelados como en los clérigos, tanto en los clérigos como en los religiosos, en suma en toda la sociedad eclesiástica. Por doquier reina la codicia, es decir, la soberbia y la vanagloria; la libídine del dinero, o sea la avaricia y la envidia; la libídine de la carne, o sea la gula y la lujuria.

Después de la exposición de los deberes, sigue siempre la desaprobación de los vicios. No hemos podido saber si el Santo, en su condena general, se refiere a hechos o personas aisladas, pero sus palabras, tan severas y precisas lo hacen sospechar.

Quien buscara allí la ingenua expresión franciscana de los orígenes, quedaría desilusionado e irritado. Sin embargo, la sustancia franciscana está presente, traducida en términos bíblico-patrísticos, en un latín abigarrado y refinado, en una expresión lacónica, pasional, muy rica de imaginación.

Palpita dentro la pasión por la “penitencia”, es decir, la conversión de una vida fatua y maléfica a la existencia evangélica. Descubrimos la predilección por los humildes, los pobres, los simples, los marginados, por la salvación de aquellos por los que Antonio se entregó completamente. Está presente el ardor por la incesante y radical reforma de la Iglesia y de sus pastores, expresada en un lenguaje vehemente, indignado, a veces candente, otras desolado y turbado. Está la ternura hacia Jesús niño y crucificado, un ímpetu de cálida devoción a la Virgen pobre y gloriosa: temas de la piedad del XIII, destinados a arraigarse en la religiosidad popular.

Observamos allí el anhelo de la perfección cristiana, de la separación de las caducas y falsas realidades terrenales, del amor por la Virgen de la Pobreza, a la nostalgia por el cielo. La forma resulta entonces amplia deudora de la tradición cultural de la Iglesia, mientras los contenidos están vitalmente impregnados de sensibilidad franciscana, aquella primavera espiritual de la cual Antonio fue uno de los mayores protagonistas.

 

Las fuentes

¿En qué textos se inspiró San Antonio?

Como ya se ha dicho, la primera fuente de los Sermones del Santo es la Sagrada Escritura, la segunda es la doctrina de los Padres. Otras fuentes menores son los dichos de los sabios paganos, las ciencias naturales, históricas y filológicas.

También San Antonio, como hacían los Padres, encuentra en la Sagrada Escrituradiversos significados, y los sigue en su interpretación. En la Sagrada Escritura, como es conocido, se pueden tomar dos significados fundamentales: el literal, o histórico, y el espiritual, que como dice Santo Tomás, se basa siempre en el sentido literal y de él se deriva. El significado espiritual a su vez puede ser alegórico, que conduce a la fe; moral, que guía al comportamiento justo; ymístico, que eleva a la contemplación de las realidades celestiales.

En sus Sermones San Antonio trata todos estos significados. Después de haber explicado brevemente el significado literal, se detiene un poco más en el significado alegórico, pero se detiene sobre todo y más ampliamente en el significado moral, con el cual desarrolla todo su sermón. Raramente explora el significado místico.

Por lo general San Antonio cita la Sagrada Escritura en modo explícito y directo, refiriendo con precisión el nombre del libro o del autor y el texto.Algunas veces refiere la cita sólo por su sentido. A menudo con el nombre del libro de la Escritura señala también el número del capítulo.

El texto que San Antonio cita es el de la Vulgata - es decir, la traducción realizada por San Jerónimo y aprobada por el papa Dámaso I (siglo IV) – pero sonnumerosas las variantes. El Santo cambia con frecuencia las palabras por separado, las agrega o las omite. Esto puede depender de las diferencias en el texto de la Vulgata que él usaba, y nosotros no sabemos cuál fue, o también porque citaba frecuentemente de memoria, o quizás porque él mismo introducía pequeñas variantes para adaptar mejor el texto al argumento que trataba en el sermón.

Los Padres a los que recurre con mayor frecuencia son Ambrosio, Jerónimo, Agustín, Gregorio, Isidoro, Bernardo, Beda, Juan Damasceno, Orígenes, y algunos otros.

Además, recurre con frecuencia a la Glosa, también sin citarla, ya sea laordinaria como la interlineal. La Glosa era el comentario que se hacía a la Sagrada Escritura, así como también a otros textos, al margen o entre las líneas de los antiguos códigos.

Antonio tuvo a disposición también colecciones, o florilegios, de las sentencias de la Escritura y de los dichos de los Padres y de los escritores eclesiásticos, pero no sabemos cuáles fueron.

San Antonio cita con cierta frecuencia también máximas o sentencias de filósofos o escritores paganos, y versos de poetas. Entre los filósofos recordamos a Aristóteles, a Cicerón (que él cita con el nombre de Tulio), Séneca, Publio Siro y Catón. Los poetas recordados son Horacio, Ovidio, Juvenal y Persio.

En los Sermones se encuentran también algunas rimas del medioevo, dichos y proverbios populares de aquel tiempo.

En lo que respecta a las ciencias naturales, el Santo se detiene con gusto en narraciones y descripciones de cosas y de animales; habla de anatomía, de fisiología, de zoología, de botánica y de mineralogía. Se refiere a Aristóteles, Solino, Isidoro (especialmente para las etimologías).

Junto a la exégesis bíblica aparece con frecuencia “la exégesis de la naturaleza”. El Santo parece colocarlas al mismo nivel: ambas contienen la revelación y la Palabra de Dios; de ambas brota la enseñanza de la verdad, en ambas se puede entrever el bien y el mal, lo que viene de Dios y lo que es imputable al hombre.

El Santo no pretende ser ni científico ni literato. Su tarea es sólo la de enseñar el comportamiento según el Evangelio, de inducir a vivir cristianamente y a tender a la perfección. Cuando entre tantas que conoce, escoge aquellas largas descripciones de animales y su comportamiento, de monstruos fabulosos, del hombre, de la mujer, de los órganos y de los sentidos del cuerpo, él desea revelar el diseño divino, describir en sus etapas una operación divino-humana que se cumple en las facultades espirituales del hombre.

Cuando relata las descripciones de Aristóteles, de Plinio, de Solino, de Isidoro, de los “bestiarios” medievales, él no se plantea el problema si y hasta qué punto sería cierto y probado lo que sacaba de aquellas obras. No es la narración en sí lo que le interesa, sino lo que significa. Deleita y sobre todo instruye. El Santo se sirve de aquellas descripciones no para hacer ciencia o literatura, sino únicamente porque le eran útiles en su caso, y las transcribía de obras entonces reconocidas como científicas, aunque hoy puedan parecernos nada más que bellas e ingenuas fábulas.

Ciertamente tampoco Antonio podía creer que cuatro animales fueran tan extraños y singulares como para vivir sólo de agua (la anchoa), sólo de aire (el camaleón), sólo de fuego (la salamandra) y sólo de tierra (el topo). Sin embargo se detiene por más tiempo a describir sus costumbres fabulosas e increíbles. Pero el motivo está claro de inmediato cuando dice que ve en el pececito al humilde penitente que vive de lágrimas, en el camaleón al contemplativo que vive en el cielo de la contemplación, en la salamandra al caritativo y misericordioso que vive del fuego de la caridad, en el topo al hombre despreciado y solitario porque reconoce ser sólo tierra.

En los Sermones son muy frecuentes las etimologías. La etimología es la ciencia que estudia el origen de las palabras. Antonio enumera las etimologías entre aquellas “palabras elegantes y rebuscadas” tan deseadas por los oyentes de su tiempo. Las etimologías formaban parte de la exposición del tema del discurso, más bien eran el primer modo de exponer el tema, dando precisamente la definición o la explicación, el significado “original” de los nombres, de los términos claves.

Antonio no pierde ocasión para explicar una etimología, para hablar de una planta, donde vive, qué uso se le da, qué se dice de ella, para mantener despierto al auditorio, para inculcar la verdad a través de las imágenes, usos y costumbres, etc. Las etimologías de San Antonio podrían ser llamadas entonces“artificios literarios”, con frecuencia geniales. Antonio hace de la palabra un instrumento mnemónico que imprima mejor en la mente del auditorio su enseñanza.

Antología

¿Cómo escribía San Antonio?

Se trata de breves pero intensos pasajes, entre la gran cantidad presente en las más de 1260 páginas del volumen de los sermones que los recoge,traducidos por y al cuidado del padre Giordano Tollardo y editado por las Edizioni Messaggero di Sant’AntonioMiniatura con san Luca, da un manoscritto di Grottaferrata, sec. XIIIOfrecemos aquí una breve antología tomada de losSermones, para “escuchar” en vivo algunas expresiones del pensamiento y de la espiritualidad.San Antonio escribe inspirándose directamente en la Palabra de Dios, que cita de memoria. Es frecuente también la referencia a los grandes Padres de la Iglesia. Los Sermones de San Antonio son un itinerario bíblico y de sabiduría ofrecido a quien quiera acercarse a Dios y cambiar de vida guiado por su Palabra.

La pasión de Cristo

La pasión de Cristo atrae a muchos hacia él, más que todo el resto de su vida. Se cumple así lo que dijo (Jn 13, 32): ¡Cuando seré alzado de la tierra atraeré a todos hacia mí!

Por cuatro motivos, a mi modo de ver, el Señor mostró a los apóstoles las manos, el costado y los pies.

1. Primero, para poner en evidencia que en verdad había resucitado, y quitarnos toda duda.

2. Segundo, para que la paloma, es decir, la Iglesia o el alma fiel, pudiera hacer el nido en sus heridas, donde esconderse de la presencia del gavilán que amenaza con raptarla.

3. Tercero, para imprimir en nuestros corazones, como señales,los estigmas de su pasión.

4. Cuarto, para mostrarlos rogándonos que compartamos sus sufrimientos, para que evitemos crucificarlo nuevamente con los clavos de los pecados.

Nos presenta entonces las manos y el costado, diciendo: “¡He aquí en qué modo han sido traspasadas con clavos las manos que os han forjado! ¡He aquí el costado del cual vosotros los fieles, mi Iglesia, habéis sido generados, como Eva del pecho de Adán! Ha sido abierto con la lanza, para abriros la entrada del paraíso, que fue cerrada por el querubín con la espada resplandeciente”. En efecto, la virtud de la sangre que salía del costado de Cristo, alejó al ángel y melló la espada, mientras el agua que brotaba del costado extinguió la llama.

El Espíritu Santo

El fuego es por su naturaleza incorpóreo e invisible; pero, cuando prende en cualquier cuerpo asume un color diferente, según la materia que arde. Del mismo modo, el Espíritu Santo no se puede ver, si no por medio de las criaturas en las que obra.

Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo (He 2, 4). Están llenos de Espíritu Santo, que sólo puede llenar el alma. En efecto, el mundo entero no puede llenarla.

Y se pusieron a hablar idiomas distintos, en los cuales el Espíritu les concedía expresarse (He 2, 4). Quien está henchido de Espíritu Santo habla varios idiomas.Los diferentes idiomas son los diversos testimonios de Cristo, como:

  • la humildad,
  • la pobreza,
  • la paciencia y
  • la obediencia.

Nosotros hablamos estos idiomas cuando mostramos a los demás estas virtudes en nosotros mismos. El habla es algo vivo cuando hablan las obras. ¡Qué terminen las palabras y hablen las obras! Estamos llenos de palabras pero vacíos de obras, y por eso caemos en la maldición del Señor, quien maldijo la higuera en la cual no encontró frutos sino sólo hojas.

Escribe Gregorio: “La ley del predicador es que realice en los hechos lo que proclama con las palabras. En vano se vanagloria de conocer la ley de Dios quien destruye la propia enseñanza con las acciones”. Los apóstoles, en cambio, hablaban de acuerdo con lo que el Espíritu Santo les concedía expresarse. ¡Bienaventurado aquel que habla según la inspira el Espíritu Santo y no su alma!

El testamento espiritual de San Antonio

De tres cosas procede la muerte o la vida:

  • el corazón,
  • la lengua y
  • la mano.

En el corazón está simbolizado el consenso al bien o al mal; en la lengua,nuestra expresión con palabras; en la mano, nuestra actuación. Si hubiésemos rechazado al Señor en estos tres modos, pues, curando el mal con su contrario, alabémoslo en estos mismos modos.

Reniega con el corazón quien no tiene fe o quien consiente el pecado mortal. Esteban dice en los Hechos 7, 35: Habían rechazado a Moisés, diciendo: “¿Quién te ha nombrado príncipe y juez nuestro?”. Moisés, que significa “acuático”, representa la fe, que se nutre en las aguas del bautismo, o la gracia del arrepentimiento. La fe es la primera virtud, es el príncipe; el juez es la gracia del arrepentimiento, con el cual el pecador se juzga a sí mismo y condena el mal cometido. Rechazan a Moisés y no quieren que sea su príncipe y juez, aquellos que no tienen fe o consienten el pecado mortal.

Rechaza a Cristo con la palabra quien mediante la mentira destruye la verdad o denigra al prójimo. Dice Pedro (He 3, 13-14): Ustedes en presencia de Pilato rehusaron al Justo y pidieron la libertad de un homicida. Pilato, que significa “boca del martillador”, es la mentira y la denigración; rechazan a Cristo quienes martillan y destruyen la verdad con la mentira y la caridad del prójimo con la denigración.

Además, rechaza a Cristo con la mano quien actúa perversamente con las acciones. Él niega a Dios con los hechos, dice el Apóstol (Ti 1, 16). Entonces aquellos que rechazan a Cristo en las tinieblas del pecado, que se arrepientan ante la predicación de la Palabra de Dios, para que a la luz de la penitenciapuedan confesarlo junto con Pedro tres veces: ¡Amo, amo, amo!

Amo con el corazón,

por medio de la fe y de la devoción;

amo con la palabra,

afirmando la verdad y edificando al prójimo;

amo con la mano,

por medio de un modo de actuar puro.

Elogio del silencio y de la soledad

Dios da la paz del alma en la soledad de la mente y del cuerpo. De ésta se dice en las Lamentaciones (Lam 3, 28-29): se sentará solitario, y silencioso, porque se levantó por encima de sí mismo; pondrá su boca en el polvo.

En esta frase están señaladas cinco cosas, necesarias para cualquier justo:

  1. la paz del alma, donde dice: se sentará; ;
  2. la separación de las cosas terrenales, donde dice: solitario;
  3. el silencio de la boca, cuando se agrega: y silencioso;
  4. el elevarse en contemplaciónse levantó por encima de sí mismo;
  5. el recuerdo de la propia fragilidadpondrá su boca en el polvo, para hablar de ésta, recuérdese lo que está escrito: Porque eres polvo y al polvo volverás (Gén. 3, 19).

La naveta de la penitencia y de la conversión

Para pilotear una naveta son necesarias al menos cuatro cosas: mástil, vela, remos y ancla.

  1. El mástil simboliza la contrición del corazón;
  2. la vela, la confesión de la boca; en efecto, la confesión debe estar ligada a la contrición como la vela al mástil;
  3. los remos, las obras de reparación: ayuno, oración, limosna;
  4. el anclael recuerdo de la muerte.

Como el ancla mantiene la nave para que no se vaya a pique entre los escollos, así el recuerdo de la muerte mantiene nuestra alma, para que no se hunda en los pecados. En este sentido dice Siracides 7, 40: Acuérdate de tu fin y no caerás nunca en el pecado. Quien quiera pues pasar de la ribera de esta vida mortal a la ribera de la inmortalidad, llegando a la ciudad de la Jerusalén celestial,que suba a la barca de la penitencia, según la exhortación del Apóstol (El.4,23-24)

Renováos en el espíritu de vuestra mente

en la contrición del corazón,

y revestios del hombre nuevo

en la confesión de la boca,

creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad

al reparar el mal con buenas obras.

El perfume de la comunión eterna

Jesús dice: En la casa de mi Padre hay muchas moradas (Jn. 14, 2). He aquí el fruto del granado, cuyos granos están todos cubiertos por la misma corteza, sin embargo cada grano tiene su alveolo particular. Así en aquella gloriosa eternidad habrá una sola morada, pero cada uno tendrá su celda reservada, porque diversas son las dignidades en la misma eternidad, otra cosa es el esplendor del sol, otra el de la luna y aún otra el de las estrellas.

De todos modos, aun con diferentes esplendores, igual será el gozo, porque disfrutaré de todo tu bien como mío y tú del mío como tuyo. Un ejemplo: He aquí que estamos juntos, y yo tengo en la mano una rosa.

La rosa es mía, sin embargo tú disfrutas de su belleza y de su fragancia del mismo modo que yo la disfruto. En modo similar, en la vida eterna, mi gloria será tu gozo y alegría; y viceversa.

En aquel fulgor tanta será la luminosidad de los cuerpos, que yo podré mirarme en tu rostro como en un espejo, y tu podrás verte en el mío, y de ahí surgirá un amor inefable. Dice Agustín: “¿Qué amor habrá cuando cada uno verá su propio rostro en el de los hermanos, como aquí en la tierra vemos el uno el rostro del otro?”. Cada cosa será resplandeciente en aquel esplendor, nada quedará oculto a los demás, nada será oscuro.

En el Apocalipsis 21, 18 leemos: La ciudad de Jerusalén será oro puro, similar a cristal puro. Jerusalén es llamada oro puro por el esplendor de los cuerpos glorificados, que serán similares a cristal puro porque, igual que cualquier cosa que contenga el cristal puro se ve claramente desde afuera, así en aquella visión de paz serán recíprocamente claros todos los secretos del corazón, y por eso arderán de amor inextinguible, inefable, recíproco.

En la actualidad lamentablemente no nos amamos de verdad unos a otros como deberíamos, porque nos escondemos en las tinieblas, nos separamos unos de los otros en el secreto de nuestro corazón, y así el amor se enfría y la iniquidad abunda.

Si no fuera así os lo habría dicho (Jn 14, 2), es decir que si las cosas andaran de otro modo, no os lo habría ocultado, más bien os habría revelado francamente que allá en lo alto hay muchas moradas. Pero sabed que os voy a preparar un lugar. Un padre prepara para el hijo un lugar, también el ave prepara el nido para sus pequeños. De este modo Cristo nos ha preparado un lugar: la tranquilidad de la vida eterna; y aún antes nos ha abierto el camino por el cual llegar a ella. Sea Él bendito por los siglos. Amén.

 


El teólogo

 


Doctor evangélico

P. Veneziano, Sant'Antonio, sec. XIVSan Antonio fue el primer docente autorizado y el primer gran escritor de la Orden franciscana. Sus escritos redactados en forma de sermones – losSermones dominicales con un apéndice deSermones marianos y de Sermones de sanctis(estos últimos inconclusos) – reflejan el estado doctrinal de que fuera la primera manifestación de la teología franciscana, elaborada cuando San Francisco aún vivía, no sin una preocupación de su parte porque el estudio así favorecido no apagara el espíritu de la santa oración.

La enseñanza teológica de Antonio es una enseñanza esencialmente bíblica. Estudiar teología significa para él, como se expresaban entonces todos los teólogos, estudiar la Sagrada Escritura. Él se encarga de establecer el sentido literal y el sentido espiritual (alegórico, moral, anagógico) de la palabra de Dios revelada, tratando de agotar, como verdadero hijo de San Agustín, la plenitud de la Palabra de Dios.

En efecto, Antonio considera el sentido alegórico, moral, anagógico, como algo presente ya en el sentido literal de la Sagrada Escritura. Él considera el triple sentido espiritual como un proceso de crecimiento.

 

Del sentido literal nace el alegórico, del alegórico el moral, del moral el anagógico.

 

  • el alegórico “edifica la fe”,
  • el moral ”enseña a vivir honestamente y con su dulzura traspasa el ánimo y toca suavemente la mente de los oyentes”,
  • el anagógico ”trata de la plenitud del gozo y de la beatitud celestial”.

Por la audaz libertad con que Antonio trata la Sagrada Escritura, se le puede aplicar lo que un autor escribe de San Bernardo: “No explica la Escritura, antes bien la aplica; no la ilumina, sino que lo ilumina todo con ella; y ante todo el corazón humano” (H. DE LUBAC).

Para el Santo toda la Sagrada Escritura es esencialmente historia de la salvación. Según el sentido literal ésta narra aquellas realidades que han salvado la humanidad. En el alegórico las realidades históricas no están excluidas, sino comprendidas en su pleno sentido; éste da la plena verdad y realidad de la historia que tiene su centro en Cristo. Del mismo modo que el alegórico se basa en el literario, así el moral se funda en el alegórico.

Ya que la moral es la fe vivida o la encarnación de la fe en la vida cristiana, el cristiano no se puede limitar a creer una verdad sin expresarla en su vida. El sentido moral después tiende al anagógico, cuyo objeto es la conclusión escatológica de la historia de la salvación. La anagogía es pues la última coronación, la verdadera llave para comprender la entera historia de la salvación.

Mientras Juan Cassiano en la comprensión espiritual de la Escritura pone el sentido moral antes del alegórico y del anagógico, y a la revelación hace preceder la moral natural, Antonio, en cambio, hace depender el sentido moral del alegórico.

La ley moral regula el desarrollo de la vida cristiana. Esta se tiende entre un ser y un devenir, entre una realidad y una esperanza, entre un “ya” y un “todavía no”. Con el bautismo el ser natural del hombre se ha “revestido de Cristo” (cf. Gal 3,27). El hombre está “ya” en Cristo, pero todavía no es Cristo. Él debe transformarse en Jesús, debe convertirse en Jesucristo.

Esta es la esperanza, el “todavía no” de la vida cristiana, en continua tensión hacia la vida futura. Bajo este aspecto se puede comprender la importancia que el Santo da en su predicación al sentido moral, porque este mira al progreso de la vida espiritual. En efecto, en los Sermones él toma en consideración no la herejía sino la gran decadencia moral como el verdadero mal de su tiempo. Él ve todas las desviaciones en el campo de la fe como consecuencia de las desviaciones morales. “Mientras más guste la predicación moral, más aferra el espíritu del oyente, porque las costumbres son corruptas. Por eso se debe cuidar más la predicación moral, que conduce a predicar las virtudes morales, que la predicación alegórica que ofrece cognición sobre la fe. Por gracia de Dios, la fe ya está extendida por toda la tierra”.

En la obra antoniana la Sagrada Escritura ocupa un puesto fundamental, también porque la usanza del tiempo hacía de la Escritura la fuente fundamental y casi exclusiva de la enseñanza teológica. La Sagrada Escritura era para los maestros de París la principal materia de la lectio, el objeto supremo de toda la hermenéutica teológica y la condensación de la verdadera ciencia.

Y así era para Antonio que en las aulas de Santa Cruz de Coimbra había aprendido a amar y a apreciar la Escritura; de ahí el alto concepto que el Santo tiene de la Palabra de Dios, hasta llegar a escribir que “en el Antiguo y en el Nuevo Testamento está la plenitud de toda aquella ciencia, la única que se debe saber, la única que hace sabios”; “del texto de las páginas sagradas emana la inteligencia de las Escrituras. Del mismo modo que el oro es más precioso que todos los otros metales, así la inteligencia de la Escritura supera a todas las demás ciencias. Quien no conoce la Escritura no sabe absolutamente nada”.

El conocimiento que tenía de ésta era tan vasto y profundo que como decían las antiguas leyendas, si hubieran sido destruidos todos los libros sagrados habría bastado la memoria del Santo para volver a escribirlos.

Discípulo de Agustín

 

Altichiero da Zevio, Sant'Agostino, 1374-78El Antonio teólogo, deudor de San Agustín en el pensamiento, pero muy personal y original, sabe conjugar la luz de la inteligencia y el afecto del corazón, la búsqueda de la especulación con el ejercicio de la virtud, el estudio con la oración, como decía su seráfico Padre.

Este método, introducido tan sabiamente en las escuelas del Santo, será más tarde reconocido por San Buenaventura como propio de la Orden franciscana.

Una vez alcanzada la verdad por medio de la fe, Antonio, siguiendo las huellas de Agustín y de Anselmo, emplea incesantemente la razón para “entender”, para recoger la verdad abrazada y amada mediante el don de la fe (fides quaerens intellectum). Para el Santo, creer no es abandonarse en el sentido nirvánico, sino la aceptación de un continuo diálogo dialéctico entre la fe y la razón, entre el hombre y Dios.

El Antonio teólogo sigue siendo el Antonio de la profunda exigencia racional, pero es también el mejor Antonio. Por una parte, la exigencia de unaracionalidad lógica se abre a la pura gratuidad de la gracia que revela y salva al hombre; por la otra, la racionalidad de Antonio se expresa en entusiasmo, en admiración, en emoción, según la más genuina tradición de la teología monástica y de San Bernardo.

La especulación mística antoniana es, como la define el propio Santo, una conversación o especulación sutil sobre las verdades celestiales, traducidas en deseo y aspiración de Dios; el acto que le permite al justo elevarse hacia el horizonte de la realidad de Dios. Un Dios que no es el filosófico, sino el Dios de la historia real del hombre, suspendida entre el pecado y la gracia, entre la salvación y la perdición, entre el odio y el amor; pero en la que la gracia, la salvación y el amor son la realidad que verdaderamente cuenta y tiene peso.

Antonio amaba meditar sobre Dios no por un ejercicio puramente intelectual. Lo testimonia el grito de “Video Dominum meum”, que ponía como un sello a toda su vida. Dios es el ideal hacia el cual se orientaba toda su vida.

La Santísima Trinidad

L. Seitz, Trinità, 1907-1908Con frecuencia el Santo evoca de nuevo en los Sermones el misterio inefable de la Trinidad.

No se trata de especulaciones abstractas, sino más bien de sublimes elevaciones de fray Antonio, que se sumerge en el esplendor de la luz trinitaria en mística contemplación y prorrumpe frecuentemente en cantos de alabanza.

 

Con el mismo espíritu con el cual la Iglesia en su liturgia, al finalizar cada salmo eleva la mente de los fieles al más augusto de los misterios de la fe cristiana, el Santo en los Sermones, y especialmente en las concisas fórmulas eucológicas u oraciones con que los termina, proyecta el pensamiento del creyente en la vida íntima de Dios.
En la reflexión teológica sobre la Trinidad, Antonio enuncia primero el dato y el orden de la fe, luego pasa a la demostración de la facultad humana. Primero la experiencia de la fe, de la cual forma parte esencialmente la Palabra de la revelación, y luego la especulación del intelecto, guiado y regido por el testimonio escriturístico.

 

Con toques de maestro, Antonio fija por doquier la doctrina trinitaria, con afirmaciones de admirable precisión. Comentando el texto eminentemente trinitario de Mateo: “Por eso, vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (28,19), el Santo observa: “El Señor dijo “en el nombre” y no “en los nombres”, para indicar la unidad de la esencia. Con los tres nombres que utiliza enseña que son tres las personas. La tesis fundamental que une y condiciona las diferentes afirmaciones sobre la Trinidad como misterio, es decir, la doctrina en relación con las tres personas divinas en su naturaleza, aparece aquí formulada en modo evidente: no un Dios triple, sino un Dios Trinidad.

Las divinas personas son absolutamente iguales. En la Trinidad, afirma Antonio, “no es necesario establecer grados, de manera que el Padre sea mayor que el Hijo y éste menor que el Padre, o que el Espíritu Santo sea menor que uno o el otro. Es necesario simplemente creer que como es el Padre, así es el Hijo y así el Espíritu Santo”.

Antonio se muestra también un Maestro seguro cuando se detiene a hablar de las relaciones y procesiones de las tres divinas personas, cuando se introduce a reflexionar, con admirable claridad y profundidad, sobre las operaciones más íntimas y más vitales de la Trinidad. “El sumo origen, como dice Agustín en el libroDe vera religione, es el Padre, de quien son todas las cosas y de quien proceden el Hijo y el Espíritu Santo. La perfectísima belleza es el Hijo, que es la verdad del Padre, en nada diferente a él. Y beatísimo elemento y bien supremo es el Espíritu Santo, que es el don recíproco del amor mutuo entre el Padre y el Hijo”.

La revelación es la fuente y el punto de llegada de cualquier conocimiento del misterio de Dios. Sobre el dato revelado se ejercita la inteligencia humana. Ésta conoce verdaderamente a Dios en la manifestación que él hace de sí mismo, pero lo conoce con los límites de la capacidad humana.

El esfuerzo limitado del hombre ha seguido varias orientaciones y vías diversas, pero todos responden a un común y universal principio: la participación de las criaturas en el ser de Dios. La semejanza entre Dios y las criaturas es verdadera y nos enseña algo de Él realmente, pero en verdad no es una “demostración”, sino más bien una “presentación” del Dios Trinidad.

Todo ser es tal en la medida de su participación en el ser absoluto de Dios. Hay pues en cada ser creado algo del propio ser de Dios. Todo esto, es pacífico, lleva una semejanza cualitativa y cuantitativa entre el ser absoluto, Dios, y el ser creado, la criatura, en la que aquel participa.

En este momento, la metafísica del ser divino, como enseña la revelación, es una metafísica en la cual la Trinidad no es algo añadido o accidental. En la última realidad de Dios la Trinidad es necesaria al igual que la unidad. Entonces, de esta estructura necesaria se deberá encontrar un reflejo, una imagen en todos los seres creados, que tienen una razón de su existencia en la participación en el ser divino. La criatura, fruto de la actividad creadora del Dios Uno y Trino, deberá testimoniar en algún modo la fuente de la cual proviene y el modelo que recalca.

De hecho, Antonio, siguiendo las huellas de San Agustín, su maestro preferido,encuentra una “trinidad creada” en la teoría psicológica agustiniana. En el alma humana él vislumbra un vestigio, aunque sea imperfecto, de la Santísima Trinidad. Si el Santo se dirige al alma del hombre para tratar de penetrar más profundamente en la inteligencia del misterio trinitario, es porque sabe que el hombre en su alma es imagen de Dios. Y la revelación enseña esto expresamente.Dios ha hecho del hombre su imagen y semejanza (cf. Gén 1,26)

Esta prerrogativa, que coloca al hombre por encima de todos los seres y como primero en la jerarquía de las cosas creadas, es constitutiva del alma humana. Por eso no es una suposición arbitraria o una aplicación artificial de una verdad filosófica o psicológica al misterio de la vida divina el basar el conocimiento del misterio divino en el conocimiento del alma humana. La mente humana tiene conciencia de su existencia, entiende y se ama a sí misma. Considerando esto, descubrimos una trinidad, no justamente Dios, sino una imagen de Dios. Esta especie de trinidad, es decir, memoria, intelecto y voluntad o amor, no son tres vidas, sino una sola vida; no tres almas sino una sola alma; no tres esencias sino una única esencia. Memoria, intelecto y voluntad o amor son tres términos distintos el uno del otro, pero que forman unidad, porque existen substancialmente en el espíritu. Este, reflexionando sobre sí, genera el pensamiento de sí mismo y del generador como del generado procede el tercer término, el amor. El alma, conociéndose, se ama a sí misma, en efecto, no podría amarse si no se conociera. El amor es una especie de abrazo que une al generador y al generado.

El análisis reflejado enseña que la memoria, el intelecto y la voluntad son tres facultades de un alma sola e idéntica. La revelación afirma que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas distintas en la unidad de una sola y misma esencia divina. Es cierto que el misterio no está explicado pero está atenuado en lo más desconcertante que podría existir para la mente humana.

Hablando del Padre, San Antonio no insiste en los atributos divinos de causalidad, de omnipotencia, de infinidad, antes bien subraya su bondad y su misericordia. La palabra “Padre” está íntimamente asociada en la mente del Santo al Dios amor, que salva a sus criaturas, que se regala a ellas. Dios Padre es amor, escribe Antonio; él solamente nos puede comunicar lo que es, el amor, con tal de que se lo pidamos en nuestras oraciones en el nombre de Cristo. El Padre es el Bien Supremo, que extiende su bondad a todos los seres existentes. Todo lo que hay sobre la tierra, en el aire, en el agua, todo lo que está en el cielo y entre los ángeles, todo lo que está dotado de inteligencia y razón, vive, se mueve y existe, todo proviene de Él, principio universal y fuente de bondad.

Entre Dios y el hombre hay una gran diferencia: el hombre se expresa en las obras para adquirir alguna cosa y aumentar la propia felicidad; Dios, a quien nada le falta, actúa exteriormente sólo para dar. El ser imperfecto, cuando se da, no puede prescindir de sí mismo, incluso en las efusiones de afecto más generosas el hombre es un poco egoísta. Sólo Dios, el Perfectísimo, la “fuente de bondad”, obra gratuitamente por puro amor.

San Antonio retorna con frecuencia al tema de la misericordia del Padre, para infundir confianza en el pecador arrepentido. Él lo llama con la bella expresión de “Padre de Misericordia” porque a ninguno como a Él corresponde el atributo de la misericordia. Quien un día quiera participar al gozo del banquete celestial en el paraíso, que considere la potencia del Señor, la sabiduría de Dios, la misericordia del Padre, considere la potencia para temer, la sabiduría para conocer, la misericordia para confiar.

El Padre se conoce adecuadamente si lo contemplamos en el rostro del Hijo, el cual es la plena revelación de su amor aquí en el mundo. Antonio, denominando a Cristo Verbum Patris, Sermo Patris, Vox Patris, más que la esencia ontológica de la filiación divina del Verbo, quiere simbolizar la estrechísima relación entre el Padre y el Hijo en la historia de la salvación, historia que revela el amor y la misericordia del Padre. Podemos afirmar que en los Sermonesel Santo desarrolla una teología funcional más que una teología del ser.

La redención

P. Annigoni, Crocifisso, 1981La obra maestra de la divina misericordia del Padre es la redención.

En efecto, es sólo por su misericordia que Cristo ha sido dado a los hombres. “Entre nosotros y Dios – observa San Antonio – reinaba una gran discordia, para hacer que desapareciera era necesario que el Hijo de Dios se hiciera hombre, uniendo su naturaleza con la nuestra.

Muchos internuncios e intercesores se presentaron a Dios, e insistentemente le rogaron que se realizara la paz tan anhelada, pero a duras penas pudieron ser escuchados. Por último, el Padre condescendió y mandó a su Hijo, el cual unió a su divina naturaleza la humana en el seno virgen de María.

 

Nadie podía reconciliar al hombre con Dios si no su Hijo.

Y la razón de esto es intuitiva. “Si dos enemigos – observa Antonio en modogenial - combatieran entre sí espada en mano, ¿Quién podría meterse entre los dos para frenarlos, si no aquel que tiene afinidad tanto con uno como con el otro? Dios y el hombre combatieron uno contra el otro: Dios con la espada de la pena, el hombre con la espada de la culpa. Ninguno podía dirimir la lid. Vino Cristo, afín a ambas partes por ser Hijo de Dios y del hombre: Él intercedió y frenó tanto a uno como al otro.

En la encarnación, sin fundirse ni mezclarse, la naturaleza divina y la naturaleza humana se encuentran y se unen en el modo más íntimo: éstas forman unidad substancial en la persona del Verbo, constituyendo un ser unitario, el Hombre-Dios Jesús. Cada una de las dos naturalezas conserva las propias características y la propia actividad. La unión no substrae al Verbo nada de las perfecciones divinas y deja intacta la realidad de la naturaleza.

Pero lo que hace a esta unión verdaderamente única es el hecho de que la naturaleza humana de Jesús, aun siendo perfecta e íntegra, no se posee a sí misma. Lo más proprio, singular e incomunicable que hay en cada hombre, es que como hombre puede decir “yo” y se pertenece: es una persona. En Jesús no existe una persona humana que rija la naturaleza humana, junto a la persona del Verbo; pero el Verbo posee y hace suya la naturaleza humana, le hace de sujeto. La unión se suelda así, misteriosamente, en la persona del Verbo. La humanidad es vivificada, ennoblecida por el Verbo, es su instrumento creado, sensible. Es una naturaleza que pertenece personalmente a Dios y, por la persona a que pertenece, forma en unión con la naturaleza divina poseída por el Verbo, un solo ser, Jesucristo.

Afirma San Antonio con la imagen estupenda y bien apropiada del sol: “Como el rayo solar descendiendo del sol ilumina el mundo, y sin embargo no se aleja jamás del sol, así el Hijo de Dios, descendiendo del Padre, iluminó el mundo, y sin embargo no se separó nunca del Padre, porque es una sola cosa con el Padre“. Y haciendo propias las palabras de Agustín, continúa: “Allá donde se lee: “El Verbo se ha hecho carne”, reconozco en el Verbo al verdadero Hijo de Dios, y en la carne al verdadero Hijo del hombre, los dos juntos en una sola persona: Dios y hombre.

La espléndida imagen del sol hace comprender, en la medida en que es posible al intelecto humano, también la naturaleza de la “misión” en el seno de la Trinidad: como entidad es un acto eterno, en el sentido terminativo es un acto temporal que no muta las divinas personas. Es un nuevo modo de ser, y las personas enviadas están siempre unidas íntimamente con la persona.

Desde el momento que el Padre amaba con infinita predilección al Hijo, ¿Por qué ha querido su muerte en la cruz por nuestra redención? ¿No podía perdonar los pecados de los hombres sin el sacrificio del Hijo? Aquí se toca la cuestión de la necesidad de la pasión de Cristo para la salvación del hombre. Es inútil pretender por parte de Antonio una solución satisfactoria a esto. El primero que ha formuló en un modo sistemático y científico el problema tratando de encontrarle una solución, fue San Anselmo de Aosta, con la teoría de la satisfacción penal.

Parece cierto que la soteriología anselmiana, basada en el presupuesto jurídico de que la justicia divina, herida por el pecado, debía ser recompensada y revindicada con la muerte del Hijo inocente, no haya prendido en el ánimo de San Antonio. Aunque si habla del Padre airado que Jesús aplaca con sus sufrimientos, está claro que el Santo usa sólo un lenguaje antropomórfico derivado de la Biblia. La reconciliación operada por la pasión de Cristo no ha producido cambio alguno en el Padre, que es Dios inmutable; en cambio, es en el hombre redimido que se ha realizado una transformación radical, porque con la reconciliación él regresa a Dios y se abre nuevamente al amor.

Antonio concibe la redención como nueva creación (recreatio), como un rejuvenecimiento de la humanidad, un retorno de la humanidad a la integridad de su vida primitiva en los hermosos días de su adolescencia.

Sin lugar a dudas, la redención humana es un incomparable poema de amor. Así lo concebía Pablo (cf. Ef 5,2) y así lo concibe Antonio. Este pensamiento, que se da a querer por la escuela franciscana, lo ilustra con dos palabras, una del Evangelio, la otra de la Passio s. Sebastiani: la parábola de la mujer que había perdido una de las diez dracmas que poseía (Lc 15,8-10) y aquella dramática del rey que había extraviado un anillo de oro con una piedra preciosa montada. Ambas tienen como fin poner de relieve el disgusto de Dios por la pérdida de la humanidad y su amor, que lo ha llevado hasta el sacrificio para reencontrarla.

La redención es fruto de amor. Al amor se responde con el amor. Jesús ha amado al hombre hasta el sacrificio de su vida, merece pues ser amado por el hombre.

Vivir a Cristo

Giusto de' Menabuoi, Cristo Redentore, 1382Contemplar a Cristo, probarlo y vivirlo, pero tomándolo de los misterios de su Evangelio. Ésta era la gran fuerza que atraía a fray Antonio al amor seráfico, éste era su único deseo.

Algunos misterios, aquellos en los que Jesús se había más circunscrito, eran sus preferidos.

Aquellos en los que abrazaba mejor en lo visible la vastedad de lo invisible. Entre éstos el primero es el misterio de Belén.

Misterio profundo, insondable, el de la infancia de Jesús, pero seguramente el más tierno, el más convidante de los misterios cristológicos. En la gruta de Belén todo hombre encuentra no un Dios que amenaza y condena como en el Paraíso terrenal, no un Dios fulgurante entre rayos y truenos como en el Sinaí, sino un débil niño, el incircunscrito reclinado en un angosto pesebre. 

Por muchas razones el Verbo se ha presentado como un niñito. “Pero yo – afirma el Santo – por amor a la brevedad indico una sola de ellas. Si injurias a un mozuelo, si lo provocas con villanías, si lo golpeas, pero después le muestras y ofreces una flor, una rosa o cualquier cosa similar, él olvida rápidamente la ofensa, abandona la ira y corre a abrazarte. De igual modo, si has ofendido a Cristo pecando mortalmente, o lo has injuriado, si le ofreces la flor del arrepentimiento, la rosa de una confesión llena de lágrimas, que son la sangre del alma, Él, Cristo, ya no se acordará de tu ofensa, te perdonará la culpa y correrá a abrazarte y a besarte”. No hay cosa en el mundo que cautive tanto al hombre como la amabilidad del niño, éste carece de elegancia, no inspira temor, es tierno y dulce como la leche que lo nutre. Tiene una gracia espontánea y una simpatía confiada para quienquiera que se le acerque.

Amante de lo concreto, la espiritualidad franciscana invita sobre todo a “vivir” el misterio de la pasión con la meditación y el sacrificio cotidiano. En efecto, el valor salvador de la redención se basa en la incorporación del hombre a Cristo, en la solidaridad con su sacrificio, en el cual el dolor humano, espiritualizado por la gracia divina, va ascendiendo progresivamente y transporta al hombre hacia Dios.

Debido a la construcción interior de este misterio cristológico, la espiritualidad franciscana sigue la dirección de San Pablo, el teólogo por excelencia de la pasión. Él enseña al hombre a preocuparse por tener “los mismos sentimientos presentes en Jesucristo” (Fil 2,5). Es decir, a no cuidarse de saber otra cosa que Jesucristo y Cristo crucificado (1Cor 2,2), a decidir participar con total abnegación “a sus sufrimientos para participar también en su gloria” (Rom 8,17) y llevar “siempre y en todo lugar en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo” (2Cor 4,10).

San Francisco no sigue otro método: su meditación preferida es la pasión de Jesús y su ardiente anhelo ser crucificado con Él.

Fiel a la enseñanza del Padre, Antonio considera la pasión fuerza elevadora y purificadora. Cristo, según un hermoso pensamiento del Santo, ha tenido siempre la cruz en las manos: antes de la pasión la cruz fue su arduo trabajo; durante la pasión sus manos le fueron atadas; después de la resurrección ésta le ha dejado sus huellas en los estigmas. Un verdadero cristiano no puede dejar de tener presente en la mente y en el corazón esta misma cruz”. Antonio invita a los justos a componer, como la esposa del Cantar, un ramillete de mirra con los principales hechos de la vida y de la pasión dolorosa de Jesús. Su recuerdo mantiene viva la devoción y la compasión hacia aquel que tanto ha amado a los hombres.

Se dirá que todo esto es bello, pero que en el fondo, se trata de elevaciones místicas más que de teología. Pero si bien la teología es, según la definición de San Anselmo, fides quaerens intellectum, es decir, la fe que trata de entender la ciencia de la revelación, Antonio se nos presenta más teólogo de lo que podría parecernos a primera vista. Para hacer teología no hacen falta polémicas, controversias, que algunos consideran como notas propias del teólogo. La controversia, más que una parte integrante de la teología, es una función del teólogo. Se puede hacer óptima teología sin discutir. Al contrario, la teología irénica es, por su naturaleza, superior a la teología apologética. Así pensaba San Agustín y toda la tradición agustiniana, es decir, la gran mayoría de los padres de la iglesia latina.

Y el hecho de que la exposición irénica de la revelación se haga con fervor de alma, como sucede a los teólogos de tradición agustiniana, nada resta a su valor.

En los Sermones Antonio se revela como un gran teólogo cuando se adentra en el campo vivificador del amor de Dios, pero siempre respetando los derechos de la inteligencia. Es ésta la teología que él llama “nuevo cantar que resuena dulcemente a los oídos del Señor y renueva nuestro espíritu”. Aquella teología que, transformando su corazón lo elevó hasta la intuición de Dios mismo a través de la humanidad de Cristo, que la Virgen santísima regaló a los hombres.


El místico

Dios sobre todas las cosas

San Antonio es también un místico. No es sólo el santo más amado, el gran predicador,el escritor de los Sermones, el monje franciscano. En sus escritos y sobre todo en su vida él nos ha dejado la huella de su profundísima relación con Dios y de una original doctrina mística la cual desea ayudar a encontrar a Dios a partir del corazón, con la oración y con el amor, en el silencio y en la soledad, incluyendo también la acción.

 

¿Cuáles son los rasgos sobresalientes de su doctrina mística? ¿Qué influencias de autores místicos se observan en su pensamiento? ¿Qué enseña acerca de la contemplación, el amor, la fe, la oración, el silencio y la soledad, la relación entre vida activa y contemplativa?

 

El Greco, Sant'Antonio con libro e giglio, sec.XVISan Antonio ha sido el primer docente autorizado por San Francisco y el primer gran escritor de la Orden franciscana. Sus escritos redactados en forma de sermones – los Sermones dominicales, con un apéndice de Sermones marianos y deSermones de sanctis (estos últimos inconclusos) – reflejan la fase doctrinal de aquella que fue la primera manifestación de la teología franciscana elaborada cuando aún vivía San Francisco, no sin una preocupación por su parte de que al favorecer de tal modo el estudio no se apagara el espíritu de la santa oración.

 

San Antonio define la filosofía o sabiduría del mundo “insignificante e insulsa”. No porque la considerara inútil en sí misma sino porque la sabiduría del mundo se limita a satisfacer las aspiraciones humanas, las ansias de lucro y de vanagloria.

 

La primacía corresponde a la teología, fundada en la Sagrada Escritura. La sabiduría filosófica es la doncella de la teología. El Santo denuncia la preferencia escandalosa que algunos concedían a la filosofía y a los estudios jurídicos en perjuicio de la teología la cual se propone la salvación de las almas. Él sostiene con el ejemplo de San Pedro Damiani que preferir la filosofía a la teología hubiera sido como elegir entre Dios y el diablo.

 

La cultura del Santo es prevalentemente de índole sagrada. Los primeros historiadores primitivos testimonian su gran sabiduría teológica debida a la constante y diligente aplicación en el estudio de la Sagrada Escritura. Según Antonio la inteligencia de la Escritura (sacer intellectus) es superior a cualquier otra ciencia, es la única que hace al hombre verdaderamente sabio. Esta posición del Santo en relación con la filosofía no significa que él haya rechazado los principios científicos de los procesos racionales o de la técnica mental, pero en sus escritos se preocupa por subordinar la filosofía a la teología.

 

Pero Antonio, filósofo, está animado por otra ambición más noble, la del teólogo que se transforma en contemplativo. Él escribe que la contemplación es la más preciosa de todas las obras y todas las cosas que se puedan desear no son comparables a ésta.

 

Sus palabras casi nos sorprenden si pensamos que quien las escribió fue un hombre de una actividad pastoral muy intensa. Desde luego, no logramos explicarnos cómo pudo dedicarse a la contemplación él, que incluso en su breve período de apostolado no habría tenido tiempo ni siquiera para respirar.

 

La vida de Antonio está llena tanto de prédicas como de éxtasis, de conversaciones con Dios, de encuentros con el pueblo. El Santo de las multitudes es al mismo tiempo el Santo del silencio y de la soledad contemplativa.

 

Los exámenes científicos realizados en los huesos de San Antonio, en ocasión delreconocimiento de sus restos mortales efectuado el 6 de enero de 1981, confirman a partir de ciertos signos de las tibias y las rodillas que transcurría muchas horas arrodillado dedicado a la oración y a la contemplación.

 

La vida interior de San Antonio está en función de su incansable apostolado. Las pausas contemplativas eran con vistas al camino; es decir,está al servicio de los demás. Él pone a disposición del prójimo también y sobre todo las “rodillas”.

 

También Antonio de Padua manifiesta la grandeza y la riqueza de su alma no tanto en su sugestiva, franca y enérgica predicación ni en su fama de taumaturgo como en la continua unión íntima con Dios.

 

Texto de Antonio Giuseppe, adaptado por p. Paolo Floretta.

 

La teología mística

 

Anonimo, Sant'Antonio con libro e croce, sec. XVIEn materia de teología mística Antonio tiene unadoctrina tan excelente y clásica que le hace ocupar un lugar sobresaliente entre los mejores escritores de mística.

La vida contemplativa que experimentó en modo profundo se proyecta con intuiciones verdaderamente geniales, con claridad de exposición, también en las más altas especulaciones, sin caer jamás en sutilezas y rigorismos en los que cayeron algunos de la escuela de San Vittore.

Antonio tiene una espiritualidad moderada, accesible y a la medida del hombre que él no quiere destruir. El Santo afirma que el alma puede desear y pedir a Dios los consuelos espirituales no como fin en el cual descansar, está claro, sino como medio para amar a Dios con mayor facilidad y ardor.


Las influencias

En la concepción antoniana de la contemplación se notan las influencias deAgustín, de Gregorio Magno, de Bernardo de Chiaravalle. Son también evidentes las influencias de Ricardo de San Víctor, célebre místico del siglo XII, discípulo de Seudo-Dionisio, cuyo pensamiento entonces comenzaba a difundirse en Occidente por obra del abad Tomás Gallo de Vercelas, amigo de San Antonio. Gallo apreció mucho la ciencia mística de fray Antonio pero parece seguro que el Santo no haya cumplido su formación teológica con el abad Gallo. Por otra parte no se puede excluir que haya recibido influencia seudo-dionisiana en los encuentros con el abad.

En más de un pasaje de los Sermones antonianos se advierte además la dependencia de Guillermo de Saint Thierry, ilustre abad de Claivaux y autor de la Epístola ad fratres de Monte Dei, obra que Antonio cree fue pertenece a San Bernardo. Sacando algunas ideas de este libro de oro, uno de los libros fundamentales de la espiritualidad medieval, el Santo de Padua evita aquellas expresiones de apariencia panteísta observadas por algunos en esta obra.

De estos grandes maestros representativos de la espiritualidad occidentalAntonio refleja en modo notable en los escritos y en la vida el planteamiento especulativo y afectivo.

Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta

La contemplación

G. Van der Weyden, Sant'Antonio, sec XVIEl Santo considera que todos los cristianos están llamados a la contemplación infusa en general, sin especificación de grado, porque la contemplación es necesaria para la perfección de las virtudes: “Quienes quieran adquirir toda la justicia, es decir, la fe en Dios, la caridad hacia el prójimo, la penitencia hacia sí mismos, es necesario que vivan… en la quietud del espíritu y en la dulzura de la contemplación”.

La vocación a la contemplación mística supone que el alma tenga los requisitos para recibirla. Entre éstos, Antonio enumera:

  • la pureza del corazón, que se extiende con el desprendimiento de toda cosa creada;
  • la pobreza, que exige el despojarse completamente, al menos en modo afectivo, de los bienes terrenales;
  • la humildad, que es una pobreza superior, porque es despojarse del propio yo y reconocer la miseria y nulidad de la naturaleza humana.

Otra virtud que dispone en modo particular a la contemplación es la castidad perfecta. Muy pocos autores místicos hacen mención de este requisito reservado a un limitado grupo de almas. San Antonio habla indudablemente de una experiencia personal. Él fue un candidísimo lirio de pureza. Para la mayor parte de los cristianos que vive en el matrimonio es suficiente la pureza de la mente(mentis puritate), conciliable con su estado.

Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta

Creer y amar

L. Galdiolo, Icona di sant'Antonio, sec. XVILa fe debe estar animada por el amor (credere in Deum est credendo amare).

La fe sin el amor es inútil. El amor es tan esencial en la vida de fe que sin él no puede subsistir y muere.

El amor, ya existente en la esencia de la fe, se manifiesta en la actividad contemplativa como ardiente deseo de Dios (appetitus regni), la cual es para el Santo una de las cuatro “alas” que permiten al hombre justo escapar de los cuidados de la vida para sumergirse plenamente en Dios.

Si bien por una parte Antonio concede una primacía al amor conforme a la escuela franciscana, por la otra no deprime la inteligencia, antes bien la asocia íntimamente al amor como su inseparable compañera en el camino místico hacia Dios. La contemplación es para él un acto de conocimiento y de amor, es cognición amante. Esta, lo repite en todos los tonos, es un gusto, pero también una intuición, una visión intelectual, por la cual el alma fija la mirada en el sol de la divinidad. El alma del contemplativo es como un acueducto por el que pasan las aguas de los “conocimientos espirituales”. Esta, en la sencillez, contempla a Dios.

En los Sermones hay una expresión escultural en plena consonancia con toda la doctrina de Antonio sobre la primacía del amor: ”Dios fija la mirada en el corazón cuando infunde… la luz de la contemplación”. Aquí en la tierra, la luz del alma es el amor, de por sí solo supera cualquier velo. Allí donde se detiene el intelecto, procede el amor, que con su calor conduce a la unión con Dios. Naturalmente, el alma no posee la visión inmediata de la esencia o sustancia divina, no ve a Dios como es en sí (quizás esto sucedió sólo a Moisés y a San Pablo); pero en la potencia del amor se llega a Dios, formando un todo con Él, según el conocido pasaje paulino al que se refiere el propio Antonio: “quien se une al Señor, forma con él un mismo espíritu” (1Cor 6,17). El conocimiento que el alma tiene de la divinidad es mediato: es decir que Dios es conocido experimentalmente a través de los efectos de dulzura y de placer espiritual que la unión con Dios produce en el alma.

Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta

 

 

Amor gemelo

B. Montagna, Sant'Antonio con giglio e libro,  sec. XVEntre las virtudes, la que más conduce a la contemplación es la caridad.

Esta es la fuente inmediata de la cual brota el placer místico. Fiel al principio evangélico de que todo se resume en el amor, Antonio no titubea al decir quela esencia de la contemplación está constituida por la observación de dos preceptos “gemelos” de la caridad: “Dos cosas, el amor de Dios y del prójimo, hacen perfecto al hombre”.

Son numerosos los elementos presentes en losSermones antonianos, de los que se puede advertirla importancia que tiene el amor gemelo en la doctrina espiritual de Antonio. Esta se caracterizapor la intensidad afectiva propia de los franciscanos de la primera generación, enriquecida por un corte intelectual debido a la cultura teológica del Santo.

En la doctrina sobre el amor Antonio se inspira en Agustín y en Bernardo, en particular en el primero, pero él lo ilumina con su genio y la fecundidad de su temperamento místico.

Ante todo parte de la explicación etimológica tan de su gusto. El amor se dicedilectio porque “liga entre sí a dos personas. La dilección, que es amor de Dios y del prójimo, comienza por dosLa obligación del amor gemeloaparece en Antonio como cumplimiento de la orden divina; en su observación se resume toda la perfección de la tierra y del cielo (cf Lc 10,25-28; Dt 6,5).

El Santo acentúa el carácter preeminente del amor gemelo remitiéndose a la definición de Dios dada por San Juan: “Dios es amor” (1Jr 4,8-16). La identificación de la caridad con Dios lo lleva de inmediato a enunciar algunos principios en que se basa su doctrina sobre el amor. Primer principio: Dios es el objeto propio del amor “en sí y para sí”. El amor de Dios es para Antonio lo más esencial que se pueda. Segundo principio: la caridad debe ser considerada la virtud principal, el vértice de todas las virtudes.

Los amores en el hombre

Coherente con la enseñanza divina, Antonio distingue tres tipos de amor en el hombre: el amor de Diosdel prójimo y de sí mismo, y a propósito, refiere una metáfora de San Isidoro de Sevilla, según la cual el águila pone tres huevos, dos en el nido y el tercero fuera, para no debilitarse teniendo que dar el sostén necesario a tres aguiluchos. El Santo representa en los tres huevos el triple amor de Dios, del prójimo y de sí mismo; y concluye que el hombre debe excluir del “nido de la propia conciencia” el amor por sí mismo para mantener vivos los dos primeros, por el hecho de que el amor particular (amor privatus), limitado a los placeres del mundo, es un obstáculo al amor de Dios y del prójimo. Antonio acentúa de nuevo la inconciliabilidad entre los dos amores, de Dios y de sí mismo, cuando afirma que el amor de Dios crece en la medida en que el otro disminuye.

A las personas deseosas de progresar en la vida espiritual, el Santo recomiendano vivir abandonadas a continuas preocupaciones terrenales. Porque Dios se comunica sólo al hombre que sale de los recintos de las cómodas seguridades y se pone a disposición de la acción de la gracia.

Él mismo da un ejemplo de ello. Deja el mundo, substituye las perspectivas de una brillante carrera mundana, facilitada por la consistente posición social de la familia, con el arduo camino de la cruz. A partir de este momento la vida de Antonio es una prolongada inmersión en la contemplación de Dios.

El hombre se acerca y se une a Dios en la medida en que el amor se convierte en el resorte de su conducta y “conforma” su proceder.

Contemplación y acción, vidas gemelas

Al amor de Dios y del prójimo, corresponde en Antonio, la distinción de la vida en contemplativa y activa, la primera consagrada a la unión mística con Dios, la segunda destinada a socorrer al prójimo. Naturalmente, hay una cierta subordinación de la vida activa a la contemplativa, debido a la excelencia del objeto de esta última. El amor del prójimo tiene sus bases en el amor de Dios, quien ha creado al hombre, objeto del segundo amor.

Del mismo modo en que la interdependencia esencial entre el amor de Dios y del prójimo lleva al Santo a definirlos gemelos, la subordinación de la vida activa a la contemplativa lo conduce a llamar “gemelas” a ambas vidas. Para Antonio el estado de perfección cristiana no se resuelve ni en la sola acción ni en la solacontemplación, sino en la conciliación de una y otra.

Hablando de la escala de Jacob, Antonio invita a todos a subir, porque una vez alcanzada la cima es posible contemplar a Dios y disfrutar de su dulzura. Una vez conseguida la perfección y una siempre creciente agilidad del espíritu en la intimidad con Dios, el contemplativo desciende después de aquella escala para difundir entre los demás la carga de su amor divino y consolar al prójimo. De inspiración platónica, este movimiento de ascensión y descenso o, mejor dicho, de ida y vuelta, constituye un itinerario de gran interés espiritual. La vida del hombre justo se desata en dos movimientos, de ida hacia la contemplación y de descenso a la acción. Lo exige y supone la naturaleza del amor gemelo. Los santos, escribe Antonio después de San Gregorio Magno, pasan de la vida contemplativa a la activa. No pudiendo quedarse siempre suspendidos en las esferas místicas, continúan con la acción después de la contemplación por el bien de los demás.

La vida cristiana, un canto de dos corosMaso di Banco, sant'Antonio con libro, sec XIV

La vida del cristiano es unión de oración y alabanza. La oración debe continuar con una vida donada al bien de los hermanos por la gloria de Dios.

Fray Antonio establece como una ecuación entre el obrar y el orar ininterrumpidamente. Hacer el bien y orar continuamente son dos actividades complementarias, armonizables, que glorifican a Dios como un canto de dos coros, que asciende de la vida cotidiana del creyente. La armonía unificadora es en fondo una necesidad mutua. La acción, sin la oración, no tendrá ni luz ni sabor (lucerna sine oleo, opus sine devozione).

Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta

Orar con el corazón

Maso di Banco, sant' Antonio con libro, sec. XIVUna idea fundamental vibra en los Sermones antonianos, y es el sentido de la vida polarizada en Dios a quien todo se debe dirigir. Para Antonio, la orientación de todo a Dios tiene un solo nombre: “oración”.

Todo conduce al denominador común de la “oración”, incluso en la variedad de la naturaleza del movimiento de ascensión hacia Dios o de su grado de perfección.

No hay página de los escritos antonianos de la cual no afloren el sentido y el gusto de la oración y la capacidad de orar. El Santo ora por “deber”, pero siempre por convicción y necesidad espontánea.

Discípulo de Agustín, el doctor de la gracia, Antonio es el primero en practicar lo que enseña, y no cesa de pedir en todo momento, hasta él en el acto mismo de la predicación, la ayuda misericordiosa del Señor.

A. Trebbi, San Francesco incarica a sant'Antonio di insegnare teologia ai frati, 1999Para el Santo la oración es ante todo unarelación de amor, que crea una íntima unión (oratio est hominis Deo adhaerentis affectio) con la persona amada (es decir, entre Dios y el hombre), llevando después a conversar dulcemente con ésta (familiaris quaedam et pia allocutio) provocando un gozo inefable, mientras haces de luz envuelven suavemente el alma que ora. Debido a su temperamento que necesita abrirse en lo que él ama, Antonio es un innato espíritu en oración.

Para él la oración es un movimiento sobre todo del corazón que, impregnando de calor a la mente, convierte el encuentro con Dios en una conversación de amor.

La primacía del corazón

La oración con Dios exige la presencia de todas las facultades del alma, pero la primacía es siempre la del corazón. De este modo, a la definición corriente, Antonio prefiere la idea de la oración como ”elevación del corazón” (cor ad sublimia investiganda attollere); pero no pasa por alto la comprensión de la mente (investiganda), que ilumina el corazón en su itinerario hacia Dios. índice

Las fases de la oración

Ilustrando el texto paulino de 1 Timoteo 2,1: “Recomiendo, ante todo, que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias”, Antonio diferenciacuatro fases en la oración: la obsecratio, la oratio, la postulatio, la gratiarum actio..

  • La obsecratio representa la primera fase de la oración. Ésta expresa los sentimientos del alma que quiere aplacar la ira de Dios.
  • La segunda fase, la oratio es el momento del contacto afectuoso con Dios.
  • Una vez que ha entrado en la fase de la confianza, el alma encuentra fácil el tercer momento, el de la postulatio, de la petición. Antonio desea precisar que el alcance de la petición trasciende las cosas de la tierra, porque se extiende hacia el mismo Infinito, objeto supremo de todo deseo.“Pedirle Dios a Dios”, ésta es, por orden de dignidad, la primera de las peticiones en que debería basarse toda petición. Aquí el Santo, abriendo una vez más su alma, subraya el cristocentrismo de su oración, que es un aspecto de aquel cristocentrismo espiritual tan evidente en sus escritos y que él condensó en una expresión cargada de significado: Cristo nos ha sido dado por el Padre para que “al vivir por él, lo amáramos; sin él vivir es morir”.
  • La última fase de la oración es la gratiarum actio, la alabanza. Una alabanza que nunca falta, porque se identifica con la caridad misma y con la oración ininterrumpida, cual canto perenne de gratitud que sube de la propia vida del alma socorrida.

Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta

En silencio y soledad

Fra carlos, sant'Antonio in preghiera con libro e Gesù Bambino, sec. XVILa oración requiere una atmósfera de silencio, ante todointerior, de fuga de las distracciones provocadas por las preocupaciones que trastornan y agitan el alma que ora.

Y es necesario el silencio del bullicio exterior que turba la paz interior del espíritu, condición del encuentro con Cristoel maestro que habla al alma.

El deseo de un silencio más profundo y de una soledad más intensa induce a Antonio a abandonar el monasterio agustino de San Vicente de Lisboa, para retirarse en el de Santa Cruz de Coimbra, importante centro de cultura y espiritualidad en Portugal.

Allí donde todo habla a su corazón de Jesús crucificado, Antonio bebe como un ciervo sediento la sublime sabiduría de la cruz.

Por los primeros biógrafos se sabe que después del capítulo general celebrado en Asís entre el 30 de mayo y el 8 de junio de 1221, Antonio obtiene de fray Graciano, ministro provincial de la Romaña, el permiso de retirarse a la ermita de Montepaolo. El Santo siente la necesidad de la soledad física, del silencio exterior, para llevar una vida de oración y de contemplación más intensa.

Si bien a fray Antonio le interesa la salvación de las almas por las que no escatima ni molestias ni fatigas, de todos modos, después de haber experimentado la vida itinerante para anunciar a las multitudes la Palabra de Dios, él siente continuamente la atracción y el llamado de la soledad. Los pies desnudos del fraile menor pronto se cubren del polvo de las calles. Pero Antonio, como el Padre Seráfico, piensa que “están empolvados los pies espirituales”, que hay que lavar en las límpidas aguas de la soledad.

Tomás de Celano narra cómo San Francisco resolvía personalmente la tensión entre acción y contemplación. El fundador de la Orden de los Frailes Menores se había acostumbrado a descuidar sus propios intereses para dedicarse al bien del prójimo. Sobre todo deseaba superar el obstáculo de su cuerpo para unirse a Cristo. Por eso ponía mucho cuidado en mantenerse alejado y libre de las cosas del mundo. A menudo se retiraba a lugares solitarios para elevar el alma a Dios, aunque sin dejar de entrar en acción en el momento oportuno para ponerse al servicio del prójimo.

Como el padre seráfico, San Antonio alternaba la vida apostólica de la predicación itinerante con períodos más o menos prolongados de retiro en la soledad. La irresistible atracción de una vida completamente absorta en Dios, se va agudizando de cuando en cuando. Entonces, no bastándole una ermita, ama refugiarse en cualquier gruta desconocida y en lugares verdaderamente apartados para abrirse en oración.

De este modo, predicando en Francia, se retiró a la gruta de Brive. En Italia, se apartó de acuerdo con una antigua tradición al monte de la Verna y ciertamente a Camposampiero, en las cercanías de Padua, donde fue afectado por la enfermedad que en breve tiempo lo condujo a la muerte.

Parece que desde que Cristo, maestro de toda santidad y de todo apostolado,nació en una gruta, quien quiera que después de Él y por medio de Él quiera realizar los mismos ideales de vida debe esconderse en el recogimiento de la soledad, para lograr encontrarse a sí mismo en Dios y a Dios en sí mismo, solamente en la oración solitaria. Esto significa buscar a Dios en verdad: sustraerse a las ilusiones y a los placeres, tener la mente libre de toda ansia y de todo deseo terrenal para estar a disposición del Padre celestial.

Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta

Doctor místico

L. Strazzabosco, Sant'Antonio benedicente, 1948Antonio es conocido como hombre de Dios, predicador de la palabra divina, teólogo, más aún como el Santo de los milagros, mientras que es también un doctor místico. Nada puede igualar el conocimiento de tal teología si no la lectura de los propios textos de San Antonio.

La experiencia de Antonio místico invita a la atención sobre un hombre que lo siguió siendo totalmente y maduró a sí mismo espiritualmente en la relación vital con Dios por medio de Cristo. La experiencia mística del Santo de Padua es la experiencia de un creyente en Cristo; es decir, donde la referencia a Cristo es absoluta y radicalmente normativa.
Antonio tiende a ser otro Cristo no materialmente, como si tuviera que referirse a un modelo, a un código inerte, pero con la creatividad de su espíritu. Las vicisitudes de Cristo son las suyas; sin embargo, hay una singularidad en la existencia histórica de Jesús y la suya. Fray Antonio deja que sea Cristo quien determine su vida, antes y más que su enseñanza.

Así el Santo de Padua no se acuerda apenas de Cristo, pero – por la presencia del Espíritu - él es una “memoria” y un “memorial”, en algún modo inédito, de él.

Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta

Pregón del barrio de San Antonio del Puerto de la Cruz, año 2005

…. Este pregón, viene a ser, poco más o menos como el chupinazo de los sanfermines o como la explosión del volador de cañón (que lástima que no sea de Pacheco) que indica que el barrio va a estar de fiesta por unos días, en los que se van a dejar de lado de forma provisional los afanes y trabajos diarios y queramos o no, toca divertirse y a pasarlo bien; y durante estos días, tenemos que olvidarnos, sin diferencias de edades, de los problemas que a veces nos agobian y volver a ser niños, que es uno de los milagros que producen las fiestas, cualquier clase de fiestas, siempre que nos pongamos receptivos al regocijo popular de toda la vecindad. Ustedes se divertirán mucho en estas fiestas, pero yo también me he divertido redactando las líneas que hoy tengo el honor de leer.
Y algo de esto es lo que personalmente me aconteció en esta conversación previa con estos dos amigos; tan pronto como tratamos del tema que nos reunía, en la terraza de un bar de la marinera calle de Las Lonjas, empezaron a ocuparme la imaginación (fenómeno del que no me he curado todavía) una serie de recuerdos nostálgicos y de añoranzas que llenaron toda una época de mi niñez, hace ahora bastante más de sesenta años, relacionados todos ellos con el barrio de San Antonio y de las zonas cercanas de la Calle Nueva, La Asomada, La Calera y Las Arenas, donde pasé una feliz niñez hasta finales de 1943 en el que nos mudamos a una magnífica casona solariega, hoy desaparecida, situada a pocos pasos de la Plaza del Charco, donde hoy están Los Girasoles.
La configuración topográfica del barrio de San Antonio y de la vecina zona del Esquilón, no podía ser más diferente de lo que actualmente conocemos del mismo; el barrio pobre de nuestra niñez se ha convertido en una lujosa zona residencial que nunca podría reconocer el que ha estado varios años ausente; en aquellos tiempos, el reciente fin de la guerra civil española (guerra, a mi juicio, vergonzosa y estéril, como todas las guerras) y el encarnizamiento sanguinario de los últimos años de la segunda guerra mundial, hizo que sobre todo los de mi generación, con los ojos recién abiertos a la vida, viviéramos asustados de tanto crimen y de tanta muerte inútil, y la verdad es que hoy, cuando aquellos niños y niñas que hoy somos abuelos y hasta bisabuelos y tenemos la proa enfilada, eso sí, con alegría, para los dominios de Pablo el Cachorro, no vemos que la cosa haya mejorado mucho desde aquellos lejanos tiempos, y los hermanos se siguen matando unos a otros, ignorando aquella orden de “No Matarás” que el Creador dió, incluso por escrito, a Moisés en el Monte Sinaí, orden que parece que se formuló solamente para ser desobedecida durante toda la Historia.
Pero bueno, vamos a cambiar de tercio. Estamos de fiestas y no es ahora la ocasión de ponernos pesimistas. En compensación tenemos también cosas muy buenas, como por ejemplo, el magnífico aspecto actual del barrio, que no se ofrece mejor en las grandes capitales.
Como prólogo de las fiestas, empezaré diciendo algo de la antigua ermita de San Antonio, donde estas se iniciaron, que tantos recuerdos me trae de mi lejana niñez, en la que algunos domingos, veníamos un grupo de chicos de la Calera y Las Arenas, donde yo vivía, a participar en la Doctrina de la ermita.
En un completo trabajo de Clementina Calero y de Silvano Acosta, sobre la antigua ermita de San Antonio, se especifica que la hacienda del mismo nombre, una de las primeras que las familias inglesas adquieren en Tenerife, fue fundada en 1750 por el alférez Don Antonio José Borges Temudo y su esposa Doña María Pereira y Gervalán, en el lugar conocido como Los Sitios, construyéndose primero la ermita y después la plaza; la venta de la totalidad del edificio fue efectuada por las dos nietas de los fundadores (monjas catalinas del convento de los dominicos de La Orotava) a Don Nicolás Blanco, comerciante de altos vuelos que fue el primer Alcalde Real nombrado por elección popular; irlandés de nacimiento, al naturalizarse en el Puerto de la Cruz españolizó su apellido White y fue muy conocido por dos de sus grandes profesiones: la de ricacho, a la que llegó con el contrabando y con el monopolio de la orchilla, y la de diputado municipal. Con este motivo, sólo se realizan en la edificación y en los jardines reformas al estilo inglés, con la ermita, edificada en 1777, adosada al conjunto. Después de muchas vicisitudes, la hacienda, que hoy evidencia un estado avanzado de abandono, es propiedad en la actualidad del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz; en cuanto a la capilla, albergaba hasta hace pocos años algunos santos y sobre todo al santo patrón del Barrio, San Antonio de Padua, hoy venerado, con otra imagen, en la nueva iglesia, así como la Virgen de la Salud.
A propósito de Don Nicolás Blanco, el escritor Don Diego Guigou Costa, hijo del Doctor Guigou del mismo nombre y apellidos, ranillero de pro, nacido el padre en 1861 en la calle de Las Cabezas (en el antiguo ayuntamiento) y fundador del hospitalito santacrucero, en su libro “El Puerto de la Cruz y los Iriarte” manifiesta sus dudas sobre los motivos que tuvo el mencionado Sr. Blanco, que en su origen era White, para gastarse, una vez convertido en personaje, 300 pesos de su bien pertrechado bolsillo en pavimentar algunas calles del Puerto. Guigou expone con bastante gracia y no menos mala uva: ¿Se acordaría que en su tierra natal existían calles pavimentadas,… o sentiría algún remordimiento muy íntimo porque el oro y la plata que llegaban a sus manos no permanecían mucho tiempo en este pueblo que le vio enriquecer? Pero dejemos este asunto, recordando que la golfería en política no es un invento exclusivo de los siglos XX y XXI y la verdad de aquello de que no hay nada nuevo bajo el sol.

La hacienda de San Antonio, por los años de mi niñez (principios de los 40) era propiedad de Don Francisco Tolosa, abuelo del oftalmólogo Don Antonio Escobar Tolosa; de Don Francisco, que compartía su residencia entre esta hacienda y su casa de la calle de las Tiendas, apenas conservo un recuerdo borroso, sin embargo lo tengo bien claro de su esposa Dª Isabel Serís Grenier, una señora muy agradable y elegante que todos los días cogía la guagua conmigo en la Punta de la Carretera y siempre me preguntaba cómo iban los estudios; si mal no recuerdo, esta señora era sobrina del político tinerfeño Imeldo Serís. Por cierto, que cuando yo era pequeño oí decir en varias ocasiones que Don Pancho Tolosa era primo hermano del Rey Alfonso XIII, lo que probablemente era un bulo como una casa; pero lo que si es cierto, es que muchas personas del Puerto, basándose en la posible verdad de tan real parentesco, buscaban la influencia de Don Francisco para los asuntos más variados y no es menos cierto, según me han contado personas mayores que yo (que cada día están más escasas) que, fuera o no verdad lo del parentesco alfonsino, Don Francisco atendía de maravilla a todo el que fuera a solicitar sus influencias y además se molestaba en cumplimentarlas.
Y a todas estas ¿quién fue San Antonio de Padua? Un santo franciscano que nació en Lisboa en 1195 y falleció muy joven, a los 36 años en Padua, Italia; a los 20 años tomó el hábito de fraile menor y fue a predicar a África, pero unas fiebres fueron la causa de que desistiera de su propósito y embarcó para España; en el viaje, una tempestad cambió el rumbo de la nave y la obligó a desembarcar en Sicilia; en Italia conoció a San Francisco de Asís, quién le recomendó que estudiara Teología, disciplina que después San Antonio enseñó posteriormente en distintas localidades de Italia y de Francia.
San Antonio fue orador sagrado, fundador de hermandades y cofradías, teólogo y hombre de gobierno; dejó varios tratados de mística y ascética y se publicaron todos sus sermones, siendo beatificado al año de su muerte y proclamado doctor de la Iglesia por el Papa Pío XII en 1946.
La iconografía de San Antonio se multiplicó durante la época barroca y su fiesta se celebra el 13 de Junio; hace un par de años, con motivo de un viaje de unos días a Madrid, tuve ocasión de efectuar una visita dominguera a la castiza ermita de San Antonio de la Florida, el santo casamentero al que acuden con sus cuitas todas las chicas (y las no tan chicas) de España que están solteras en contra de su voluntad, para que el santo les consiga un marido, o en todo caso, como en la conocida zarzuela, un amor sincero. La decoración al fresco de la cúpula y paredes constituye una de las obras cumbre de aquel coloso de la pintura que fue Francisco de Goya, que está enterrado bajo aquella maravilla, en la que están recreados diversos episodios y milagros de la vida de San Antonio de Padua, y los distintos personajes están expresados con tal realismo que parece que de un momento a otro van a salirse de las paredes y a pasearse entre nosotros. Yo, que gocé como un cosaco en la visita de marras, recomendaría a todos mis paisanos del Puerto y sobre todo a los que tienen la suerte de vivir en este espléndido barrio de San Antonio, que en la primera visita que hagan a Madrid no dejen de pasar un par de horas en la iglesia de San Antonio de la Florida y así asombrarse una vez más del arte divino del gran Goya, el aragonés universal, asombro acrecido al comprobarse, con los documentos de la época, que aquellas maravillas las pintó Goya en sólo cuatro meses, a finales de 1798.
Y así, como quien no dice nada, hemos nombrado varias fechas del siglo XVIII que si fue muy importante en todo el mundo por las consecuencias derivadas de la Ilustración y de la Revolución Francesa, no lo fue menos para un pueblecito diminuto, olvidado y casi ignorado por ser el más pequeño de España, con sus menos de nueve kilómetros cuadrados: el Puerto de la Cruz, y que sin embargo brilló con luz muy potente en la España peninsular por la importancia de sus hombres: muy por encima podríamos nombrar en esa época a Don Juan de Iriarte, el Gramático, amigo y condiscípulo en París de Voltaire, filólogo y Director de la Biblioteca Real madrileña; allí, a Madrid, se llevó a varios de sus sobrinos, Don Tomás de Iriarte, el fabulista, conocido en todo el mundo, Don Bernardo, el Político, Don Juan, fray Juan Tomás, preceptor y maestro de Don Tomás y Don Domingo, el Diplomático, artífice y hábil gestor de la Paz de Basilea. También me permitirán que traiga a colación al único, al gigantesco Don Agustín de Betancourt, uno de los ingenieros más grandes del mundo en todas las épocas, fundador de las escuelas de ingenieros de Caminos de España y de Rusia, y el primero que elevó un globo aerostático en España, fallecido en San Petersburgo en 1824, de quien estaríamos hablando un año seguido y no terminaríamos de expresar todos sus inventos y trabajos, así como al genial Don Luis de la Cruz y Ríos, pintor de cámara de Fernando VII, y varias veces alcalde del Puerto; todos los nombrados y muchísimos más que callamos, nacieron en el siglo XVIII en el Puerto de la Cruz, el pueblecito olvidado, y como todos nosotros, corretearon y jugaron en sus playas y bajíos, antes de darle tanta gloria a España y no sería nada raro que también se bañaran en el Charco de Cha Paula y que utilizaran la pedrada como medio de disuasión en sus diferencias con las pandillas infantiles rivales de la cercana Ranilla.
En el año 1818, siendo rey de España el no bien recordado (por no llamarlo el mentecato) de Fernando VII, ocurrieron en el mundo varios sucesos, siendo los dos más destacados a mi juicio, el nacimiento de Carlos Marx y la rotura de la campana de la ermita del barrio de San Antonio, en el Puerto; cuenta Álvarez Rixo en sus anales del Puerto de la Cruz, que el desperfecto de la campana lo intentó corregir Don Domingo Fernández Trujillo, que había sido diputado de este Municipio dos años antes; al parecer, este señor había visto fundir campanas en América, pero sus conocimientos técnicos sobre el tema no eran muy considerables y los resultados dejaban mucho que desear, por lo que le pusieron unos versos anónimos en una carta que decían:

“Te crees, oh Fernández muy amado
De Minerva, las musas y de Apolo
Y fiado en su amparo has publicado
Que para hacer campanas eres solo
Pero la adversa suerte ha demostrado
Que al querer hacer una con esmero
No es más que de cocina un gran mortero”.

Por lo que hubiera sido mejor haber hecho caso al rico refranero español en aquello que dice “zapatero a tus zapatos”.
Y volviendo a lo que exponía al principio, sobre las añoranzas y recuerdos de una época que por mucho que nos duela, ya nunca volverá, en los últimos días, después de mi conversación con Gerardo y Zebenzuí, he pensado miles de veces sobre los primeros años de la década de los 40, los años del hambre, guerras y escaseces, justamente en los tiempos que ingresé en el bachillerato, y que, por vivir en Las Arenas tanto hube de patear estos entrañables pagos de San Antonio y la Calle Nueva, tanto para bajar al Puerto al colegio caminando, con la consiguiente subida, como para hacer colas para comprar papas y batatas, estrictamente racionadas y también, como no, para jugar a la pelota de badana con los ases locales de ambos caseríos.
Las colas, en la Calle Nueva, tenían lugar en la Casa Amarilla, estando la distribución a cargo de Marcos, marido de Rosario Cruz, tía del escritor Juan Cruz, y algo más abajo, ya en pleno San Antonio, los chicos íbamos a comprar papas, las pocas veces que habían, a la finca del siempre recordado don Narciso Reverón, todo esto sin olvidarnos de la cercana venta de Frasquita, donde siempre teníamos algo que comprar, sobre todo unos caramelos en forma de judías que no los he vuelto a ver en mi vida. Siempre relaciono mis visitas a la venta de Frasquita con el abejoneo de docenas de niñas, que como yo están hoy llenas de nietos y hasta alguna con biznietos, recitando los mandamientos y la tabla de multiplicar en la cercana escuela, ya desaparecida, cerca de la iglesia, bajo la batuta de una mujer fantástica, la recordada maestra Doña Lola Méndez, esposa de Don Luciano Machado, también maestro y madre de mi gran amigo Gilberto Machado, el farmacéutico de la Plaza del Charco.
Esta escuela estaba algo más abajo de la casa de Florencio el Paisa, que trabajó con su hermano Juan en la gasolinera de Las Arenas, en aquellos benditos tiempos en que los surtidores funcionaban a mano. Florencio era un personaje muy simpático y bromista que no dejó de celebrar ningún año el prohibido entierro de la sardina ni aún en los tiempos de la más feroz represión; y lo peor es que iba a celebrarlo nada menos que a la plaza del Charco, con la improvisada sardina a cuestas, vestido de viuda y con la cara pintada de negro, desafiando a la no muy nutrida plantilla de la policía local, formada por Joseíto, Pancho, Manuel y Santiago Bobet, a la que se unió unos años más tarde, Marcos Torres; también en varias ocasiones se tiró vestido al agua en el muelle durante la embarcación de la Virgen del Carmen, poniendo a prueba sus habilidades natatorias (con ropa y con zapatos) en competencia con Lázaro el de María Jiménez, también nadando y con igual indumentaria.
El origen de las fiestas del barrio de San Antonio debe de ser muy antiguo; consigna el inevitable Álvarez Rixo en sus Anales, con frase corta pero contundente, que el 27 de Agosto de 1871, es decir, hace 134 años por estos días, “hubo paliza en la fiesta de San Antonio de los Sitios”, bendita costumbre local que no desapareció con los años, al menos hasta que yo era bastante joven y aún con la carrera terminada, en la que solía tocar la guitarra con un nutrido grupo de esta zona, todos familiares y con boina, algunos de los cuales, sobre todo Antonio, Chavito y Lorenzo, los tres hijos de la recordada Frasca, eran buenos amigos míos. El único defecto que tenían estos parientes era que les gustaba repartir algún variscacillo en las fiestas, tanto en las de San Antonio como en las de la Calle Nueva, La Vera y en las de la Cruz del Ñuñú, junto al Club Inglés, pues todos ellos estaban siempre como la caja del turrón. No los nombro por si alguno se puede molestar, pero su mote (ya muchos están muertos) tiene algo que ver con los panales y las abejas y no precisamente con la dulzura de la miel. Que Dios los tenga a todos en la gloria, donde me imagino que serán menos revoltosos que lo fueron en la tierra.
Y nos persiguen los recuerdos de las antiguas fiestas, con su característico olor a ventorrillos y a vino del país, recién escanciado; de las antiguas comisiones de fiestas, bajo la batuta de Isidoro el de Magdalena; de las verbenas, de las cucañas y de las sortijas en bicicleta, en las que los hermanos Abrante, que vivían cerca de la Casa Azul, eran siempre los mejores; de los inocentes como Antonio el bobo, Manuel el Lindo, Isidro el de la Vera, Don Diego y Pepe el de la Pianola, infelices que no se perdían una fiesta a pesar de lo que la gente los hacía rabiar, por ser mayor que en los días corrientes, lo que recolectaban en limosnas. De la procesión de San Antonio, acompañada de la banda del Puerto, primero dirigida por Don Juan Reyes Bartlet, y más tarde por Pedro Puerto y por mi recordado amigo Chano Miranda.
Y también, algo más arriba, de mis largas conversaciones con Don Antonio El Caminero, en la acera frente a su casa, donde me contaba repetidas veces que trabajó en la construcción de la torre de la Iglesia de la Peña de Francia a fines del siglo XIX, marchando poco después a la guerra de Cuba. Por cierto que he comprobado con gran alegría que en la calle donde estamos la han puesto “del Caminero” en su honor; mi felicitación a su nieto Lito, el fundador del Hotel Acuario, porque aquí veo su mano, detrás de este merecido título.
Eran los tiempos en los que los hijos de Avelino, de este barrio, nos tenían la guerra declarada a los que vivíamos algo más arriba; en los que los jóvenes del barrio, se reunían poco más abajo de la Casa Amarilla por las noches a esperar a que los chicos del puerto que tenían la osadía de buscarse una novia por aquellos contornos, regresaran a sus casas, después de enamorar; estos jóvenes del barrio les tiraban algunas piedras y el aspirante a novio partía a correr a toda velocidad, aunque la carrera duraba poco, pues una verga previamente atravesada en el camino le hacía dar al pobre enamorado el mayor talegazo de su vida. Y lo que más le dolía a la víctima era el escuchar unas carcajadas sofocadas detrás del muro de una platanera cercana. Como se ve, en aquel entonces no había muchas cosas en las que divertirse.
Los linces de Las Arenas y de La Calera que íbamos a jugar un partido de fútbol, siempre descalzos, por supuesto, en cualquier lugar despejado de San Antonio y teníamos la mala suerte de ganar, nos exponíamos a lo de siempre: a la corrida de piedras de los perdedores, que no sé porqué misteriosa razón, cesaban cerca de la citada casa de Florencio el Paisa, o ya en Santa Lys, frontera entre San Antonio y La Asomada donde, a la altura de la casa de gallos y a la vista de la venta de Maximino ya podíamos respirar tranquilos, y es que los amigos del barrio de San Antonio, que en algunas ocasiones deportivas dejaban de serlo, respetaban como todos los de aquel tiempo los límites de la jurisdicción. Claro que cuando jugábamos en la Calera, o en el campo del barranco, junto a la foguetería, después llamada pirotecnia, de los hermanos Pacheco, las direcciones de las piedras eran contrarias, ahora hacia el norte, y a veces con algún que otro desperfecto en la cabeza de alguno de los corredores ¡Benditos tiempos!
Y nombrando a la antigua casa de gallos, recuerdo que por aquellos primeros años de los 40, vino a vivir en dicha casa, con su mujer y sus dos hijas, un señor, amigo de mi padre, que había sido alcalde de Garachico y había estado muchos años prisionero por el régimen franquista, por el enorme delito de haber pertenecido al partido republicano; se llamaba Luis Castañeda y era un intelectual fuera de lo común, con un cerebro privilegiado; a Castañeda, padre de Juan Carlos el comentarista deportivo, le debo la enorme afición por la lectura que no he dejado ni un solo día de mi vida, en la que él me inició prestándome libros clásicos desde mi más temprana niñez; más tarde se hizo cargo del Bar Dinámico, incorporándole su carisma intelectual.
En cuanto a algunos personajes que vivían en ambos lados del estrecho y mal empedrado Camino de San Antonio, tendría anécdotas para casi escribir un libro, pero no los nombro por varias razones, entre ellas porque la mayoría de los protagonistas están ya en el otro barrio, y además por el problema que tengo cada vez que intervengo en un acto como el presente: el de la necesidad de utilizar los apodos para que las personas sean conocidas; mi larga experiencia en este sentido me indica que no es suficiente con pedir permiso a los familiares para nombrarlos en público, como he hecho siempre, pues así y todo hay alguno que se molesta.
Sin embargo, nombraré a uno solo, sin escribirle al cielo para pedirle permiso, por ser una de las personas que más he apreciado en esta vida y siempre lo miré como a un tío muy querido; un hombre excepcional que muchos de los presentes recordarán: Miguel Martín, más conocido como Miguel el Carbonero, hijo de Don Antonio, el encargado del Club Inglés, y hermano de Eustaquio, que sucedió a Don Antonio en el Club; Miguel trabajó toda la vida con mi padre en el empaquetado de Ahlers y después en el SAO, vivimos muchos años en el mismo edificio de Nieves Ravelo esquina a Doctor Ingram, y fueron tantas las cosas que me enseñó, sobre todo de filosofía práctica de la vida, que todavía hoy lo recuerdo muchas veces al día. Miguel falleció en La Vera hace pocos años a los noventa y tantos, después de pasar por la pena de ver morirse en poco tiempo a sus dos hijos varones, Antonio y Guillo, los dos taxistas del Puerto.
Y como los recuerdos vienen engarzados unos con otros, por nombrar al Doctor Don Santiago Ingram, con quién empezó a ejercer la profesión Don Isidoro Luz, recién terminada la carrera, me viene a la mollera otra anécdota relacionada con San Antonio; el Doctor Ingram, o el médico inglés, como también se le conocía, además de gran médico, practicaba eso que se llama “gramática parda”, y protagonizó gran número de anécdotas, algunas un tanto exageradas para ser verdad; esta que nombro me la contaba mi padre, que como dije antes trabajó de encargado durante largo tiempo (más de 54 años) primero con Ahlers y después en el SAO, pero siempre bajo la dirección de aquel gran portuense que fue Don Pedro González de Chaves, abuelo de Andrés Chaves, el periodista.
En una ocasión, esto sería sobre la primera mitad de los años 30, Don Pedro, que pasaba los veranos en su finca de la Vizcaína, de La Orotava, llamó a mi padre para que le mandara un coche que lo recogiera y lo llevara al Puerto concretamente al empaquetado de la calle del Juego; efectivamente, el coche de la casa Ahlers recogió a Don Pedro, en medio de un tráfico casi nulo, y al llegar a Las Arenas, les pasó a los dos viajeros una cosa de lo más horripilante que puede concebirse: un individuo, viejo, mal vestido y con sombrero, que se atravesó delante del coche, no pudiendo hacer nada el conductor para evitar el estampido. El golpe fue tremendo y lanzó al viejo a varios metros del coche después de dar una vuelta en el aire; cuando Don Pedro y el chófer bajaron a auxiliar al atropellado, contemplaron, con los pelos erizados, algo, mucho más horroroso que todo lo imaginable: el herido tirado en el suelo, sin conocimiento, y, también en el suelo, una pierna completa, desde la altura de medio muslo, con un trozo de pantalón y un zapato, a un par de metros separada del cuerpo; muertos de pánico los dos viajeros (el caso no era para menos) ante lo que perdía toda apariencia de realidad, metieron como pudieron en el coche al viejo, al sombrero y a la pierna, y salieron a toda velocidad a la consulta de Don Santiago Ingram, que durante muchos años estuvo, precisamente en la casona de Don Francisco Tolosa, junto a la ermita de San Antonio; cuando bajaron entre los dos al atropellado y a su pierna, oyeron las risas del Doctor Ingram, que les decía en su deficiente español: “no se preocupen por la pierna, que es de madera; no es la primera vez que me traen a este individuo accidentado”. Don Pedro aseguraba que el susto le duró toda la vida, pero por el contrario, el viejo atropellado, a los pocos días estaba como nuevo y dispuesto a que lo atropellaran más coches.
Pero ya va siendo hora de terminar, pues no quisiera abusar de la paciencia de los oyentes, aunque si de mi dependiera estaría hablando muchas horas sobre antigüedades, anécdotas y recuerdos de este entrañable barrio y de las zonas cercanas; me dejo muchas cosas en el tintero y docenas de personajes como Santiago Cruz, el Caporal de la piscina de Martiánez, que tantos recuerdos nos trae, sólo su nombre, de nuestra niñez y juventud, y de sus hermanos, Don Patricio y Don Severiano, a quienes conocí mucho. Del matrimonio formado por María y Narciso, propietarios de una buena manada de cabras, que pasaban todos los días por mi casa en Las Arenas.
Cuando María y Narciso pasaban por la Calera con sus cabras, los chicos le cantaban una canción absurda y antigua que decía:

María se casó
Con cho Narciso
Y le regaló un chaleco
De raso liso.

Ni María ni Narciso se enfadaron nunca al oír esta canción, entre otras cosas porque la canción no tenía nada de ofensiva.
Otro recuerdo agradable: el de la Cruz del 3 de Mayo que enramaban en su casa, poco más arriba de la inglesa del Ratiño y de la inevitable Mariquita, dos hermanas solteras, “Las Soguilas”, Carmen y Rafaela, que me querían mucho y por ayudarles a enramar la Cruz, una verdadera obra de arte de cada año, me obsequiaban con los deliciosos dulces que ellas mismas confeccionaban… en fin, que no terminaría en toda la noche de hablar de tanto personaje entrañable.
Pero hay que poner punto final, y lo hago felicitando a los de la Comisión de Fiestas por los trabajos que han tenido para dar brillantez a estos días de jolgorio y dándoles las gracias por haberme encargado la lectura de estas mal hilvanadas líneas. Y antes que me olvide, también quiero felicitarlos, a los miembros de esta Comisión y a los de comisiones anteriores por incluir en los diferentes números de las fiestas, una misa por los difuntos del barrio, lo cual no es muy frecuente y que indica respeto hacia los que nos precedieron y contribuyeron, cada uno en su esfera, a la importancia actual del Barrio de San Antonio; una oración y un recuerdo para todos ellos. Y ahora si que terminamos, recordando a aquel gran poeta que fue el Padre de la Vega, finalizando la conocida oda en la que tantos piropos dedicó al Puerto de la Cruz:

Y aunque la nube sombría
Como pesada techumbre
Se extienda desde la cumbre
Hasta la costa bravía

Y en la fosca lejanía
No luzcan su tornasol
Y el iris, ni el arrebol
Logren disipar la niebla
A través de las tinieblas
En el Puerto siempre hay sol.

Siempre hay sol, y por la calma
De su atmósfera radiante,
Es un bálsamo sedante
Para el cuerpo y para el alma

Toda enfermedad se calma
En este clima ideal
Pues Dios por gracia especial
Dejó en el Puerto escondido
Como un rincón del perdido
Paraíso Terrenal.

Publicado por Bruno Juan Álvarez Abréu

 

Fotos de algunas mejoras. San Antonio se prepara para la III Semana Socioreligiosa

La parroquia de San Antonio de Padua,, en el Puerto de la Cruz, se está preparando para su III Semana Socioreligiosa y para ello ha mejorado sus instalaciones parroquiales a través del Plan A. Actuaciones especiales que contribuyen a dignificar y valorar el patrimonio parroquial.

Las mejoras se han acercado al Archivo-Despacho parroquial y a los salones parroquiales, señalizándolos, pintándolos de una forma más atractiva, decorándolos con varias plantas que han sido donadas, al igual que la pintura que se ha empleado para pintar toda la zona externa a los salones parroquiales. Lo mismo que el nuevo y mejorado aspecto del Archivo-.Despacho parroquial de San Antonio de Padua, al que se le ha dotado de un nuevo armario donado y que ha servido para ubicar en el mismo, los boletines oficiales del Obispado.

Todas estas mejoras, han sido posible gracias a la gran colaboración de Antonio, que se ha esforzado en lograr estos materiales y en aportar su tiempo y esfuerzo para mejorar la comunidad parroquial.

Estas fotos muestran los trabajos efectuados en estas semanas del mes de mayo 2012.

2 Respuestas a †  TODO SOBRE PARROQUIA DE SAN ANTONIO DE PADUA †

  1. deleted dijo:

    MUY BONITO . FELICIDADESSSS

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