¡Hola a todos/as!
El blog parroquial de San Antonio de Padua, en el Puerto de La Cruz, se une al de la parroquia de Ntra. Sra. de Guadalupe, en Los Realejos, y quiere ofrecerte la posibilidad de encontrar en esta herramienta la oportunidad de disfrutar de una comunidad parroquial que es fiel relflejo de la llamada del Señor de buscar nuevos aerópagos en los que anunciar el Evangelio.
Disfruta de la difusión del trabajo que a diario se publique en este emblemático espacio, desde el equipo de administración del blog parroquial.
¡Esperamos que se acerquen a disfrutar de la comunidad parroquial de San Antonio!
Equipo del blog San Antonio de Padua
Horarios
Misas
- Lunes y Miércoles a las 6:30 de la tarde.
- Sabados a las 5:30 de la tarde.
- Domigos a las 6:30 de la tarde.
Confesiones
Todos los Miércoles, de 7 a 8 de la tarde.
Visita a los enfermos
Los Últimos Lunes del mes, de 4 a 6 de la tarde.
Despacho parroquial
- Lunes: de 5 a 6 de la tarde. Para localizar al párroco pueden llamar al 690 806 613
- Martes: de 8 a 10 de la noche en Ntra. Sra. de Guadalupe (Toscal-Longera)
Consejo parroquial
Los Últimos Lunes del mes, al acabar la Misa.
Catequesis
Formación Interparroquial de Catequistas: Conforme al plannig entregado al principio de curso.
Lecturas
Las harán personas variadas (los sábados y domingos, los niños de catequesis).
Colectas
Los Segundos Sábados y Domingos del mes. El cincuenta por ciento de lo recaudado al mes en las colectas, se destinará al pago de las obras y mejoras a realizar en el consejo parroquial.
Limpieza y ornato
Según la lista colocada en el tablón de anuncios de la Sacristía.
Obras y reparaciones
Mejorar el muro del salón de los tronos, salón de catequesis en la 1ª planta y pequeñas reparaciones en el exterior e interior del edificio.
Rezo del santo rosario
30 minutos antes del comienzo de la Misa.
Grupos parroquiales
Ministerio de música
Juanmi al órgano: ensayos los Miércoles y Domingos después de Misa.
Renovación carismática
Reuniones: los Lunes, al terminar la Misa.
Hermandad del Santísimo
Reunión formativa interparroquial conforme al plannig que se entrega.
Exposición del Santísimo
Los Miércoles, de 5 a 6 de la tarde.
Legión de María
Reuniones: los Martes, de 5 a 6 de la tarde.
Logo parroquial

En este es logo que representa a la parroquia de San Antonio de Padua en el Puerto de la Cruz, se pueden apreciar distintos símbolos:
La “S” es de SANTO o de SAN
La “A” es de Antonio
La “SANTÍSIMA CRUZ” representa de la pasión de Cristo, que pagó con su Sangre Preciosa (Sin Mancha Ni Arruga) por los pecados de toda la humanidad en una Cruz, aquella que que sirvió a Dios de instrumento para abrir las puertas del Reino de los Cielos a todos aquellos que quieren ser ser liberados de la esclavitud en el pecado y se someten a la Voluntad del Padre Celestial. La misma Cruz SANTA, SANTA, SANTA por la que el Señor lloró al ver cuántos son aquellos que la detestan.
Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden;
mas PARA LOS QUE SE SALVAN, NOSOTROS,
ES FUERZA DE DIOS. (1ª Co. 1, 18)
El que no toma su cruz y Me sigue,
no es digno de Mí. (Mt 10, 38)
En el logo se pueden apreciar dos imágenes, un adulto con un Niño:
La imagen de la persona adulta es San Antonio de Padua, un gran santo.
La imagen del Niño, es el Niño Jesús, el Unigénito Hijo de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Santo de los Santos, el Alfa y la Omega, Señor de Señores y Rey de Reyes, el Primero y el Último, el Redentor, el Salvador, el Mesías, la Sabiduría, la Luz de los hombres, La Gracia Divina, el Creador, el Lucero de la Mañana, el Verbo de Dios, la imagen del Dios Invisible, el Dios Verdadero, el Príncipe de la Paz, la Vida Eterna, la Divina Misericordia y en resumen nuestra Única Esperanza, nuestro Todo.
Jesús, como es Todopoderoso y es completamente Dios y completamente Hombre a la vez, con cuerpo de Niño permitía que San Antonio de Padua le tomara en sus brazos, ya que San Antonio amaba con toda su alma al Niño Jesús y lo amará para siempre.
Contacto
parroquiasanantoniodepadua.wp@gmail.com
Archivo y despacho parroquial
Lunes de5 -6 y de 7- 8 de la noche o llamando al 690 80 66 13
Móvil del párroco
690 80 66 13 (puede dejar mensaje)
Teléfono de la Parroquia
922 374 822
Dirección
Plaza del Tajinaste nº 1, Barrio San Antonio
CP 38400, Puerto de la Cruz.
Historia parroquial
La Parroquia de San Antonio de Padua, sita en el barrio de San Antonio, término municipal de Puerto de la Cruz, fue creada el 14 de Mayo de 1963, según se desprende de los Boletines Oficiales del Obispado, siendo Obispo de la Diócesis Monseñor Dr. Don Luis Franco Cascon; lleva el número 183 de Parroquia y pertenece al Arciprestazgo de la Orotava,Diócesis de San Cristobal de la Laguna, Tenerife.
Con anterioridad a la fecha de la nueva creación de la Parroquia, los oficios religiosos se celebraban en la Capilla de San Antonio, ubicada en la finca “Tolosa” que fué propiedad de la Familia Tolosa- Seris Granier, que estuvo adscrita a la Parroquia de Ntra. Sra. de Candelaria en el barrio de la Vera de esta Ciudad y estuvo abierta al culto hasta el año 1992. La citada Ermita de San Antonio, forma hoy parte del Patrimonio Histórico Artístico de la ciudad de Puerto de la Cruz.
Actualmente se realizan obras de reparación en su interior por cuenta de la Cosejalía encargada del Patrimonio de la ciudad.
En el año 1982, el Ayuntamiento de la ciudad, siendo Alcalde-Presidente de la Corporación, Don Fëlix Real González, y Cura- encargado, Don Pedro González Mesa, cede gratuitamente ala Diócesis de Tenerife, una parcela enclavada en el barrio de San Antonio a los fines de edificar en ella un Templo parroquial para cubrir las necesidades de los fieles del barrio y aledaños.
A principios del año1989, dan comienzo las obras del Templo y sus departamentos anejos, conforme el proyecto redactado por los Arquitectos de esta ciudad, Don Antonio Martín Rivero. el edificio y sus instalaciones fue construido con la ayuda de todos los vecinos del barrio de San Antonio, quienes recababan fondos necesarios para sufragar los importes de los materiales, haciendo sorteos de automóviles, ó de enseres domésticos, cuyos boletos para participar eran distribuidos y vendidos por los diferentes pueblos del valle. Se organizaron ventorrillos en las fiestas, y también fuera de ellas; todo con el fin de obtener fondos necesarios para la realización del proyecto. Hay que destacar que de una manera especial que la malloria de los trabajos de albañilería e instalaciones fueron realizados. de forma gratuita, por vecinos del barrio.También colaboró aportando materiales, transporte y mano de obra, el Ayuntamiento de la ciudad.
(Nota: creo que hubo aportaciones del Obispado)
Ya en el año 1992, se acaban las obras y se inaugura el Templo, siendo Párrocos Don Andres Gónzalez Plata y Don Antonio Murillo Benítez
El día 5 de Febrero de 1993 se celebra en el nuevo Templo de San Antonio de Padua, el primer enlace matrimonial entre. Don Antonio Gonzalez y Morales y Doña María Consuelo Páez y González. Oficia el Pärroco Don Antonio Murillo Benítez.
Ha contado con cuatro Párrocos hasta la actualidad:
- Don Pedro González Mesa, hasta el 08 de Septiembre de 1985; tambien el mismo Don Pedro Gonzzález Mesa, como Cura -Párroco, del 17 de Noviembre hasta el 26 de Abril de 1992.
- Don Andrés González Plata y Don Antonio Murillo Benítez, del 25 de Octubre de 1992 hasta el 07 de Diciembre de 1997.
- Don Miguel Dévora hernández, desde el 18 de enero de 1988 hasta el 16 de Agosto de 2009.
- Don Gabiel Benítez Pérez, incorporado a la Parróquia el día 30 de Agosto de 2009.
Dispone de las siguientes imágenes:
- San Antonio de Padua, (Belloso) Patrono del barrio de San Antonio; fue adquirida conlos fondos de la Parróquia.
- Virgen de la Salud, (de Candelero) Co-Patrona del barrio de San Antonio.(Grupo Jorge?? )
- Cristo de la Buena Muerte, adquirido con fondos de la Parroquia.
- Virgen de los Dolores, (de candelero). (Crupo Jorge y Lolo ?? )
- Virgen del Carmen, (yeso) donada por Doña Guillermina, vecina de la Comunidad.
- Inmaculada Concepción, (yeso) donada por Doña Mª Concepción garcía Pérez, vecina de la Comunidad.
- Santa Rita, (yeso) donada por Doña Guillermina García Pérez, vecina de la Comunidad.
- Sagrado Corazón de Jesús, (pasta de madera) donado por Doña Ana y Don Luis, vecinos de la comunidad.
Capilla San Antonio de Padua
Templo de San Antonio de Padua Y
Ntra. Sra. de la Salud
Nuestra Parroquia tiene varios grupos
- Venerable Hermandad del Santísimo –actualmente 52 miembros–
- Catequistas: Inicial, Pre-Cominión, Primera comunión, Post-Cominón y Confirmación
- Padres y mayores
- Liturgia
- Renovación Carismática
- Sgdo. Corazón de Jesús
- Legión de María
- Visitadoras de enfermos
- Coordinación de Áreas Parroquiales
- Coro
- Economía
- Sacristanía
- Limpieza
ANTONIO DE PADUA
Fiesta: 13 de junio
Fraile franciscano, Doctor de la Iglesia
(1195-1231)

Su Vida
Los años en Portugal
San Antonio nació en Lisboa, en Portugal, en el año 1195. Una tradición barroca indica la fecha del 15 de agosto como probable. Era hijo de los nobles Martín de Bulhoes y María Taveira; su casa estaba a pocos metros de la catedral. En la pila bautismal de dicha catedral le fue puesto el nombre de Fernando. Pero fueron sobre todo la mediocridad moral, la superficialidad y la corrupción de la sociedad, las cosas que lo empujaron a entrar en el monasterio de São Vicente, fuera de las murallas de Lisboa, para vivir el ideal evangélico sin compromisos.Los primeros años de formación los pasó bajo la culta guía de los canónigos de la Catedral. Entre sus compañeros de estudios había ya algunos chicos orientados hacia la elección del sacerdocio. Seguramente nació aquí la aspiración del joven Fernando de escoger el servicio sacerdotal. Fue acogido por una comunidad de canónigos regulares de San Agustín. Entre los agustinosEn São Vicente se quedó durante unos dos años. Después, molesto por las continuas visitas de los amigos, con los que ya no tenía nada en común,pidió que lo trasladaran a otro lugar, siempre dentro de la Orden agustiniana. Antonio afrontaba de esta forma su primer gran viaje, unos 230 kilómetros, los que separan Lisboa deCoimbra, en aquel entonces capital de Portugal.Ya por carácter se nos presenta como un hombre apartado, celoso de su secreto, cerrado en sus cosas de trabajo que le dejaban poco tiempo libre. Se convirtió, por libre elección, en un hombre sin ambiciones sociales; reacio a cualquier tipo de ostentación y exhibición de sí mismo y de sus dotes,desconfiado de las polémicas, indiferente a las exterioridades de cualquier tipo, a excepción de cuando lo tenía que hacer por deber del testimonio evangélico.Fernando tenía 17 años. Llegaba a un ambiente donde tenía que convivir con una comunidad numerosa de unos 70 miembros durante 8 años, de 1212 a 1220.
De Coimbra salió hecho un hombre maduro. Su cultura teológica, nutrida por la Biblia y la tradición patrística, había llegado a un punto definitivo.Fernando sacerdote En Santa Cruz Fernando fue ordenado sacerdote; la ordenación le fue conferida en la canónica de Santa Cruz de Coimbra, probablemente en 1220. Para el joven Fernando se desatendió la norma eclesiástica que fijaba en un mínimo de 30 años la edad para tener acceso al sacerdocio. La elección franciscanaSigno de sangreHacia finales del verano de 1220 Fernando pidió y obtuvo poder dejar los Canónigos regulares de San Agustín para poder abrazar el ideal franciscano. No es seguro que conociera personalmente a los primeros franciscanos que llegaron a tierras lusas. Pero es seguro que oyó hablar de ellos, y quedo en seguida fascinado. Sobre todo cuando llegaron los restos mortales de sus mártires, recogidos por los cristianos en dos cofres de plata y llevados por el Infante Pedro y su séquito hasta Ceuta, y de allí transportados a Algeciras, después a Sevilla y finalmente trasladados a Coimbra, donde fueron colocados en la iglesia de los agustinos de Santa Cruz (en la que todavía hoy se encuentran custodiados y son venerados). Se explicaban también los milagros que hicieron, fue creciendo la devoción, y se escribieron las proezas de los mártires. Todo contribuyó a poner al movimiento franciscano en el centro de atención de todos los fieles portugueses. La solicitud por parte de Fernando de entrar a formar parte de los seguidores de Francisco de Asís madura a causa de una fuerte vocación por la misión y, especialmente, por el martirio de sangre.Antonio misionero.
Para la ocasión, abandona también el viejo nombre de bautismo para asumir el de Antonio, el ermitaño egipcio del Eremitorio de São Antonio dos Olivãis, donde vivían los franciscanos. Después de un breve periodo de estudio de la regla franciscana, Antonio se fue a Marruecos.El itinerario que siguió, por tierra y por mar, no lo sabemos. Muy probablemente, según las costumbres franciscanas, a Antonio lo acompañó un hermano franciscano, del que no sabemos el nombre. Al llegar al territorio de Miramolino, en Marrakesh o en otra localidad, fue acogido en casa de algún cristiano, residente allí por motivos comerciales o alguna otra cosa. Para dirigirse a los musulmanes, el Santo tenía que conocer bastante bien el idioma árabe, cosa no muy difícil para un lisboeta de la época, proveniente de una zona bilingüe. De no ser así, tenía que poder fiarse de su compañero: si no ambos, al menos uno tenía que ser experto en aquel idioma. De no ser así, tenía que poder fiarse de su compañero: si no ambos, al menos uno tenía que ser experto en aquel idioma. Pero, a causa de una inesperada ráfaga de vientos contrarios, la nave fue transportada hasta la lejana Sicilia (Italia). Antonio, que la tradición nos dice que desembarcó en Milazzo (Mesina), era un desconocido fraile extranjero, joven y sin cargos de gobierno, que había sufrido físicamente. Su convalecencia en Sicilia duró casi dos meses. Ermitaño en Monte Paolo En compañía de Graciano de Bagnacavallo y de otros hermanos franciscanos de Romaña, Antonio llegó a Monte Paolo, cerca de Forlí, enjunio de 1221. Durante este periodo el Santo pudo madurar su vocación franciscana, profundizar la experiencia misionera interrumpida de forma brusca, dar vigor al compromiso ascético y perfeccionarse en la contemplación.Sus días transcurrían orando, meditando y ayudando a sus hermanos.
Al ver que uno de sus compañeros había transformado una gruta en una celda solitaria, le pidió con insistencia que se la cediera a él. El buen hermano accedió al apasionado deseo del joven portugués. Así todas las mañanas, una vez cumplidas las oraciones comunitarias, Antonio se dirigía con prisa a su gruta (todavía hoy conservada con devoción) para vivir solo con Dios, solo en penitencia e íntima oración, con prolongadas lecturas de la Biblia y reflexiones. Para las horas canónicas y para las comidas se reunía con sus hermanos.En su fuerte dedicación a la penitencia extenuó tanto su frágil salud con los ayunos, las vigilias, las flagelaciones, que más de una vez con el sonido de la campana que lo llamaba a las reuniones, se tambaleaba y estaba a punto de caer, por suerte sus hermanos lo sostenían. Antonio se dio cuenta de que sus hermanos de ideal conjugaban oración y servicio recíproco. Él, ¿qué contribución podía aportar? Habló con el guardián. Decidieron que debía limpiar la humilde vajilla de la cocina y barrer la casa. Predicador y maestroLa hora de la llamadaEn septiembre de 1222 tenían lugar en Forlí las ordenaciones sacerdotales de religiosos dominicos y franciscanos. Antes de que el grupo de los que tenían que ser ordenados se dirigiese a la catedral de la ciudad para recibir las órdenes sagradas por parte del obispo Alberto, se solía dirigir un sermón a los candidatos. En aquella ocasión nadie había recibido la orden antes y por lo tanto ninguno de los sacerdotes dominicos o menores presentes se había preparado. Cuando llegó el momento de hablar delante del público, todos rehusaron improvisar. Sólo el superior de Monte Paolo conocía bien las dotes de Antonio..
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Los reconocimientos
Reconocimiento de 1263 El Santo fue enterrado en Padua, en la pequeña iglesia de Santa María Mater Domini, su refugio espiritual en los periodos de intensa actividad apostólica, el martes 17 de junio de 1231. Al final de los sentidos funerales, el cuerpo del Santo fue depositado en la pequeña iglesia del convento franciscano de la ciudad; probablemente no fue enterrado, al contrario, pusieron sus restos un poco elevados, para que los devotos, cada vez más numerosos, pudieran ver y tocar el arca-tumba.
San Buenaventura de Bagnoregio, entonces superior general de los franciscanos, presidió la ceremonia. Al hacer este descubrimiento San Buenaventura exclamó: En aquella ocasión el arca con los restos mortales del Santo fue colocada seguramente en el centro del crucero, debajo de la actual cúpula cónica (del Ángel), delante del presbiterio. Traslación de 1310
Reconocimiento de 1981
Moviendo la actual gran losa de mármol verde, se encontró una gran caja de madera de abeto, envuelta por unas telas. Ésta a su vez contenía otra caja más pequeña, también de abeto, dentro de la cual, en distintos envoltorios, puestos en tres compartimientos, envueltos en telas preciosas y con escritos indicativos, se encontraba: Exposición de 1981Los restos de San Antonio fueron expuestos, de la tarde del 31 de enero a la tarde del domingo 1 de marzo de 1981 (un total de 29 días) para que fueran venerados por los devotos, que llegaron en multitudes impresionantes, más de 650.000 personas. El esqueleto se recompuso y se colocó en una urna de cristal.
Algunas cosas, especialmente la túnica y las reliquias del aparato vocal de San Antonio,están todavía expuestas en la Capilla de las Reliquias o del Tesoro. |
Su retrato
El rostroComparando el más antiguo “retrato”, a la izquierda, pintado al fresco en el presbiterio de la Basílica, y la reconstrucción científica de su rostro, a la derecha, se nota inmediatamente una marcada diferencia. ¿Cómo se explica?
El arte ha impuesto, a lo largo de los siglos, imágenes muy diferentes. A los artistas no tenemos que pedirles prestaciones de objetividad histórica. Sus interpretaciones están condicionadas por la sensibilidad de su época, por la orientación hagiográfica prevalente y por la solicitud del público devoto. Los artistas son llevados, por antigua tradición, más que a representar a un santo en su corporeidad terrestre, en su espesor histórico, a representarlo en su actualidad de habitador del cielo, de uno que ha llegado a su meta eterna, de un intercesor inmerso en la gloria de Dios. Y por esto encontramos, por ejemplo, el acento de la eterna juventud, una cierta inmaterialidad, un intento transfigurativo. ¿Cómo era el hombre “frater Antonius”? El biógrafo franciscano de la Vita prima nos dice que San Antonio poseía una cierta corpulencia natural y que su cuerpo estaba debilitado por la continua enfermedad. La leyenda llamada Raymundina interpreta esta última como “hidropesía“. Sabemos que este término ha tenido distintos significados a lo largo de los siglos, por lo que hoy no sabemos qué valor atribuir a dicha palabra. Después del último reconocimiento de sus restos mortales (enero de 1981), el equipo de especialistas que hicieron un minucioso análisis, nos ofrece valiosas informaciones.
La personalidad¿Qué hombre era San Antonio? San Antonio presenta una personalidad muy compleja. En ella conviven también elementos en recíproco conflicto. Todo hombre es un enigma, cuando no un enigma de enigmas, irreductible a un engranaje bien claro y distinto. Incluso un santo es impenetrable. Sin embargo, si aceptamos movernos en el mundo de la imperfección y de la aproximación, juzgamos fructuoso y bonito explorar alguno de los aspectos de este hombre extraordinario. Sus cualidades morales transpiraban ya por la voz. Su voz es engrandecida por lo antiguos hagiógrafos con alabanzas especiales. Era definida comomaravillosa, rica de todas las modulaciones: tranquila y fuerte, melodiosa y sonora, clara y agradable. Hablaba unas veces con dulzura y suavidad, y otras con tono grave y severo. Su oratoria muy eficaz tocaba todas las teclas de la persuasión, no era engañosa ni abstracta, no era vacía ni rumorosa. Eraprofunda, pero adecuada a todos los públicos, capaz de interesar a todo el mundo. Obtenía el consenso de los oyentes con la demostración convincente. Lo que más impresionaba era la participación viva con la que hablaba y lacoherencia admirable de la vida con la palabra. El comportamiento del Santo, sabio como pocos de su tiempo, estaba despojado de dureza o altitud. Era humilde y dulce. Vestía de manera pobre y estaba cerca también del más desprovisto e ignorante. Asombraba sugentileza y cortesía con todo el mundo, su paciencia y humanidad. Sin embargo, excesivamente espléndido en difundir la sagrada doctrina, devolvía a cada uno lo suyo con una balanza tan justa que, hablase a los grandes o a los pequeños, hería de forma ecuánime a cada uno con el dardo de la verdad. Sin duda, poseía un carácter de acero, pero templado por una profunda humanidad. Antonio había tenido una vida afectiva depurada de cualquier voluntad de disfruteegoístico. Para él era más satisfactorio dar, que recibir. Amaba, y fue correspondido. Recogiendo los testimonios de aquellas personas que vivieron junto a él, un escritor describe así su perfil moral: ferviente por caridad, clarísismo por sabiduría, muy elocuente, amable cuando hablaba y afable en la conversación, paciente en la enfermedad, benigno en el exhortar, severo en la corrección, dulce en el acoger a los penitentes, humilde en el ejercicio de la autoridad, agradecido por los beneficios recibidos, devoto en la oración, silencioso en el convento, parco en el comer, prudente en los coloquios, amable y delicado con los iguales, respetuoso hacia los superiores, cortés y apacible con los inferiores. ¡Un gran santo y un hombre fascinante! Lástima que ya no es posible acercársele de persona. Pero tampoco hoy en nuestra vida faltan los santos, la iglesia de Dios es siempre fecunda. El perfil espiritualMás en profundidad, ¿quién era San Antonio?
El hecho de que consiguiera hacer todo lo que se proponía de forma excelente, era considerado una cosa natural. No podía no ser políglota, un revolucionario en la pastoral (cuaresma diaria predicada, confesiones personales frecuentes y extendidas a todo el mundo), profesor de teología bíblica, escritor, superior, revisor de estatutos comunales, fundador de conventos, líder religioso aureolado por fenómenos sobrenaturales… Seguramente provocó confusión y sujeción; en él los extremos se juntan a la perfección, de la penumbra a la deslumbrante luz, del olvido a la más alta notoriedad. Siempre solo. ¿Cuánta gente, incluso entre sus colaboradores más íntimos, habrá intuido su profundidad interior? Penetrando cada vez más en la órbita divina, San Antonio se abandona a la madurez de la fe. Se convierte en niño en los brazos del Padre que ve y provee.Renuncia a proyectar una vida suya, una santidad suya. Es el famoso principio de pasividad, de esconderse, que madura en él después del fracaso sufrido en Marrakesh. En Asís calla, se queda escondido, no se ocupa para nada de sí mismo. Es pura, adorante, alegre dependencia de la voluntad del Altísimo. Es fray Graciano que interviene y se lo lleva a Romaña. En Forlí es el superior local quien lo recluta para improvisar la conferencia espiritual a los sacerdotes recién ordenados, es el ministro provincial el que le da el encargo de la predicación. Será el ministro general quien lo enviará a las zonas deterioradas por la herejía, el capítulo general el que le confiere el encargo de dirigirse al papa Gregorio IX para resolver cuestiones candentes, y será de nuevo el ministro general quien lo elegirá provincial. Quiso casi borrarse de lo visible para respirar sólo lo invisible. San Antonio fue hombre de arriba en cualquier parte donde se encontrase, en el lugar predilecto de Santa María o en los parajes de la Marca Trevisana, él aparecía como un hombre celeste. |
Los símbolos antonianos
| La iconografía de San Antonio comprende un conjunto de símbolos: la juventud, el sayo, el libro, el Niño Jesús, el lirio, la llama, el corazón , el pan. Éstos expresan tanto una característica de su personalidad (función de memoria), como los dones y las cualidades que le ha atribuido la devoción popular (función simbólica).
La imagen más difundida representa a Antonio como un joven religioso, con el Niño Jesús entre los brazos y un lirio en la mano.. Expresa, además, su apego a la humanidad de Cristo y su intimidad con Dios. Numerosos ex-votos tiene forma de corazón e, incluso en épocas recientes, el relicario para el aparato vocal (faringe) encontrado intacto entre las reliquias de Antonio fue hecho en forma de llama. Como también se conecta a la Caritas antoniana, que lleva la solidaridad de San Antonio por todo el mundo. |
El santo de los milagros
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San Antonio es conocido como el Taumaturgo, el que hace prodigios. Y mejor conocido todavía como el Santo de los milagros. Milagro deriva del latín mirari, maravillarse. Indica un evento que sorprende a quienes son testimonios directos e indirectos. En el ámbito de la teología católica el milagro se define como un hecho sensible (o sea que es oído, visto, tocado, experimentado por las personas), obra de Dios casi siempre a través de un santo. Es un hecho que va contra, que se sitúa por encima, más allá de las comunes “leyes” de la naturaleza, tal y como se perciben en un determinado ambiente de época. ¿Cuáles y cuántos son los milagros atribuidos a San Antonio? Innumerables. A continuación hacemos un breve resumen, seguido por algunas reflexiones, siguiendo lo que dicen las primeras biografías. La acémila (la mula)
“Dejémonos de charlas y pasemos a los hechos. Si tú, Antonio, consigues probar con un milagro que en la Comunión de los creyentes, está el verdadero cuerpo de Cristo, yo abjuraré de toda herejía, y me someteré a la fe católica “. El siervo del Señor con gran fe le respondió: “Confío en mi salvador Jesucristo que, para tu conversión y la de los demás, me concederá su misericordia por lo que pides”. Se levantó entonces el hereje e, invitando con la mano a que todos callasen, habló: “tendré encerrada a mi acémila durante tres días y le haré padecer hambre. Pasados los tres días, la sacaré en medio de la gente, y le mostraré el forraje. Tú mientras tanto te pondrás delante con lo que afirmas que es el cuerpo de Cristo. Si el animal hambriento, no va hacia el forraje, y corre para adorar a su Dios, creeré sinceramente en la fe de la Iglesia”. En seguida el padre santo dio su aprobación. Entonces el hereje exclamó: “¡Oíd bien, todos!”. ¿Para qué confundir a las gente con demasiadas palabras? Llegado el día establecido para el desafío, la gente acudió desde todas partes y llenó la plaza. Estaba presente el siervo de Cristo, Antonio, rodeado por una gran multitud de fieles. Estaba también el hereje, con todos sus cómplices. Antonio se detuvo en una capilla que había allí cerca para con gran devoción celebrar el ritual de la Misa. Una vez acabado salió hacia el pueblo que estaba esperando, llevando con gran reverencia el cuerpo del Señor. La mula hambrienta fue llevada fuera del establo y se le mostraron alimentos apetitosos. Finalmente, imponiendo el silencio, el hombre de Dios con mucha fe ordenó al animal: “En virtud y en nombre del Creador, que yo, por indigno que sea, tengo de verdad entre mis manos, te digo oh animal, y te ordeno que te acerques rápidamente con humildad y le presentes la debida veneración, para que los malvados herejes comprendan de este gesto claramente que todas las criaturas están sujetas a su Creador, tenido entre las manos por la dignidad sacerdotal en el altar”. El siervo de Dios ni siquiera había acabado estas palabras, cuando el animal, dejando a un lado el forraje, inclinándose y bajando la cabeza, se acercó arrodillándose delante del sacramento del cuerpo de Cristo. Una gran alegría contagió a los fieles y católicos, tristeza y humillación a los herejes y a los no creyentes. Dios fue loado y bendecido, la fe católica exaltada y enaltecida; la herejía perversa es desvergonzada y condenada con vituperio eternamente. El mencionado hereje, abjuró de su doctrina en presencia de toda la gente, y a partir de aquel momento prestó leal obediencia a los preceptos de la santa Iglesia (Benignitas 16,6-17).El sermón a los peces
“A partir del momento en que vosotros demostráis ser indignos de la palabra de Dios, aquí estoy, dirigiéndome a los peces, para confundir más abiertamente vuestra incredulidad“. Y con fervor de espíritu empezó a predicar a los peces, enumerándoles todos los dones concedidos por Dios: cómo los había creado, cómo les había asignado la pureza de las aguas y cuánta libertad les había concedido, y cómo los alimentaba sin que tuvieran que trabajar. Mientras hablaba los peces empezaron a unirse y a acercarse a él, elevando sobre la superficie del agua la parte superior de su cuerpo y mirándolo atentamente, con la boca abierta. Mientras el Santo les habló, lo estuvieron escuchando muy atentos, como si fueran seres dotados de razón. No se alejaron del lugar hasta que recibieron su bendición. Aquel que había hecho que los pájaros escucharan la predicación del santísimo padre Francisco, reunió a los peces y les hizo prestar atención a la predicación de su hijo, Antonio(Rigaldina 9,24-28). El pie reinjertado
Aquel hombre, no habiendo entendido el sentido de la frase, lleno de remordimiento por la falta cometida y por las duras palabras del Santo, al volver a casa no dudó en cortarse el pie. La noticia de un castigo tan cruel se difundió en un abrir y cerrar de ojos por toda la ciudad, y llegó hasta oídos del siervo de Dios. Antonio se dirigió a toda prisa a casa de éste y, después de una angustiada devota oración, unió a la pierna el pie cortado, haciendo la señal de la Cruz. ¡Qué admirable! En cuanto el Santo acercó el pie a la pierna haciendo la señal de la Cruz, pasando por encima de la pierna dulcemente sus sagradas manos, el pie de aquel hombre quedó unido a la pierna tan rápidamente que éste se levantó alegre y sano, y se puso a caminar y a saltar, loando al Señor y dando gracias infinitas al beato Antonio, que de forma admirable lo había curado (Benignitas17,36-40). La conversión de Ezzelino
El padre intrépido, en cuanto se enteró de lo sucedido, se arriesgó y fue a hablar con éste de persona, a la ciudad de Verona, donde residía el tirano. Y lo enfrentó con las siguientes palabras: “Oh enemigo de Dios, tirano despiadado, perro rabioso, ¿hasta cuándo seguirás derramando sangre inocente de cristianos? ¡Tienes sobre ti la sentencia del Señor, terrible y durísima!”. De hecho, el tirano, impresionado por aquellas palabras del hombre de Dios, abandonó su crueldad, y se convirtió en un manso cordero. Después, colgándose su cinturón al cuello, se inclinó ante el hombre de Dios y confesó humildemente los propios crímenes, asegurando que, según su beneplácito, repararía el mal cumplido. Y añadió: “Compañeros de penas y fatigas, no os sorprendáis por esto. Os digo de verdad, que he visto irradiar del rostro de este padre una especie de luz divina, que me ha atemorizado hasta el punto que, delante de una visión tan abrumadora, he tenido la sensación de precipitarme rápidamente en el infierno”. A partir de aquel día, Ezzelino tuvo siempre una gran devoción al Santo y, mientras vivió, evitó hacer muchas atrocidades que habría querido cometer, según lo que el propio tirano confiaba (Benignitas 17,42-47). La visión
Mientras observaba con atención y devoción la habitación donde rezaba San Antonio solo, ojeando a escondidas a través de una ventana, vio entre los brazos del beato Antonio a un niño hermoso y alegre. El Santo lo abrazaba y lo besaba, contemplando su rostro incesantemente. Aquel hombre, asombrado y extasiado por la belleza del niño, pensaba por sus adentros de dónde habría venido un niño tan gracioso. Aquel niño era el Señor Jesús. Y fue el mismo Niño Jesús quien reveló al beato Antonio que el huésped los estaba observando. Después de una larga oración, acabada la visión, el Santo llamó al propietario y le prohibió que revelara a nadie, mientras él viviera, lo que había visto(Liber miraculorum 22,1-8).El corazón del ávaro
Y esto porque su alma estaba condenada al infierno, y aquel cadáver no tenía corazón, como había dicho el Señor según el santo evangelista Lucas: Donde está tu tesoro, allí está también tu corazón. Ante esta exhortación, como es natural, todos se quedaron estupefactos, y tuvo lugar un encendido cambio de opiniones. Al final se abrió el pecho del difunto. Y no se encontró su corazón que, según las predicciones del Santo, fue encontrado en la caja fuerte donde conservaba su dinero. Por dicho motivo, la ciudadanía alabó con entusiasmo a Dios y a su Santo. Y aquel muerto no fue enterrado en el mausoleo que se le había preparado, sino llevado como un asno a la muralla y allí enterrado . (SICCO POLENTONE, Vita di sant’ Antonio, n. 35). El recién nacido que habla
Aquel hombre estaba tan furioso a causa de los infundados celos hacia su mujer, que ni siquiera quiso tocar al niño que acababa de nacer algunos días antes, convencido de que era fruto de un adulterio de la mujer. San Antonio cogió el recién nacido en brazos y le habló: “Te suplico en nombre de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nacido de María Virgen, que me digas en voz clara, para que todos puedan oírlo, quién es tu padre”.Y el niño, sin balbucear como hacen los niños pequeños, sino con una voz clara y comprensible como si fuera un chiquillo de diez años, fijando los ojos en su padre, ya que no podía mover las manos, ligadas al cuerpo con las fajas, dijo: “¡Éste es mi padre!”. Se giró hacia el hombre, y el Santo añadió: “Toma a tu hijo y ama a tu mujer, que está atemorizada y se merece toda tu admiración”(SICCO POLENTONE, Vita di s. Antonio, n. 37). El joven resucitado
Éste, despiadado, cogió al chico, lo llevó a su casa y lo mató. Después, por la noche, entró en el jardín de la familia de Santo, excavó una fosa, enterró allí el cadáver, y después huyó.Al ser el joven hijo de una persona noble, se empezó a investigar sobre su desaparición, y se supo que había estado por el barrio donde vivía el enemigo. Se registraron su casa y su huerto, pero no se descubrió ningún indicio. Haciendo una inspección en el jardín de la familia del beato Antonio, se encontró al chico, enterrado en el huerto. Entonces la justicia del rey hizo arrestar, como asesinos del joven, al padre de San Antonio con todos los de casa.El beato Antonio, a pesar de estar en Padua, se enteró de lo ocurrido, por intervención divina. Por la noche, pedido el permiso al guardián del convento, pudo salir. Y mientras caminaba en medio de la noche, fue con divino prodigio transportado hasta la ciudad de Lisboa. Entrando en la ciudad por la mañana, se dirigió al juez, y empezó a rogarle que absolviera a aquellos inocentes de la acusa y los dejara libres. Pero el juez no quiso hacerle caso bajo ningún motivo, y entonces el beato Antonio ordenó que lo condujeran delante del chico asesinado.Delante del cuerpo, le ordenó que se levantara y dijera si lo habían asesinado sus familiares. El chico se despertó de la muerte y afirmó que los familiares del beato Antonio no tenían nada que ver con el delito. Consecuentemente, fueron absueltos y liberados de la cárcel. El beato Antonio se quedó haciéndoles compañía todo el día. Después, por la noche, salió de Lisboa y a la mañana siguiente estaba en Padua de nuevo(Bartolomeo da Pisa 4,19-32). |
El santo amado por el mundo
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Los sermones
¿Qué son?
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El teólogo
Doctor evangélico
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El místico
Dios sobre todas las cosasSan Antonio es también un místico. No es sólo el santo más amado, el gran predicador,el escritor de los Sermones, el monje franciscano. En sus escritos y sobre todo en su vida él nos ha dejado la huella de su profundísima relación con Dios y de una original doctrina mística la cual desea ayudar a encontrar a Dios a partir del corazón, con la oración y con el amor, en el silencio y en la soledad, incluyendo también la acción. ¿Cuáles son los rasgos sobresalientes de su doctrina mística? ¿Qué influencias de autores místicos se observan en su pensamiento? ¿Qué enseña acerca de la contemplación, el amor, la fe, la oración, el silencio y la soledad, la relación entre vida activa y contemplativa?
San Antonio define la filosofía o sabiduría del mundo “insignificante e insulsa”. No porque la considerara inútil en sí misma sino porque la sabiduría del mundo se limita a satisfacer las aspiraciones humanas, las ansias de lucro y de vanagloria. La primacía corresponde a la teología, fundada en la Sagrada Escritura. La sabiduría filosófica es la doncella de la teología. El Santo denuncia la preferencia escandalosa que algunos concedían a la filosofía y a los estudios jurídicos en perjuicio de la teología la cual se propone la salvación de las almas. Él sostiene con el ejemplo de San Pedro Damiani que preferir la filosofía a la teología hubiera sido como elegir entre Dios y el diablo. La cultura del Santo es prevalentemente de índole sagrada. Los primeros historiadores primitivos testimonian su gran sabiduría teológica debida a la constante y diligente aplicación en el estudio de la Sagrada Escritura. Según Antonio la inteligencia de la Escritura (sacer intellectus) es superior a cualquier otra ciencia, es la única que hace al hombre verdaderamente sabio. Esta posición del Santo en relación con la filosofía no significa que él haya rechazado los principios científicos de los procesos racionales o de la técnica mental, pero en sus escritos se preocupa por subordinar la filosofía a la teología. Pero Antonio, filósofo, está animado por otra ambición más noble, la del teólogo que se transforma en contemplativo. Él escribe que la contemplación es la más preciosa de todas las obras y todas las cosas que se puedan desear no son comparables a ésta. Sus palabras casi nos sorprenden si pensamos que quien las escribió fue un hombre de una actividad pastoral muy intensa. Desde luego, no logramos explicarnos cómo pudo dedicarse a la contemplación él, que incluso en su breve período de apostolado no habría tenido tiempo ni siquiera para respirar. La vida de Antonio está llena tanto de prédicas como de éxtasis, de conversaciones con Dios, de encuentros con el pueblo. El Santo de las multitudes es al mismo tiempo el Santo del silencio y de la soledad contemplativa. Los exámenes científicos realizados en los huesos de San Antonio, en ocasión delreconocimiento de sus restos mortales efectuado el 6 de enero de 1981, confirman a partir de ciertos signos de las tibias y las rodillas que transcurría muchas horas arrodillado dedicado a la oración y a la contemplación. La vida interior de San Antonio está en función de su incansable apostolado. Las pausas contemplativas eran con vistas al camino; es decir,está al servicio de los demás. Él pone a disposición del prójimo también y sobre todo las “rodillas”. También Antonio de Padua manifiesta la grandeza y la riqueza de su alma no tanto en su sugestiva, franca y enérgica predicación ni en su fama de taumaturgo como en la continua unión íntima con Dios. Texto de Antonio Giuseppe, adaptado por p. Paolo Floretta. La teología mística
La vida contemplativa que experimentó en modo profundo se proyecta con intuiciones verdaderamente geniales, con claridad de exposición, también en las más altas especulaciones, sin caer jamás en sutilezas y rigorismos en los que cayeron algunos de la escuela de San Vittore. Antonio tiene una espiritualidad moderada, accesible y a la medida del hombre que él no quiere destruir. El Santo afirma que el alma puede desear y pedir a Dios los consuelos espirituales no como fin en el cual descansar, está claro, sino como medio para amar a Dios con mayor facilidad y ardor.
En la concepción antoniana de la contemplación se notan las influencias deAgustín, de Gregorio Magno, de Bernardo de Chiaravalle. Son también evidentes las influencias de Ricardo de San Víctor, célebre místico del siglo XII, discípulo de Seudo-Dionisio, cuyo pensamiento entonces comenzaba a difundirse en Occidente por obra del abad Tomás Gallo de Vercelas, amigo de San Antonio. Gallo apreció mucho la ciencia mística de fray Antonio pero parece seguro que el Santo no haya cumplido su formación teológica con el abad Gallo. Por otra parte no se puede excluir que haya recibido influencia seudo-dionisiana en los encuentros con el abad. En más de un pasaje de los Sermones antonianos se advierte además la dependencia de Guillermo de Saint Thierry, ilustre abad de Claivaux y autor de la Epístola ad fratres de Monte Dei, obra que Antonio cree fue pertenece a San Bernardo. Sacando algunas ideas de este libro de oro, uno de los libros fundamentales de la espiritualidad medieval, el Santo de Padua evita aquellas expresiones de apariencia panteísta observadas por algunos en esta obra. De estos grandes maestros representativos de la espiritualidad occidentalAntonio refleja en modo notable en los escritos y en la vida el planteamiento especulativo y afectivo. Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta La contemplación
La vocación a la contemplación mística supone que el alma tenga los requisitos para recibirla. Entre éstos, Antonio enumera:
Otra virtud que dispone en modo particular a la contemplación es la castidad perfecta. Muy pocos autores místicos hacen mención de este requisito reservado a un limitado grupo de almas. San Antonio habla indudablemente de una experiencia personal. Él fue un candidísimo lirio de pureza. Para la mayor parte de los cristianos que vive en el matrimonio es suficiente la pureza de la mente(mentis puritate), conciliable con su estado. Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta Creer y amar
La fe sin el amor es inútil. El amor es tan esencial en la vida de fe que sin él no puede subsistir y muere. El amor, ya existente en la esencia de la fe, se manifiesta en la actividad contemplativa como ardiente deseo de Dios (appetitus regni), la cual es para el Santo una de las cuatro “alas” que permiten al hombre justo escapar de los cuidados de la vida para sumergirse plenamente en Dios. Si bien por una parte Antonio concede una primacía al amor conforme a la escuela franciscana, por la otra no deprime la inteligencia, antes bien la asocia íntimamente al amor como su inseparable compañera en el camino místico hacia Dios. La contemplación es para él un acto de conocimiento y de amor, es cognición amante. Esta, lo repite en todos los tonos, es un gusto, pero también una intuición, una visión intelectual, por la cual el alma fija la mirada en el sol de la divinidad. El alma del contemplativo es como un acueducto por el que pasan las aguas de los “conocimientos espirituales”. Esta, en la sencillez, contempla a Dios. En los Sermones hay una expresión escultural en plena consonancia con toda la doctrina de Antonio sobre la primacía del amor: ”Dios fija la mirada en el corazón cuando infunde… la luz de la contemplación”. Aquí en la tierra, la luz del alma es el amor, de por sí solo supera cualquier velo. Allí donde se detiene el intelecto, procede el amor, que con su calor conduce a la unión con Dios. Naturalmente, el alma no posee la visión inmediata de la esencia o sustancia divina, no ve a Dios como es en sí (quizás esto sucedió sólo a Moisés y a San Pablo); pero en la potencia del amor se llega a Dios, formando un todo con Él, según el conocido pasaje paulino al que se refiere el propio Antonio: “quien se une al Señor, forma con él un mismo espíritu” (1Cor 6,17). El conocimiento que el alma tiene de la divinidad es mediato: es decir que Dios es conocido experimentalmente a través de los efectos de dulzura y de placer espiritual que la unión con Dios produce en el alma. Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta
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Amor gemelo
Entre las virtudes, la que más conduce a la contemplación es la caridad.
Esta es la fuente inmediata de la cual brota el placer místico. Fiel al principio evangélico de que todo se resume en el amor, Antonio no titubea al decir quela esencia de la contemplación está constituida por la observación de dos preceptos “gemelos” de la caridad: “Dos cosas, el amor de Dios y del prójimo, hacen perfecto al hombre”.
Son numerosos los elementos presentes en losSermones antonianos, de los que se puede advertirla importancia que tiene el amor gemelo en la doctrina espiritual de Antonio. Esta se caracterizapor la intensidad afectiva propia de los franciscanos de la primera generación, enriquecida por un corte intelectual debido a la cultura teológica del Santo.
En la doctrina sobre el amor Antonio se inspira en Agustín y en Bernardo, en particular en el primero, pero él lo ilumina con su genio y la fecundidad de su temperamento místico.
Ante todo parte de la explicación etimológica tan de su gusto. El amor se dicedilectio porque “liga entre sí a dos personas. La dilección, que es amor de Dios y del prójimo, comienza por dos. La obligación del amor gemeloaparece en Antonio como cumplimiento de la orden divina; en su observación se resume toda la perfección de la tierra y del cielo (cf Lc 10,25-28; Dt 6,5).
El Santo acentúa el carácter preeminente del amor gemelo remitiéndose a la definición de Dios dada por San Juan: “Dios es amor” (1Jr 4,8-16). La identificación de la caridad con Dios lo lleva de inmediato a enunciar algunos principios en que se basa su doctrina sobre el amor. Primer principio: Dios es el objeto propio del amor “en sí y para sí”. El amor de Dios es para Antonio lo más esencial que se pueda. Segundo principio: la caridad debe ser considerada la virtud principal, el vértice de todas las virtudes.
Los amores en el hombre
Coherente con la enseñanza divina, Antonio distingue tres tipos de amor en el hombre: el amor de Dios, del prójimo y de sí mismo, y a propósito, refiere una metáfora de San Isidoro de Sevilla, según la cual el águila pone tres huevos, dos en el nido y el tercero fuera, para no debilitarse teniendo que dar el sostén necesario a tres aguiluchos. El Santo representa en los tres huevos el triple amor de Dios, del prójimo y de sí mismo; y concluye que el hombre debe excluir del “nido de la propia conciencia” el amor por sí mismo para mantener vivos los dos primeros, por el hecho de que el amor particular (amor privatus), limitado a los placeres del mundo, es un obstáculo al amor de Dios y del prójimo. Antonio acentúa de nuevo la inconciliabilidad entre los dos amores, de Dios y de sí mismo, cuando afirma que el amor de Dios crece en la medida en que el otro disminuye.
A las personas deseosas de progresar en la vida espiritual, el Santo recomiendano vivir abandonadas a continuas preocupaciones terrenales. Porque Dios se comunica sólo al hombre que sale de los recintos de las cómodas seguridades y se pone a disposición de la acción de la gracia.
Él mismo da un ejemplo de ello. Deja el mundo, substituye las perspectivas de una brillante carrera mundana, facilitada por la consistente posición social de la familia, con el arduo camino de la cruz. A partir de este momento la vida de Antonio es una prolongada inmersión en la contemplación de Dios.
El hombre se acerca y se une a Dios en la medida en que el amor se convierte en el resorte de su conducta y “conforma” su proceder.
Contemplación y acción, vidas gemelas
Al amor de Dios y del prójimo, corresponde en Antonio, la distinción de la vida en contemplativa y activa, la primera consagrada a la unión mística con Dios, la segunda destinada a socorrer al prójimo. Naturalmente, hay una cierta subordinación de la vida activa a la contemplativa, debido a la excelencia del objeto de esta última. El amor del prójimo tiene sus bases en el amor de Dios, quien ha creado al hombre, objeto del segundo amor.
Del mismo modo en que la interdependencia esencial entre el amor de Dios y del prójimo lleva al Santo a definirlos gemelos, la subordinación de la vida activa a la contemplativa lo conduce a llamar “gemelas” a ambas vidas. Para Antonio el estado de perfección cristiana no se resuelve ni en la sola acción ni en la solacontemplación, sino en la conciliación de una y otra.
Hablando de la escala de Jacob, Antonio invita a todos a subir, porque una vez alcanzada la cima es posible contemplar a Dios y disfrutar de su dulzura. Una vez conseguida la perfección y una siempre creciente agilidad del espíritu en la intimidad con Dios, el contemplativo desciende después de aquella escala para difundir entre los demás la carga de su amor divino y consolar al prójimo. De inspiración platónica, este movimiento de ascensión y descenso o, mejor dicho, de ida y vuelta, constituye un itinerario de gran interés espiritual. La vida del hombre justo se desata en dos movimientos, de ida hacia la contemplación y de descenso a la acción. Lo exige y supone la naturaleza del amor gemelo. Los santos, escribe Antonio después de San Gregorio Magno, pasan de la vida contemplativa a la activa. No pudiendo quedarse siempre suspendidos en las esferas místicas, continúan con la acción después de la contemplación por el bien de los demás.
La vida cristiana, un canto de dos coros
La vida del cristiano es unión de oración y alabanza. La oración debe continuar con una vida donada al bien de los hermanos por la gloria de Dios.
Fray Antonio establece como una ecuación entre el obrar y el orar ininterrumpidamente. Hacer el bien y orar continuamente son dos actividades complementarias, armonizables, que glorifican a Dios como un canto de dos coros, que asciende de la vida cotidiana del creyente. La armonía unificadora es en fondo una necesidad mutua. La acción, sin la oración, no tendrá ni luz ni sabor (lucerna sine oleo, opus sine devozione).
Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta
Orar con el corazón
Una idea fundamental vibra en los Sermones antonianos, y es el sentido de la vida polarizada en Dios a quien todo se debe dirigir. Para Antonio, la orientación de todo a Dios tiene un solo nombre: “oración”.
Todo conduce al denominador común de la “oración”, incluso en la variedad de la naturaleza del movimiento de ascensión hacia Dios o de su grado de perfección.
No hay página de los escritos antonianos de la cual no afloren el sentido y el gusto de la oración y la capacidad de orar. El Santo ora por “deber”, pero siempre por convicción y necesidad espontánea.
Discípulo de Agustín, el doctor de la gracia, Antonio es el primero en practicar lo que enseña, y no cesa de pedir en todo momento, hasta él en el acto mismo de la predicación, la ayuda misericordiosa del Señor.
Para el Santo la oración es ante todo unarelación de amor, que crea una íntima unión (oratio est hominis Deo adhaerentis affectio) con la persona amada (es decir, entre Dios y el hombre), llevando después a conversar dulcemente con ésta (familiaris quaedam et pia allocutio) provocando un gozo inefable, mientras haces de luz envuelven suavemente el alma que ora. Debido a su temperamento que necesita abrirse en lo que él ama, Antonio es un innato espíritu en oración.
Para él la oración es un movimiento sobre todo del corazón que, impregnando de calor a la mente, convierte el encuentro con Dios en una conversación de amor.
La primacía del corazón
La oración con Dios exige la presencia de todas las facultades del alma, pero la primacía es siempre la del corazón. De este modo, a la definición corriente, Antonio prefiere la idea de la oración como ”elevación del corazón” (cor ad sublimia investiganda attollere); pero no pasa por alto la comprensión de la mente (investiganda), que ilumina el corazón en su itinerario hacia Dios. índice
Las fases de la oración
Ilustrando el texto paulino de 1 Timoteo 2,1: “Recomiendo, ante todo, que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias”, Antonio diferenciacuatro fases en la oración: la obsecratio, la oratio, la postulatio, la gratiarum actio..
- La obsecratio representa la primera fase de la oración. Ésta expresa los sentimientos del alma que quiere aplacar la ira de Dios.
- La segunda fase, la oratio es el momento del contacto afectuoso con Dios.
- Una vez que ha entrado en la fase de la confianza, el alma encuentra fácil el tercer momento, el de la postulatio, de la petición. Antonio desea precisar que el alcance de la petición trasciende las cosas de la tierra, porque se extiende hacia el mismo Infinito, objeto supremo de todo deseo.“Pedirle Dios a Dios”, ésta es, por orden de dignidad, la primera de las peticiones en que debería basarse toda petición. Aquí el Santo, abriendo una vez más su alma, subraya el cristocentrismo de su oración, que es un aspecto de aquel cristocentrismo espiritual tan evidente en sus escritos y que él condensó en una expresión cargada de significado: Cristo nos ha sido dado por el Padre para que “al vivir por él, lo amáramos; sin él vivir es morir”.
- La última fase de la oración es la gratiarum actio, la alabanza. Una alabanza que nunca falta, porque se identifica con la caridad misma y con la oración ininterrumpida, cual canto perenne de gratitud que sube de la propia vida del alma socorrida.
Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta
En silencio y soledad
La oración requiere una atmósfera de silencio, ante todointerior, de fuga de las distracciones provocadas por las preocupaciones que trastornan y agitan el alma que ora.
Y es necesario el silencio del bullicio exterior que turba la paz interior del espíritu, condición del encuentro con Cristo, el maestro que habla al alma.
El deseo de un silencio más profundo y de una soledad más intensa induce a Antonio a abandonar el monasterio agustino de San Vicente de Lisboa, para retirarse en el de Santa Cruz de Coimbra, importante centro de cultura y espiritualidad en Portugal.
Allí donde todo habla a su corazón de Jesús crucificado, Antonio bebe como un ciervo sediento la sublime sabiduría de la cruz.
Por los primeros biógrafos se sabe que después del capítulo general celebrado en Asís entre el 30 de mayo y el 8 de junio de 1221, Antonio obtiene de fray Graciano, ministro provincial de la Romaña, el permiso de retirarse a la ermita de Montepaolo. El Santo siente la necesidad de la soledad física, del silencio exterior, para llevar una vida de oración y de contemplación más intensa.
Si bien a fray Antonio le interesa la salvación de las almas por las que no escatima ni molestias ni fatigas, de todos modos, después de haber experimentado la vida itinerante para anunciar a las multitudes la Palabra de Dios, él siente continuamente la atracción y el llamado de la soledad. Los pies desnudos del fraile menor pronto se cubren del polvo de las calles. Pero Antonio, como el Padre Seráfico, piensa que “están empolvados los pies espirituales”, que hay que lavar en las límpidas aguas de la soledad.
Tomás de Celano narra cómo San Francisco resolvía personalmente la tensión entre acción y contemplación. El fundador de la Orden de los Frailes Menores se había acostumbrado a descuidar sus propios intereses para dedicarse al bien del prójimo. Sobre todo deseaba superar el obstáculo de su cuerpo para unirse a Cristo. Por eso ponía mucho cuidado en mantenerse alejado y libre de las cosas del mundo. A menudo se retiraba a lugares solitarios para elevar el alma a Dios, aunque sin dejar de entrar en acción en el momento oportuno para ponerse al servicio del prójimo.
Como el padre seráfico, San Antonio alternaba la vida apostólica de la predicación itinerante con períodos más o menos prolongados de retiro en la soledad. La irresistible atracción de una vida completamente absorta en Dios, se va agudizando de cuando en cuando. Entonces, no bastándole una ermita, ama refugiarse en cualquier gruta desconocida y en lugares verdaderamente apartados para abrirse en oración.
De este modo, predicando en Francia, se retiró a la gruta de Brive. En Italia, se apartó de acuerdo con una antigua tradición al monte de la Verna y ciertamente a Camposampiero, en las cercanías de Padua, donde fue afectado por la enfermedad que en breve tiempo lo condujo a la muerte.
Parece que desde que Cristo, maestro de toda santidad y de todo apostolado,nació en una gruta, quien quiera que después de Él y por medio de Él quiera realizar los mismos ideales de vida debe esconderse en el recogimiento de la soledad, para lograr encontrarse a sí mismo en Dios y a Dios en sí mismo, solamente en la oración solitaria. Esto significa buscar a Dios en verdad: sustraerse a las ilusiones y a los placeres, tener la mente libre de toda ansia y de todo deseo terrenal para estar a disposición del Padre celestial.
Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta
Doctor místico
Antonio es conocido como hombre de Dios, predicador de la palabra divina, teólogo, más aún como el Santo de los milagros, mientras que es también un doctor místico. Nada puede igualar el conocimiento de tal teología si no la lectura de los propios textos de San Antonio.
La experiencia de Antonio místico invita a la atención sobre un hombre que lo siguió siendo totalmente y maduró a sí mismo espiritualmente en la relación vital con Dios por medio de Cristo. La experiencia mística del Santo de Padua es la experiencia de un creyente en Cristo; es decir, donde la referencia a Cristo es absoluta y radicalmente normativa.
Antonio tiende a ser otro Cristo no materialmente, como si tuviera que referirse a un modelo, a un código inerte, pero con la creatividad de su espíritu. Las vicisitudes de Cristo son las suyas; sin embargo, hay una singularidad en la existencia histórica de Jesús y la suya. Fray Antonio deja que sea Cristo quien determine su vida, antes y más que su enseñanza.
Así el Santo de Padua no se acuerda apenas de Cristo, pero – por la presencia del Espíritu - él es una “memoria” y un “memorial”, en algún modo inédito, de él.
Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta
Pregón del barrio de San Antonio del Puerto de la Cruz, año 2005
…. Este pregón, viene a ser, poco más o menos como el chupinazo de los sanfermines o como la explosión del volador de cañón (que lástima que no sea de Pacheco) que indica que el barrio va a estar de fiesta por unos días, en los que se van a dejar de lado de forma provisional los afanes y trabajos diarios y queramos o no, toca divertirse y a pasarlo bien; y durante estos días, tenemos que olvidarnos, sin diferencias de edades, de los problemas que a veces nos agobian y volver a ser niños, que es uno de los milagros que producen las fiestas, cualquier clase de fiestas, siempre que nos pongamos receptivos al regocijo popular de toda la vecindad. Ustedes se divertirán mucho en estas fiestas, pero yo también me he divertido redactando las líneas que hoy tengo el honor de leer.
Y algo de esto es lo que personalmente me aconteció en esta conversación previa con estos dos amigos; tan pronto como tratamos del tema que nos reunía, en la terraza de un bar de la marinera calle de Las Lonjas, empezaron a ocuparme la imaginación (fenómeno del que no me he curado todavía) una serie de recuerdos nostálgicos y de añoranzas que llenaron toda una época de mi niñez, hace ahora bastante más de sesenta años, relacionados todos ellos con el barrio de San Antonio y de las zonas cercanas de la Calle Nueva, La Asomada, La Calera y Las Arenas, donde pasé una feliz niñez hasta finales de 1943 en el que nos mudamos a una magnífica casona solariega, hoy desaparecida, situada a pocos pasos de la Plaza del Charco, donde hoy están Los Girasoles.
La configuración topográfica del barrio de San Antonio y de la vecina zona del Esquilón, no podía ser más diferente de lo que actualmente conocemos del mismo; el barrio pobre de nuestra niñez se ha convertido en una lujosa zona residencial que nunca podría reconocer el que ha estado varios años ausente; en aquellos tiempos, el reciente fin de la guerra civil española (guerra, a mi juicio, vergonzosa y estéril, como todas las guerras) y el encarnizamiento sanguinario de los últimos años de la segunda guerra mundial, hizo que sobre todo los de mi generación, con los ojos recién abiertos a la vida, viviéramos asustados de tanto crimen y de tanta muerte inútil, y la verdad es que hoy, cuando aquellos niños y niñas que hoy somos abuelos y hasta bisabuelos y tenemos la proa enfilada, eso sí, con alegría, para los dominios de Pablo el Cachorro, no vemos que la cosa haya mejorado mucho desde aquellos lejanos tiempos, y los hermanos se siguen matando unos a otros, ignorando aquella orden de “No Matarás” que el Creador dió, incluso por escrito, a Moisés en el Monte Sinaí, orden que parece que se formuló solamente para ser desobedecida durante toda la Historia.
Pero bueno, vamos a cambiar de tercio. Estamos de fiestas y no es ahora la ocasión de ponernos pesimistas. En compensación tenemos también cosas muy buenas, como por ejemplo, el magnífico aspecto actual del barrio, que no se ofrece mejor en las grandes capitales.
Como prólogo de las fiestas, empezaré diciendo algo de la antigua ermita de San Antonio, donde estas se iniciaron, que tantos recuerdos me trae de mi lejana niñez, en la que algunos domingos, veníamos un grupo de chicos de la Calera y Las Arenas, donde yo vivía, a participar en la Doctrina de la ermita.
En un completo trabajo de Clementina Calero y de Silvano Acosta, sobre la antigua ermita de San Antonio, se especifica que la hacienda del mismo nombre, una de las primeras que las familias inglesas adquieren en Tenerife, fue fundada en 1750 por el alférez Don Antonio José Borges Temudo y su esposa Doña María Pereira y Gervalán, en el lugar conocido como Los Sitios, construyéndose primero la ermita y después la plaza; la venta de la totalidad del edificio fue efectuada por las dos nietas de los fundadores (monjas catalinas del convento de los dominicos de La Orotava) a Don Nicolás Blanco, comerciante de altos vuelos que fue el primer Alcalde Real nombrado por elección popular; irlandés de nacimiento, al naturalizarse en el Puerto de la Cruz españolizó su apellido White y fue muy conocido por dos de sus grandes profesiones: la de ricacho, a la que llegó con el contrabando y con el monopolio de la orchilla, y la de diputado municipal. Con este motivo, sólo se realizan en la edificación y en los jardines reformas al estilo inglés, con la ermita, edificada en 1777, adosada al conjunto. Después de muchas vicisitudes, la hacienda, que hoy evidencia un estado avanzado de abandono, es propiedad en la actualidad del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz; en cuanto a la capilla, albergaba hasta hace pocos años algunos santos y sobre todo al santo patrón del Barrio, San Antonio de Padua, hoy venerado, con otra imagen, en la nueva iglesia, así como la Virgen de la Salud.
A propósito de Don Nicolás Blanco, el escritor Don Diego Guigou Costa, hijo del Doctor Guigou del mismo nombre y apellidos, ranillero de pro, nacido el padre en 1861 en la calle de Las Cabezas (en el antiguo ayuntamiento) y fundador del hospitalito santacrucero, en su libro “El Puerto de la Cruz y los Iriarte” manifiesta sus dudas sobre los motivos que tuvo el mencionado Sr. Blanco, que en su origen era White, para gastarse, una vez convertido en personaje, 300 pesos de su bien pertrechado bolsillo en pavimentar algunas calles del Puerto. Guigou expone con bastante gracia y no menos mala uva: ¿Se acordaría que en su tierra natal existían calles pavimentadas,… o sentiría algún remordimiento muy íntimo porque el oro y la plata que llegaban a sus manos no permanecían mucho tiempo en este pueblo que le vio enriquecer? Pero dejemos este asunto, recordando que la golfería en política no es un invento exclusivo de los siglos XX y XXI y la verdad de aquello de que no hay nada nuevo bajo el sol.
La hacienda de San Antonio, por los años de mi niñez (principios de los 40) era propiedad de Don Francisco Tolosa, abuelo del oftalmólogo Don Antonio Escobar Tolosa; de Don Francisco, que compartía su residencia entre esta hacienda y su casa de la calle de las Tiendas, apenas conservo un recuerdo borroso, sin embargo lo tengo bien claro de su esposa Dª Isabel Serís Grenier, una señora muy agradable y elegante que todos los días cogía la guagua conmigo en la Punta de la Carretera y siempre me preguntaba cómo iban los estudios; si mal no recuerdo, esta señora era sobrina del político tinerfeño Imeldo Serís. Por cierto, que cuando yo era pequeño oí decir en varias ocasiones que Don Pancho Tolosa era primo hermano del Rey Alfonso XIII, lo que probablemente era un bulo como una casa; pero lo que si es cierto, es que muchas personas del Puerto, basándose en la posible verdad de tan real parentesco, buscaban la influencia de Don Francisco para los asuntos más variados y no es menos cierto, según me han contado personas mayores que yo (que cada día están más escasas) que, fuera o no verdad lo del parentesco alfonsino, Don Francisco atendía de maravilla a todo el que fuera a solicitar sus influencias y además se molestaba en cumplimentarlas.
Y a todas estas ¿quién fue San Antonio de Padua? Un santo franciscano que nació en Lisboa en 1195 y falleció muy joven, a los 36 años en Padua, Italia; a los 20 años tomó el hábito de fraile menor y fue a predicar a África, pero unas fiebres fueron la causa de que desistiera de su propósito y embarcó para España; en el viaje, una tempestad cambió el rumbo de la nave y la obligó a desembarcar en Sicilia; en Italia conoció a San Francisco de Asís, quién le recomendó que estudiara Teología, disciplina que después San Antonio enseñó posteriormente en distintas localidades de Italia y de Francia.
San Antonio fue orador sagrado, fundador de hermandades y cofradías, teólogo y hombre de gobierno; dejó varios tratados de mística y ascética y se publicaron todos sus sermones, siendo beatificado al año de su muerte y proclamado doctor de la Iglesia por el Papa Pío XII en 1946.
La iconografía de San Antonio se multiplicó durante la época barroca y su fiesta se celebra el 13 de Junio; hace un par de años, con motivo de un viaje de unos días a Madrid, tuve ocasión de efectuar una visita dominguera a la castiza ermita de San Antonio de la Florida, el santo casamentero al que acuden con sus cuitas todas las chicas (y las no tan chicas) de España que están solteras en contra de su voluntad, para que el santo les consiga un marido, o en todo caso, como en la conocida zarzuela, un amor sincero. La decoración al fresco de la cúpula y paredes constituye una de las obras cumbre de aquel coloso de la pintura que fue Francisco de Goya, que está enterrado bajo aquella maravilla, en la que están recreados diversos episodios y milagros de la vida de San Antonio de Padua, y los distintos personajes están expresados con tal realismo que parece que de un momento a otro van a salirse de las paredes y a pasearse entre nosotros. Yo, que gocé como un cosaco en la visita de marras, recomendaría a todos mis paisanos del Puerto y sobre todo a los que tienen la suerte de vivir en este espléndido barrio de San Antonio, que en la primera visita que hagan a Madrid no dejen de pasar un par de horas en la iglesia de San Antonio de la Florida y así asombrarse una vez más del arte divino del gran Goya, el aragonés universal, asombro acrecido al comprobarse, con los documentos de la época, que aquellas maravillas las pintó Goya en sólo cuatro meses, a finales de 1798.
Y así, como quien no dice nada, hemos nombrado varias fechas del siglo XVIII que si fue muy importante en todo el mundo por las consecuencias derivadas de la Ilustración y de la Revolución Francesa, no lo fue menos para un pueblecito diminuto, olvidado y casi ignorado por ser el más pequeño de España, con sus menos de nueve kilómetros cuadrados: el Puerto de la Cruz, y que sin embargo brilló con luz muy potente en la España peninsular por la importancia de sus hombres: muy por encima podríamos nombrar en esa época a Don Juan de Iriarte, el Gramático, amigo y condiscípulo en París de Voltaire, filólogo y Director de la Biblioteca Real madrileña; allí, a Madrid, se llevó a varios de sus sobrinos, Don Tomás de Iriarte, el fabulista, conocido en todo el mundo, Don Bernardo, el Político, Don Juan, fray Juan Tomás, preceptor y maestro de Don Tomás y Don Domingo, el Diplomático, artífice y hábil gestor de la Paz de Basilea. También me permitirán que traiga a colación al único, al gigantesco Don Agustín de Betancourt, uno de los ingenieros más grandes del mundo en todas las épocas, fundador de las escuelas de ingenieros de Caminos de España y de Rusia, y el primero que elevó un globo aerostático en España, fallecido en San Petersburgo en 1824, de quien estaríamos hablando un año seguido y no terminaríamos de expresar todos sus inventos y trabajos, así como al genial Don Luis de la Cruz y Ríos, pintor de cámara de Fernando VII, y varias veces alcalde del Puerto; todos los nombrados y muchísimos más que callamos, nacieron en el siglo XVIII en el Puerto de la Cruz, el pueblecito olvidado, y como todos nosotros, corretearon y jugaron en sus playas y bajíos, antes de darle tanta gloria a España y no sería nada raro que también se bañaran en el Charco de Cha Paula y que utilizaran la pedrada como medio de disuasión en sus diferencias con las pandillas infantiles rivales de la cercana Ranilla.
En el año 1818, siendo rey de España el no bien recordado (por no llamarlo el mentecato) de Fernando VII, ocurrieron en el mundo varios sucesos, siendo los dos más destacados a mi juicio, el nacimiento de Carlos Marx y la rotura de la campana de la ermita del barrio de San Antonio, en el Puerto; cuenta Álvarez Rixo en sus anales del Puerto de la Cruz, que el desperfecto de la campana lo intentó corregir Don Domingo Fernández Trujillo, que había sido diputado de este Municipio dos años antes; al parecer, este señor había visto fundir campanas en América, pero sus conocimientos técnicos sobre el tema no eran muy considerables y los resultados dejaban mucho que desear, por lo que le pusieron unos versos anónimos en una carta que decían:
“Te crees, oh Fernández muy amado
De Minerva, las musas y de Apolo
Y fiado en su amparo has publicado
Que para hacer campanas eres solo
Pero la adversa suerte ha demostrado
Que al querer hacer una con esmero
No es más que de cocina un gran mortero”.
Por lo que hubiera sido mejor haber hecho caso al rico refranero español en aquello que dice “zapatero a tus zapatos”.
Y volviendo a lo que exponía al principio, sobre las añoranzas y recuerdos de una época que por mucho que nos duela, ya nunca volverá, en los últimos días, después de mi conversación con Gerardo y Zebenzuí, he pensado miles de veces sobre los primeros años de la década de los 40, los años del hambre, guerras y escaseces, justamente en los tiempos que ingresé en el bachillerato, y que, por vivir en Las Arenas tanto hube de patear estos entrañables pagos de San Antonio y la Calle Nueva, tanto para bajar al Puerto al colegio caminando, con la consiguiente subida, como para hacer colas para comprar papas y batatas, estrictamente racionadas y también, como no, para jugar a la pelota de badana con los ases locales de ambos caseríos.
Las colas, en la Calle Nueva, tenían lugar en la Casa Amarilla, estando la distribución a cargo de Marcos, marido de Rosario Cruz, tía del escritor Juan Cruz, y algo más abajo, ya en pleno San Antonio, los chicos íbamos a comprar papas, las pocas veces que habían, a la finca del siempre recordado don Narciso Reverón, todo esto sin olvidarnos de la cercana venta de Frasquita, donde siempre teníamos algo que comprar, sobre todo unos caramelos en forma de judías que no los he vuelto a ver en mi vida. Siempre relaciono mis visitas a la venta de Frasquita con el abejoneo de docenas de niñas, que como yo están hoy llenas de nietos y hasta alguna con biznietos, recitando los mandamientos y la tabla de multiplicar en la cercana escuela, ya desaparecida, cerca de la iglesia, bajo la batuta de una mujer fantástica, la recordada maestra Doña Lola Méndez, esposa de Don Luciano Machado, también maestro y madre de mi gran amigo Gilberto Machado, el farmacéutico de la Plaza del Charco.
Esta escuela estaba algo más abajo de la casa de Florencio el Paisa, que trabajó con su hermano Juan en la gasolinera de Las Arenas, en aquellos benditos tiempos en que los surtidores funcionaban a mano. Florencio era un personaje muy simpático y bromista que no dejó de celebrar ningún año el prohibido entierro de la sardina ni aún en los tiempos de la más feroz represión; y lo peor es que iba a celebrarlo nada menos que a la plaza del Charco, con la improvisada sardina a cuestas, vestido de viuda y con la cara pintada de negro, desafiando a la no muy nutrida plantilla de la policía local, formada por Joseíto, Pancho, Manuel y Santiago Bobet, a la que se unió unos años más tarde, Marcos Torres; también en varias ocasiones se tiró vestido al agua en el muelle durante la embarcación de la Virgen del Carmen, poniendo a prueba sus habilidades natatorias (con ropa y con zapatos) en competencia con Lázaro el de María Jiménez, también nadando y con igual indumentaria.
El origen de las fiestas del barrio de San Antonio debe de ser muy antiguo; consigna el inevitable Álvarez Rixo en sus Anales, con frase corta pero contundente, que el 27 de Agosto de 1871, es decir, hace 134 años por estos días, “hubo paliza en la fiesta de San Antonio de los Sitios”, bendita costumbre local que no desapareció con los años, al menos hasta que yo era bastante joven y aún con la carrera terminada, en la que solía tocar la guitarra con un nutrido grupo de esta zona, todos familiares y con boina, algunos de los cuales, sobre todo Antonio, Chavito y Lorenzo, los tres hijos de la recordada Frasca, eran buenos amigos míos. El único defecto que tenían estos parientes era que les gustaba repartir algún variscacillo en las fiestas, tanto en las de San Antonio como en las de la Calle Nueva, La Vera y en las de la Cruz del Ñuñú, junto al Club Inglés, pues todos ellos estaban siempre como la caja del turrón. No los nombro por si alguno se puede molestar, pero su mote (ya muchos están muertos) tiene algo que ver con los panales y las abejas y no precisamente con la dulzura de la miel. Que Dios los tenga a todos en la gloria, donde me imagino que serán menos revoltosos que lo fueron en la tierra.
Y nos persiguen los recuerdos de las antiguas fiestas, con su característico olor a ventorrillos y a vino del país, recién escanciado; de las antiguas comisiones de fiestas, bajo la batuta de Isidoro el de Magdalena; de las verbenas, de las cucañas y de las sortijas en bicicleta, en las que los hermanos Abrante, que vivían cerca de la Casa Azul, eran siempre los mejores; de los inocentes como Antonio el bobo, Manuel el Lindo, Isidro el de la Vera, Don Diego y Pepe el de la Pianola, infelices que no se perdían una fiesta a pesar de lo que la gente los hacía rabiar, por ser mayor que en los días corrientes, lo que recolectaban en limosnas. De la procesión de San Antonio, acompañada de la banda del Puerto, primero dirigida por Don Juan Reyes Bartlet, y más tarde por Pedro Puerto y por mi recordado amigo Chano Miranda.
Y también, algo más arriba, de mis largas conversaciones con Don Antonio El Caminero, en la acera frente a su casa, donde me contaba repetidas veces que trabajó en la construcción de la torre de la Iglesia de la Peña de Francia a fines del siglo XIX, marchando poco después a la guerra de Cuba. Por cierto que he comprobado con gran alegría que en la calle donde estamos la han puesto “del Caminero” en su honor; mi felicitación a su nieto Lito, el fundador del Hotel Acuario, porque aquí veo su mano, detrás de este merecido título.
Eran los tiempos en los que los hijos de Avelino, de este barrio, nos tenían la guerra declarada a los que vivíamos algo más arriba; en los que los jóvenes del barrio, se reunían poco más abajo de la Casa Amarilla por las noches a esperar a que los chicos del puerto que tenían la osadía de buscarse una novia por aquellos contornos, regresaran a sus casas, después de enamorar; estos jóvenes del barrio les tiraban algunas piedras y el aspirante a novio partía a correr a toda velocidad, aunque la carrera duraba poco, pues una verga previamente atravesada en el camino le hacía dar al pobre enamorado el mayor talegazo de su vida. Y lo que más le dolía a la víctima era el escuchar unas carcajadas sofocadas detrás del muro de una platanera cercana. Como se ve, en aquel entonces no había muchas cosas en las que divertirse.
Los linces de Las Arenas y de La Calera que íbamos a jugar un partido de fútbol, siempre descalzos, por supuesto, en cualquier lugar despejado de San Antonio y teníamos la mala suerte de ganar, nos exponíamos a lo de siempre: a la corrida de piedras de los perdedores, que no sé porqué misteriosa razón, cesaban cerca de la citada casa de Florencio el Paisa, o ya en Santa Lys, frontera entre San Antonio y La Asomada donde, a la altura de la casa de gallos y a la vista de la venta de Maximino ya podíamos respirar tranquilos, y es que los amigos del barrio de San Antonio, que en algunas ocasiones deportivas dejaban de serlo, respetaban como todos los de aquel tiempo los límites de la jurisdicción. Claro que cuando jugábamos en la Calera, o en el campo del barranco, junto a la foguetería, después llamada pirotecnia, de los hermanos Pacheco, las direcciones de las piedras eran contrarias, ahora hacia el norte, y a veces con algún que otro desperfecto en la cabeza de alguno de los corredores ¡Benditos tiempos!
Y nombrando a la antigua casa de gallos, recuerdo que por aquellos primeros años de los 40, vino a vivir en dicha casa, con su mujer y sus dos hijas, un señor, amigo de mi padre, que había sido alcalde de Garachico y había estado muchos años prisionero por el régimen franquista, por el enorme delito de haber pertenecido al partido republicano; se llamaba Luis Castañeda y era un intelectual fuera de lo común, con un cerebro privilegiado; a Castañeda, padre de Juan Carlos el comentarista deportivo, le debo la enorme afición por la lectura que no he dejado ni un solo día de mi vida, en la que él me inició prestándome libros clásicos desde mi más temprana niñez; más tarde se hizo cargo del Bar Dinámico, incorporándole su carisma intelectual.
En cuanto a algunos personajes que vivían en ambos lados del estrecho y mal empedrado Camino de San Antonio, tendría anécdotas para casi escribir un libro, pero no los nombro por varias razones, entre ellas porque la mayoría de los protagonistas están ya en el otro barrio, y además por el problema que tengo cada vez que intervengo en un acto como el presente: el de la necesidad de utilizar los apodos para que las personas sean conocidas; mi larga experiencia en este sentido me indica que no es suficiente con pedir permiso a los familiares para nombrarlos en público, como he hecho siempre, pues así y todo hay alguno que se molesta.
Sin embargo, nombraré a uno solo, sin escribirle al cielo para pedirle permiso, por ser una de las personas que más he apreciado en esta vida y siempre lo miré como a un tío muy querido; un hombre excepcional que muchos de los presentes recordarán: Miguel Martín, más conocido como Miguel el Carbonero, hijo de Don Antonio, el encargado del Club Inglés, y hermano de Eustaquio, que sucedió a Don Antonio en el Club; Miguel trabajó toda la vida con mi padre en el empaquetado de Ahlers y después en el SAO, vivimos muchos años en el mismo edificio de Nieves Ravelo esquina a Doctor Ingram, y fueron tantas las cosas que me enseñó, sobre todo de filosofía práctica de la vida, que todavía hoy lo recuerdo muchas veces al día. Miguel falleció en La Vera hace pocos años a los noventa y tantos, después de pasar por la pena de ver morirse en poco tiempo a sus dos hijos varones, Antonio y Guillo, los dos taxistas del Puerto.
Y como los recuerdos vienen engarzados unos con otros, por nombrar al Doctor Don Santiago Ingram, con quién empezó a ejercer la profesión Don Isidoro Luz, recién terminada la carrera, me viene a la mollera otra anécdota relacionada con San Antonio; el Doctor Ingram, o el médico inglés, como también se le conocía, además de gran médico, practicaba eso que se llama “gramática parda”, y protagonizó gran número de anécdotas, algunas un tanto exageradas para ser verdad; esta que nombro me la contaba mi padre, que como dije antes trabajó de encargado durante largo tiempo (más de 54 años) primero con Ahlers y después en el SAO, pero siempre bajo la dirección de aquel gran portuense que fue Don Pedro González de Chaves, abuelo de Andrés Chaves, el periodista.
En una ocasión, esto sería sobre la primera mitad de los años 30, Don Pedro, que pasaba los veranos en su finca de la Vizcaína, de La Orotava, llamó a mi padre para que le mandara un coche que lo recogiera y lo llevara al Puerto concretamente al empaquetado de la calle del Juego; efectivamente, el coche de la casa Ahlers recogió a Don Pedro, en medio de un tráfico casi nulo, y al llegar a Las Arenas, les pasó a los dos viajeros una cosa de lo más horripilante que puede concebirse: un individuo, viejo, mal vestido y con sombrero, que se atravesó delante del coche, no pudiendo hacer nada el conductor para evitar el estampido. El golpe fue tremendo y lanzó al viejo a varios metros del coche después de dar una vuelta en el aire; cuando Don Pedro y el chófer bajaron a auxiliar al atropellado, contemplaron, con los pelos erizados, algo, mucho más horroroso que todo lo imaginable: el herido tirado en el suelo, sin conocimiento, y, también en el suelo, una pierna completa, desde la altura de medio muslo, con un trozo de pantalón y un zapato, a un par de metros separada del cuerpo; muertos de pánico los dos viajeros (el caso no era para menos) ante lo que perdía toda apariencia de realidad, metieron como pudieron en el coche al viejo, al sombrero y a la pierna, y salieron a toda velocidad a la consulta de Don Santiago Ingram, que durante muchos años estuvo, precisamente en la casona de Don Francisco Tolosa, junto a la ermita de San Antonio; cuando bajaron entre los dos al atropellado y a su pierna, oyeron las risas del Doctor Ingram, que les decía en su deficiente español: “no se preocupen por la pierna, que es de madera; no es la primera vez que me traen a este individuo accidentado”. Don Pedro aseguraba que el susto le duró toda la vida, pero por el contrario, el viejo atropellado, a los pocos días estaba como nuevo y dispuesto a que lo atropellaran más coches.
Pero ya va siendo hora de terminar, pues no quisiera abusar de la paciencia de los oyentes, aunque si de mi dependiera estaría hablando muchas horas sobre antigüedades, anécdotas y recuerdos de este entrañable barrio y de las zonas cercanas; me dejo muchas cosas en el tintero y docenas de personajes como Santiago Cruz, el Caporal de la piscina de Martiánez, que tantos recuerdos nos trae, sólo su nombre, de nuestra niñez y juventud, y de sus hermanos, Don Patricio y Don Severiano, a quienes conocí mucho. Del matrimonio formado por María y Narciso, propietarios de una buena manada de cabras, que pasaban todos los días por mi casa en Las Arenas.
Cuando María y Narciso pasaban por la Calera con sus cabras, los chicos le cantaban una canción absurda y antigua que decía:
María se casó
Con cho Narciso
Y le regaló un chaleco
De raso liso.
Ni María ni Narciso se enfadaron nunca al oír esta canción, entre otras cosas porque la canción no tenía nada de ofensiva.
Otro recuerdo agradable: el de la Cruz del 3 de Mayo que enramaban en su casa, poco más arriba de la inglesa del Ratiño y de la inevitable Mariquita, dos hermanas solteras, “Las Soguilas”, Carmen y Rafaela, que me querían mucho y por ayudarles a enramar la Cruz, una verdadera obra de arte de cada año, me obsequiaban con los deliciosos dulces que ellas mismas confeccionaban… en fin, que no terminaría en toda la noche de hablar de tanto personaje entrañable.
Pero hay que poner punto final, y lo hago felicitando a los de la Comisión de Fiestas por los trabajos que han tenido para dar brillantez a estos días de jolgorio y dándoles las gracias por haberme encargado la lectura de estas mal hilvanadas líneas. Y antes que me olvide, también quiero felicitarlos, a los miembros de esta Comisión y a los de comisiones anteriores por incluir en los diferentes números de las fiestas, una misa por los difuntos del barrio, lo cual no es muy frecuente y que indica respeto hacia los que nos precedieron y contribuyeron, cada uno en su esfera, a la importancia actual del Barrio de San Antonio; una oración y un recuerdo para todos ellos. Y ahora si que terminamos, recordando a aquel gran poeta que fue el Padre de la Vega, finalizando la conocida oda en la que tantos piropos dedicó al Puerto de la Cruz:
Y aunque la nube sombría
Como pesada techumbre
Se extienda desde la cumbre
Hasta la costa bravía
Y en la fosca lejanía
No luzcan su tornasol
Y el iris, ni el arrebol
Logren disipar la niebla
A través de las tinieblas
En el Puerto siempre hay sol.
Siempre hay sol, y por la calma
De su atmósfera radiante,
Es un bálsamo sedante
Para el cuerpo y para el alma
Toda enfermedad se calma
En este clima ideal
Pues Dios por gracia especial
Dejó en el Puerto escondido
Como un rincón del perdido
Paraíso Terrenal.
Publicado por Bruno Juan Álvarez Abréu
Fotos de algunas mejoras. San Antonio se prepara para la III Semana Socioreligiosa
La parroquia de San Antonio de Padua,, en el Puerto de la Cruz, se está preparando para su III Semana Socioreligiosa y para ello ha mejorado sus instalaciones parroquiales a través del Plan A. Actuaciones especiales que contribuyen a dignificar y valorar el patrimonio parroquial.
Las mejoras se han acercado al Archivo-Despacho parroquial y a los salones parroquiales, señalizándolos, pintándolos de una forma más atractiva, decorándolos con varias plantas que han sido donadas, al igual que la pintura que se ha empleado para pintar toda la zona externa a los salones parroquiales. Lo mismo que el nuevo y mejorado aspecto del Archivo-.Despacho parroquial de San Antonio de Padua, al que se le ha dotado de un nuevo armario donado y que ha servido para ubicar en el mismo, los boletines oficiales del Obispado.
Todas estas mejoras, han sido posible gracias a la gran colaboración de Antonio, que se ha esforzado en lograr estos materiales y en aportar su tiempo y esfuerzo para mejorar la comunidad parroquial.
Estas fotos muestran los trabajos efectuados en estas semanas del mes de mayo 2012.
Fernando si dedicó completamente al estudio de las ciencias humanas y teológicas, también para alejarse de las tensiones que atravesaba la comunidad religiosa. Los años transcurridos en Santa Cruz de Coimbra dejaron una huella profunda en la fisonomía psicológica y en el perfil existencial del futuro apóstol.
Las tesis más acreditadas nos dicen que San Antonio se quedó en Monte Paolo hasta la celebración de Pentecostés (22 de mayo) o como mucho hasta septiembre del mismo año.
Precisamente en Rimini tuvo lugar en 1223 el episodio que nos ha hecho llegar la tradición, según el cual San Antonio ganó la terquedad de un hereje que no quería creer en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.Romaña, en la época del Santo y durante siglos después, era un paraje atormentado por unaguerrilla civil endémica. Las facciones, mayores y menores, envenenaban las ciudades y los clanes familiares, disgregaban las estructuras comunales y sembraban por todas partes donde se sospechaba, conjuros, golpes de mano, venganzas. Como si no fuese suficiente esta maldición, también en el plano religioso se padecía la calamidad de las sectas, la primera de todas, en sus ramificaciones, la cátara.
- la claridad de los conceptos,




¿Qué relación había entre Antonio y los responsables de la Orden franciscana?

La Iglesia hizo justicia a su doctrina, proclamándolo en 1946 “doctor de la Iglesia universal”, con el título de Doctor evangelicus.El Santo fue enterrado en Padua, en la pequeña iglesia de Santa María Mater Domini, su refugio espiritual en los periodos de intensa actividad apostólica.
El Santo fue enterrado en Padua, en la pequeña iglesia de Santa María Mater Domini, su refugio espiritual en los periodos de intensa actividad apostólica, el martes 17 de junio de 1231. Al final de los sentidos funerales, el cuerpo del Santo fue depositado en la pequeña iglesia del convento franciscano de la ciudad; probablemente no fue enterrado, al contrario, pusieron sus restos un poco elevados, para que los devotos, cada vez más numerosos, pudieran ver y tocar el arca-tumba.
Otra traslación, que se sabe con seguridad, tuvo lugar el 14 de junio de 1310, cuando ya acabada la nueva capilla dedicada al Santo, en el extremo izquierdo del crucero, se transportaron solemnemente los restos sagrados.
Una importante investigación sobre los restos mortales del Santo tuvo lugar el 6 de enero de 1981, en ocasión del 750º aniversario de la muerte de San Antonio. Una comisión religiosa y una comisión técnico-científica, ambas designadas por la Santa Sede, se cuidaron de la apertura de la tumba y examinaron lo que encontraron.
Ésta fue posteriormente cerrada en un caja de roble que finalmente fue puesta de nuevo en la tumba-altar de la capilla dedicada a San Antonio.








En la región de Toulouse el beato Antonio, en una disputa pública contra un hereje prepotente que negaba la presencia real de Cristo en la Eucaristía, cuando casi lo había convencido y acercado a la fe católica, el hereje, no convencido dijo:
Si los hombres, a pesar de ser inteligentes, despreciaban su predicación, Dios intervenía para mostrarla digna de veneración, cumpliendo señales y prodigios por medio de animales sin de razón. Una vez en que algunos herejes, cerca de Padua, despreciaban y se burlaban de sus sermones, el Santo se dirigió a la orilla de un río, que corría por allí cerca, y dijo a los herejes para que toda la multitud lo oyera:
Un maravilloso milagro fue causado por una confesión. Un hombre de Padua, llamado Leonardo, refirió una vez al hombre de Dios, entre otros pecados de los cuales se había acusado, que había dado una patada a su madre, con tal violencia que la había hecho caer por el suelo de forma terrible.
El déspota, arrogante, pérfido y cruel tirano Ezzelino da Romano, al principio de su tiranía, había llevado a cabo un enorme secuestro de hombres en Verona.
Una vez en que el beato Antonio se encontraba en una ciudad para predicar, fue hospedado por una persona del lugar. Éste le asignó una habitación separada, para que pudiera entregarse tranquilo al estudio y a la contemplación. Mientras rezaba, solo, en la habitación, el propietario multiplicaba sus idas y venidas por su casa.
En Toscana, gran región de Italia, se estaban celebrando solemnemente, como sucede en estos casos, las exequias de un hombre muy rico. Al funeral estaba presente nuestro San Antonio, que, movido por una inspiración impetuosa, se puso a gritar que el muerto no tenía que ser enterrado en un sitio consagrado, sino a lo largo de las murallas de la ciudad, como un perro.
Una mujer en Ferrara fue salvada de una terrible sospecha. El Santo reconcilió a la consorte con el marido, un personaje ilustre, una persona importante de la ciudad. Hizo un verdadero milagro, al hacer hablar a un recién nacido, que tenía pocos días de vida, y que contestó a la pregunta que le había hecho el hombre de Dios.
En la ciudad de Lisboa, de donde era oriundo San Antonio -mientras todavía estaban vivos los parientes del Santo, la madre, el padre y los hermanos-, había dos ciudadanos, que eran enemigos y se odiaban mucho. Sucedió que el hijo de unos de éstos, un chiquillo, se encontró con el enemigo de la familia, que vivía cerca de los padres del beato Antonio.
San Antonio es el santo más conocido y amado en el mundo
Además de expresar la necesidad de un contacto concreto con el Santo, es un gesto de fe y de confianza, acompañado por la oración silenciosa del corazón.
San Antonio es también un escritor
En el medioevo la predicación se basaba casi únicamente en la Sagrada Escritura. La predicación partía de una cita bíblica porque la Sagrada Escritura era considerada la fuente propia de toda doctrina sagrada o teológica.
Se comienza a impartir teología en modos totalmente diversos de los adoptados por Antonio y su mundo cultural. En semejante clima los Sermones se consideran como un crespón de rosas de otoño: bellísimas y fragantes pero florecidas en el umbral del invierno. Rosas en fase terminal, se diría. Antonio es hijo del siglo XII, un preescolástico, unido aún sólidamente a la corriente patrística. Su obra pronto se sintió como superada. No se leía más la Biblia así, ya no se predicaba así. Los sacerdotes tenían a su disposición prontuarios predicables más manuables y prácticos, en donde se encontraba ya listo el sermón, bastaba darle una hojeada. Resultaba que Antonio empeñaba demasiado. Su lenguaje, su planteamiento mental, requerían una colaboración diferente, una perspectiva cultural distinta.
Es el tipo de formación que él recibió en el monasterio de Santa Cruz en Coimbra. En el interior de esta corriente teológica, llegada a los monasterios en el período de máximo esplendor justamente en el siglo XII, se observa un cierto pluralismo en los diferentes monasterios.
Por lo tanto la obra de San Antonio, ya sea por el objetivo que se ha fijado como por el método seguido, puede ser definida como un tratado de doctrina sagrada tomada de la Escritura y no una simple serie de Sermones concebidos como prédicas. Tiene sólo la estructura exterior del sermón. Ésta es sólo un género literario, o sea un método para impartir la enseñanza. Es la Sagrada Escritura la que presta toda la estructura interior y esencial.
Los Sermones, en general, hablan de la fe y de las buenas costumbres.
Ofrecemos aquí una breve antología tomada de losSermones, para “escuchar” en vivo algunas expresiones del pensamiento y de la espiritualidad.San Antonio escribe inspirándose directamente en la Palabra de Dios, que cita de memoria. Es frecuente también la referencia a los grandes Padres de la Iglesia. Los Sermones de San Antonio son un itinerario bíblico y de sabiduría ofrecido a quien quiera acercarse a Dios y cambiar de vida guiado por su Palabra.
San Antonio fue el primer docente autorizado y el primer gran escritor de la Orden franciscana. Sus escritos redactados en forma de sermones – losSermones dominicales con un apéndice deSermones marianos y de Sermones de sanctis(estos últimos inconclusos) – reflejan el estado doctrinal de que fuera la primera manifestación de la teología franciscana, elaborada cuando San Francisco aún vivía, no sin una preocupación de su parte porque el estudio así favorecido no apagara el espíritu de la santa oración.
El Antonio teólogo, deudor de San Agustín en el pensamiento, pero muy personal y original, sabe conjugar la luz de la inteligencia y el afecto del corazón, la búsqueda de la especulación con el ejercicio de la virtud, el estudio con la oración, como decía su seráfico Padre.
Con frecuencia el Santo evoca de nuevo en los Sermones el misterio inefable de la Trinidad.
La obra maestra de la divina misericordia del Padre es la redención.
Contemplar a Cristo, probarlo y vivirlo, pero tomándolo de los misterios de su Evangelio. Ésta era la gran fuerza que atraía a fray Antonio al amor seráfico, éste era su único deseo.
San Antonio ha sido el primer docente autorizado por San Francisco y el primer gran escritor de la Orden franciscana. Sus escritos redactados en forma de sermones – los Sermones dominicales, con un apéndice de Sermones marianos y deSermones de sanctis (estos últimos inconclusos) – reflejan la fase doctrinal de aquella que fue la primera manifestación de la teología franciscana elaborada cuando aún vivía San Francisco, no sin una preocupación por su parte de que al favorecer de tal modo el estudio no se apagara el espíritu de la santa oración.
En materia de teología mística Antonio tiene unadoctrina tan excelente y clásica que le hace ocupar un lugar sobresaliente entre los mejores escritores de mística.
El Santo considera que todos los cristianos están llamados a la contemplación infusa en general, sin especificación de grado, porque la contemplación es necesaria para la perfección de las virtudes: “Quienes quieran adquirir toda la justicia, es decir, la fe en Dios, la caridad hacia el prójimo, la penitencia hacia sí mismos, es necesario que vivan… en la quietud del espíritu y en la dulzura de la contemplación”.
La fe debe estar animada por el amor (credere in Deum est credendo amare).









MUY BONITO . FELICIDADESSSS
Gracias, pero sin ti no lo habríamos conseguido porque todos somos y hacemos San Antonio, ¡ENHORABUENA!